España 1964: nuestra Eurocopa

Tras el éxito de la primera edición, el número de inscritos para la segunda Eurocopa se incrementó espectacularmente hasta llegar a rozar las treinta selecciones. Aunque se mantuvo el esquema de octavos y cuartos a doble vuelta y una Final Four en sede fija –que en esta ocasión correspondió a España, una vez garantizado que nuestro país no opondría ninguna objeción a los países comunistas- hubo que disputar una fase previa, que también se dispuso en forma de eliminatoria. En esos partidos iniciales destacó la paliza (5-2) propinada por Francia a los ingleses (que debutaban en la competición), a pesar de que los galos eran una sombra del equipo de cuatro años atrás, y también dejó huella la triste retirada de Grecia, que no quiso viajar a Albania por motivos políticos.

España presentaba un equipo con menos nombres que en la edición anterior, comandado por un Luisito Suárez que había dirigido al Inter hacia el campeonato de Europa en la famosa final de Viena. Iríbar se mostraba como un baluarte sobrio y seguro debajo de los palos, Zoco comandaba una defensa muy fiable, Amancio se encargaba de la fantasía y el frente de ataque se movía al compás que marcaban Marcelino y Lapetra, magníficos del Zaragoza. Aunque la selección pasó graves problemas contra Irlanda del Norte, a la que eliminó con un gol del ya veterano Gento en Windsor Park, la ilusión renació en cuartos cuando se goleó a la otra Irlanda en Sevilla por 5-1. El objetivo inicial de los de Villalonga estaba conseguido.

A la fase final también accedió la URSS, vigente campeón, que había incorporado a su bloque al pequeño y sutil Chislenko y al fino centrocampista Voronin. Los soviéticos no habían padecido graves problemas para apear de la lucha a Italia y Suecia, y habrían de enfrentarse en semifinales a los bravos daneses de Ole Madsen. Este ariete había anotado once goles en los partidos de clasificación -record que sólo batió Davor Suker muchos años después-, si bien es cierto que la poca entidad de sus rivales (Malta, Albania y Luxemburgo), deslució un poco su logro. Estupendo papel el de los modestos jugadores del Gran Ducado, por cierto, que se habían plantado en cuartos tras eliminar a Holanda. El semifinalista restante fue Hungría, con un equipo absolutamente renovado respecto del que había maravillado al mundo diez años antes, y en el que brillaban el joven extremo Ferenc Bene, la elegancia arriba de Florian Albert y el cañón de Lajos Tichy. Habían despachado a Gales, Alemania Oriental y Francia sin perder un solo partido.

Las semifinales se jugaron el 17 de Junio. En Madrid se enfrentaron españoles y húngaros en un partido muy disputado que tuvo un tiempo para cada equipo. En el primero la Roja, enardecida por los cien mil espectadores que llenaban el coliseo madridista y muy bien dirigida por Luis Suárez, jugó mejor y cobró ventaja gracias a un remate de Chus Pereda. La segunda parte, en cambio, contempló un paso atrás del seleccionado nacional y el tanto del empate, obra de Bene tras duda de un Chopo que en el resto del choque rayó a gran nivel. La prórroga se hizo inevitable, y en ella decidió la calidad de Amancio; el gallego sabio avisó primero con un remate que fue despejado en la línea, y después golpeó remachando una prolongación de Fusté a un córner. España estaba en la final soñada, pues en la otra semi la potente URSS había dado buena cuenta de los daneses: 3-0, un tanto de museo de Valentin Ivanov para cerrar el partido, y Yashine ejerciendo de valladar.

El gran partido de la historia de la selección se disputó en un Bernabéu a reventar, con más de cien mil personas en la grada y el general Franco –cuyo régimen había rodeado al partido de la inevitable propaganda- en el palco. El partido comenzó como lo había hecho la semifinal, con gol de Pereda tras centro de Luis Suárez, rápidamente respondido por una gran falta que clavó Khusainov. Fue un partido equilibrado y algo bronco, donde los soviéticos dieron un paso atrás respecto del fútbol-rodillo que les había hecho campeones; signo del respeto que sentían por España fue la inclusión de un medio defensivo, Korneev, en lugar de Gusarov. La otra clave, seguramente, fue el gran partido de toda la defensa española –que se empleó con cierta dureza- y muy especialmente del lateral derecho del Atlético, Feliciano Rivilla, cuyo marcaje a Khusainov fue impecable. Sin embargo, a pesar de que España llevó en varios tramos el mando del partido, no consiguió inclinarlo a su favor hasta los minutos finales. El famoso testarazo de Marcelino tras centro de Pereda (y no de Amancio, como se vio en el No-Do), en extraordinario escorzo y desde el borde del área, llevó al éxtasis a la grada de Chamartín y proporcionó al combinado español su único título oficial hasta el momento. No fue nuestra mejor generación de futbolistas, pero supieron aprovechar la gran oportunidad del factor campo y ser competitivos cuando debían serlo. Esperemos que pronto la copa de grandes asas que levantó Olivella abandone su soledad.

Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).

14 Comments

  1. Juane

    28 de mayo de 2008 a las 3:43 pm

    Ramón, ¿que opinas del arbitraje del partido? ¿Fue casero?

  2. Ramón Flores

    28 de mayo de 2008 a las 3:51 pm

    Creo que fue algo condescendiente con España, pero nada escandaloso.

  3. Boves

    28 de mayo de 2008 a las 4:22 pm

    Lo típico cuando un equipo juega en casa, pero nada tiene que ver con la política.

  4. Juane

    28 de mayo de 2008 a las 4:29 pm

    Osea que queda inmaculada la victoria española. Mejor.

    Lo decía porque cierto equipo transalpino ganó “su” mundial con cierta condescendencia arbitral.

    Saludos

  5. NIPO

    28 de mayo de 2008 a las 4:33 pm

    Pero eso de Italia, según tengo entendido fue clamorosa la intervención de Mussolini para esa victoria, Juane, las cosas por su nombre hombre

    Psdt: He escrito de primeras Berlusconi en vez de Mussolini, hasta que he caído en mi error… Tanto se parecen?

  6. Juane

    28 de mayo de 2008 a las 4:36 pm

    jeje NIPO, sabia que ibas a saltar

  7. José Luis

    28 de mayo de 2008 a las 6:54 pm

    Más amañado que el 12-1 a Malta, nada!

  8. Leonardo

    28 de mayo de 2008 a las 9:27 pm

    Qué extraño, por desgracia, que parece una España campeón… ¿Será posible que se repita eso por el camino actual?

  9. Patino

    29 de mayo de 2008 a las 12:44 am

    @ José Luis

    ¿Amañado el 12-1? Acabo de ver otra vez el partido, y sigo sin entender cómo no sólo tú, sino otros muchos, dicen que ese partido estaba amañado. SImplemente hubo suerte y garra.

  10. Juane

    29 de mayo de 2008 a las 3:23 am

    de amañado nada. Quien viera el partido en directo como yo se llevaria las manos a la cabeza.

    PD: Tambien estuve en el España – Dinamarca, ea

  11. Liam

    29 de mayo de 2008 a las 9:23 am

    Pues yo sí diría que la de los 60 era la mejor generación de jugadores, quizá no la de más nombre internacional (salvo por Suárez) pero sí la mejor; no hay mas que ver que los equipos españoles dominaban las competiciones europeas y lo disputadísima que estaba la Liga. Si para el mundial del 66 hubieran confiado en los mismos hombres en lugar de recuperar nombres que ya no estaban en forma, otro gallo nos hubiese cantado.
    Y visto el partido del 12-1… de amaño nada. Lo que hay es un hundimiento físico total de los malteses a partir del minuto 60.

  12. Ramón Flores

    29 de mayo de 2008 a las 11:39 am

    @Liam, mi opinión es que la mejor generación que ha tenido España fue la que no entró en el Mundial del 58: desperdiciaron a Gento, Kubala, Di Stéfano y Suárez, todos en su mejor momento (menos Luis, que era un poco joven). Una locura.

    Después de esa, para mí la mejor fue que la del Mundial Italia 34 (hablo por referencias, por supuesto). Zamora, Ciriaco, Quincoces, Luis Regueiro, Lángara… Un equipo completísimo.

    Lo del amaño se comenta solo.

    Saludos

  13. chimoeneas

    30 de mayo de 2008 a las 12:03 am

    la verdad es que la del 58 era potentísima, al menos por nombres. uno de los grandes misterios de la historia que no se pudiera clasificar.

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