Los días siguen pasando en Neustift, donde la selección española sigue avanzando con esperanza y altas expectativas en su afán por romper la barrera psicológica de los cuartos de final. Puede que a los jugadores les cueste sudores alcanzar una meta tan fatídica en la historia del fútbol español pero, desde luego, que no serán los únicos que tienen que superar obstáculos en tierras alpinas.
Y es que el día empezó negro, y no sólo en el cielo (sería imposible que no fuera así). Nuestro coche alquilado acabó su cupo y, en su lugar, nos lo cambiaron por otro que hizo todos menos alegrarnos el día. Puertas que sonaban como al mejor de las ventosas oxidadas o un extraño ruido al llegar a los 120km/h (ya es un record alcanzar esa velocidad aquí), nos dejaron claro que los dos días en los que iba a ser nuestro compañero de aventuras, iban a ser singulares como poco. Mi compañero Xisco lo llamó el coche reumático. Lo peor no fue aquello, sino las prisas del ‘tendero’ que nos lo alquiló, ya que el reloj marcaba las 7 de la mañana cuando a nuestro hotel llegó tan sugerente campesino (sería un auténtico nómada de las praderas españolas).
Dejando atrás más de una hora de eterno viaje hasta Neustift (hacia donde nos mudamos este jueves para evitarnos madrugones, conducciones de madrugada y gastos en gasolina), llegamos al entrenamiento de la ‘Roja’. En un día con entrenamiento doble, algo inusual viendo lo tranquilo que es para un internacional su estancia en esta Eurocopa en lo que se refiere al ejercicio, lo más atractivo es poder luchar por conseguir una entrevista o, como poco, unas palabras que den ánimos y hasta un “Gracias” del jefe en cuestión.
Buscando esas mágicas palabras y tras pelearnos literalmente ante otros compañeros periodistas, logramos acceder a entrevistar nada menos que a David Villa, el hombre de la Eurocopa por sus goles y porque puede ser quien mejor representa el sueño español. Una gran oportunidad que satisface cualquier desplante o problema anterior y cuyo resultado podéis ver aquí. Mil gracias, ‘Maravilla’.
Casi con la hora justa, acudimos a la carpa de la pequeña localidad alpina a presenciar de primera mano los sufrimientos de los seguidores austriacos ante su vecina y rival, Alemania. El partido en cuestión dejó muy poco, más allá del golazo de Ballack. Austria se desfonda, lo intenta con todas su armas pero es imposible dar más de sí. Llega con corazón, por entrega y con sacrificio inusitado pero no basta, no sirve, es incapaz. Así lo reflejaba su hinchada, pausada, mucho más serena de lo que estaría incluso mi cabeza cuando veía como sus intentos quedaban en nada. Pese a ello, nos gana a todos por empeño y por su apuesta de no morir sin intentarlo.
A eso de las 24 horas (razón por la que este post no se colgó anoche), salimos de aquella improvisada carpa pero a pesar de que Austria había quedado, sólo era un punto y aparte. En un mini-campo anexo al recinto, unos niños se divertían bien uniformados con los colores rojos del bando austriaco. Era la imagen del día pues mostraban el resumen ideal a todo lo ocurrido. Madrugones, gastos, decepciones…, todo se explica con pasión, la que desbordan aquellos niños cada vez que una pelota les pasa por delante.






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#1 Vega dijo,
17 Junio 2008 11:19 pm
Perdón por el inciso y borrar este comentario cuando lo lea algún encargado… ¿la portada de MD Vizcaya es la de hoy?
#2 pakorn dijo,
18 Junio 2008 6:56 pm
Que pasa, pues igual me crucé contigo el domingo sin saberlo, jeje, porque estuve en el entrenamiento de España…no me acordé y se lo podía haber preguntado a alguien. Sobre el Alemania Austria, habría molado un articulillo sobre la ilusión que tenía la gente por allí, por lo menos en Innsbruck.
Varias personas (sobre todo chavalas, curioso) nos insistian en que nos quedaramos el lunes a ver el partido en la pantalla gigante, que iba a ser un fiestón y tal. Pero, una pena, porque nosotros teniamos el vuelo a las 12 del lunes.
Pero es muy llamativo cómo en un país en el que el fútbol da un poco igual, ya que lo que verdaderamente mueve masas son los deportes de invierno, la gente se ilusionaba con un partido en el que desde la lógica no tenían ninguna posibilidad, porque la selección austríaca tiene un nivel equiparable a un equipo de la zona media alta de Segunda División Española.
Habría sido genial que el fútbol hubiera dado una de esas sorpresas extraordinarias que se guarda de vez en cuando. Además, visto lo visto, Alemania tampoco jugó a nada.