Hay dos selecciones, Holanda y Francia –quizá alguna más- a las que une una cierta característica común, que podríamos llamar la servidumbre de la excelencia. A lo largo de la Historia, cada una ha gozado de varias generaciones de futbolistas sensacionales, y cuando así ha sido, han acumulado títulos o finales, han ganado adeptos por todo el mundo y, lo que es más importante, han dejado una profunda huella en el fútbol y en el recuerdo; la Holanda de los 70 o la Francia de 1958 son adoradas, tanto en los libros como en la memoria. Pero a la vez, en épocas de vacas flacas, cuando el nivel de sus jugadores ha descendido, no han sabido mantener ningún tipo de competitividad, y han sido ausentes habituales de los grandes torneos. Los galos, en particular, llevaban en 1984 más de quince años sin asomarse por la fase final de la Eurocopa; sin embargo, en su propio torneo, asombraron al mundo y dejaron como testimonio no sólo el título, sino cuatro nombres que para el aficionado son sinónimo del “centro del campo perfecto”. Luis Fernández-Jean Tigana-Alain Giresse-Michel Platini.
Privilegio de anfitrión, les bleus se libraron de la fase previa en la que tanto habían padecido en los años anteriores. En la primera criba se despeñaron Inglaterra, apartada por la maravillosa cosecha danesa –Laudrup, Lerby, Elkjaer-Larsen-; Checoslovaquia, definitivamente hundida tras sus años de gloria; Italia, arrastrándose en el mismo grupo que los checoslovacos, en el que sólo logró cinco puntos y sufrió entre otros desastres, una humillación 0-3 en casa ante Suecia; u Holanda, a quien apeó España gracias al famoso 12-1 a Malta en Sevilla. Un milagro, quizá, y hasta hoy la mayor goleada de la historia del torneo.
Seguía el sistema del torneo anterior, de modo que los ocho participantes en la fase final quedaron encuadados en dos grupos. España, que tenía un fenomenal equipo más basado en la casta que en la técnica, entrenado por el gran Miguel Muñoz y con gente como Camacho, Víctor, Maceda, Gordillo o Santillana, se enfrentaba a Rumanía para comenzar. No era casualidad que los latinos del Este estuvieran en la fase final, ya que contaban en sus filas con Ungureanu, Lung o un joven Gica Hagi, y constituían el embrión del Steaua que sería campeón de Europa un dos años después. Jugó mejor Rumanía, que igualó pronto el tanto de Lobo Carrasco de penalty, y puso a prueba con frecuencia a Arconada. Empate a uno. En el otro encuentro, la sorprendente Portugal de Carlos Manuel y Jordao dominó a una versión muy defensiva de Alemania Federal –que notó la ausencia de Schuster-, pero el marcador no se movió. Portugal también creó graves problemas a España en la segunda jornada e incluso se adelantó en el marcador por medio de Jordao, pero Santillana igualó con un testarazo marca de la casa. Alemania, por su parte, mejoraba sensiblemente su prestación de la jornada inaugural y tumbaba 2-1 a Rumanía, con doblete de Rudi Völler y algunas intervenciones de mérito de Schumacher. A los teutones les bastaba un punto ante España y estuvieron muy cerca del gol en la primera parte, pero no lo consiguieron, y el remate de Maceda en el último minuto –pura historia del fútbol español- metía a la Roja en semifinales. Les acompañó Portugal, que venció a los rumanos con gol postrero de Nené.
En el otro grupo, los franceses se mostraron intratables, dejando bien claro qué equipazo tenían y su manifiesta superioridad. Comenzaron dubitativos, sin embargo, venciendo a la siempre correosa y difícil Dinamarca con el primer gol de Platini en la competición, pero en el segundo partido barrieron a Bélgica –subcampeona de Europa- por 5-0, con un hat-trick incluido del crack, y aún les quedaron ganas para remontar a Yugoslavia (3-2) en un partido en el que no se jugaban nada; Platini había completado una impresionante marca de siete goles en tres partidos. A la segunda fase les acompañaría Dinamarca, que se sobrepuso a la derrota inicial también con un escandaloso 5-0 a Yugoslavia. El encuentro fue mucho más igualado de lo que señaló el marcador, y muy abierto; la diferencia es que los daneses lo embocaron todo, mientras que los Susic, Stojkovic y compañía no tuvieron su noche. El último partido, vital porque los belgas también habían ganado a los eslavos (2-0), fue una maravilla. Al descanso llegaron los belgas ganando 2-1, recién empezada la segunda parte el guardameta Qvist le sacó el tercero a Vandenbergh, y a partir de ese momento el fenomenal ataque danés se desmelenó y acabó poniendo Estrasburgo patas arriba: 3-2 al final, pura dinamita roja, y la sensación de que lo mejor estaba por llegar.
Sin embargo, las ilusiones danesas serían segadas en semifinales por la némesis particular de esta selección: España. Y eso que los nórdicos fueron una hora por delante, merced a un gol de Sören Lerby que remachó un despeje desesperado de Arconada. Al igual que en el partido contra Alemania, sin mucho juego pero con corazón, el equipo español se fue arriba, logró empatar –de nuevo por medio de Maceda- y hubiera podido resolver si Carrasco hubiera estado más acertado delante de Qvist. Los daneses habían perdido al duro marcador Berggreen por expulsión y dieron por bueno el empate tanto al final del tiempo reglamentario como de la prórroga. Y esta vez la cara le salió a España.
La otra semifinal, Portugal-Francia, fue lo más parecido a una montaña rusa, un acelerador de emociones que seguramente provocó infartos en las gradas del Velodrome. Los veinte minutos iniciales de tanteo fueron cerrados por un gran remate del lateral Domergue que no pudo detener Bento y significaba el 1-0. El gol estimuló la maquinaria francesa, que puso cerco a la portería lusa, aunque no consiguió anotar un nuevo tanto, a pesar de las claras oportunidades de Luis Fernández y el pequeño Giresse. La segunda mitad resultó mucho más igualada, y los portugueses confirmaron su mejoría empatando a falta de un cuarto de hora: jugadón de Chalana, remate de Jordao. La combinación se repitió en la prórroga, y el 2-1 parecía dejar a los galos contra las cuerdas. Sin embargo, el once del gallo se fue arriba con todo, y en el tramo final de la prórroga encontró una recompensa tan deslumbrante como inesperada: primero el gol de Domergue, que ponía las tablas en el marcador, y al borde de los penaltis, el gran Platini controló, respiró, esperó todo el tiempo del mundo, y con un disparo seco llevó a Francia a la final. Sólo podía ser él.
Jugada cuatro días después de tan extraordinaria batalla, la final supo a poco. España se hallaba también ante una gran oportunidad, y lo demostró en el primer tiempo. Más allá de alguna oportunidad aislada de Carrasco y Santillana, no creó gran peligro; pero los jugadores de Muñoz consiguieron lo más difícil, anular el centro del campo francés, con gran marcaje de Víctor sobre Tigana, Julio Alberto imponiéndose a Fernández, y Gallego y Señor muy por encima de Platini y Giresse. Así llegó el partido al descanso, y la tónica no había cambiado cuando, a la hora de partido, un tiro libre aparentemente inofensivo de Platini se coló por debajo de las piernas de Arconada, en el error más grave de su vida. Al contrario que en anteriores encuentros, donde la mentalidad de la selección había sido su mejor arma, el equipo se hundió moralmente tras el fallo, y la última media hora fue cómoda y triunfal para los galos, que disfrutaban por anticipado de la victoria, y además anotaron varias oportunidades. Cuando el partido ya moría, la enésima asistencia de Tigana –qué torneo hizo el de Bamako- fue rematada por Bruno Bellone, cerrando de forma brillante la Eurocopa. Un trofeo más que merecido para Francia, un final demasiado duro para los irreductibles hispanos.





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#1 Biergarten dijo,
3 Junio 2008 2:39 pm
A Maceda no se le hace justicia en el futbol espanyol.
#2 remate dijo,
3 Junio 2008 2:45 pm
Es verdad Ramón,me acuerdo de aquel cetro del campo,que se prolongó en el Mundial de México 86 como uno de los mejores de la historia,sobre todo Tigana que era elegantísimo y estaba algo a la sombra del tremendo Platini,este équipazo ya despuntó en el Mundial de España y lo más curioso es que cuando Francia renunció de algún modo a aquel “fútbol champagne” se llevo Mundial y Euro de una tacada y se está manteniendo en la élite bastante bien pese a ser un equipo de menos calidad que el anterior (con Zidane eso si).
#3 Juane dijo,
3 Junio 2008 4:21 pm
Recuerdo que estaba en Chipiona, ya de veraneo, y vi por el televisor de un bar la tanda de penaltis de las semifinales ante Dinamarca (mi memoria me ha jugado una mala pasada, hubiera jurado que fue ante Belgica) Recuerdo el momento de euforia de toda la gente cuando el defensa (creo) danés lanzó el penalti fuerte, alto, a las nubes. Todo el mundo decia antes de que lanzara que lo iba a fallar. Y no nos equivocamos. Estabamos a un paso de la gloria.
Luego un ángel llamado Platini nos mando a los infiernos.
#4 tubilando dijo,
3 Junio 2008 5:36 pm
Quizás, si en aquella época Francia hubiese organizado el Mundial en lugar de la Eurocopa, Platini y compañía presumirían de haber sido campeones del mundo; pero esta suerte le tocó a la generación de Zidane. En cuanto a la calidad a la que alude “remate”, creo que influye bastante el factor demográfico: por ejemplo, de los 23 seleccionados para la Eurocopa, catorce son negros de origen antillano o del Africa francófona, es decir de la costa Oeste. Indudablemente, esto potencia el aspecto físico sin desmerecer otros. Los jugadores más artísticos o talentosos franceses de los últimos años, además de Zidane (de origen magrebí), por supuesto, han sido Ginola, Pires,… que en otras épocas eran mayoría en la selección nacional. Este fenómeno sucederá en España dentro de pocos años, cuando los seleccionados, en su mayoría, sean de origen ecuatoriano, nigeriano, rumano,…
El equipo español de 1984 no era ni mejor ni peor que el de otras ocasiones. Para mí, el mejor fue el de México-86, que mantenía la base del equipo subcampeón y, además, había incorporado a Michel y Butragueño de la Quinta del Buitre. Eso sí, los centrales Maceda y Goicoechea han formado la mejor dupla que recuerdo en la selección, ya que Hierro y Nadal solían jugar en el medio campo. Aún así, Elkjaer nos volvió loco aquel día. Cuando se marcharon los veteranos del 84, la Quinta del Buitre no pudo soportar el peso de la selección.
Francia-84 y México-86 han sido los mejores campeonatos de selecciones nacionales que recuerdo.
#5 tubilando dijo,
3 Junio 2008 6:09 pm
Curioso el paralelismo entre Domergue y Thuram, dos laterales, advenedizos en el área enemiga, que con dos goles cada uno de ellos, dieron el pase cada uno a la final a Francia en “sus torneos”.
#6 Antihéroe dijo,
3 Junio 2008 10:07 pm
Pues aquella selección de 1984/86 era de todo menos alegre en cuato a jugadores de ataque con lo cual refuerza mi teoría que los que critican a Clemente no han visto jugar a su selección.