
Se dice que no hay victoria sin sufrimiento y que detrás de todo éxito se esconde una pizca de suerte (aunque ésta hay que buscarla). Sin esta ración, las conquistas se quedan por el camino, y cuando se hacen efectivas, siempre dejan una realidad extrema con lágrimas de impotencia por un sector y gritos de júbilo por el contrario. La última final de Champions tuvo una definición que lleva todas estas sensaciones hasta su punto más álgido y que, en el caso del Manchester United, es una constante; sus tres títulos continentales han tenido rasgos similares donde se amontonan milagros, maravillas y, desde luego, una buena dosis de suerte. La suerte del campeón.
Y es que es inevitable no echar la vista atrás cuando John Terry falla el penalti que pudo darles el título. No sólo lo manda al poste, no sólo era el último de una tanda de penaltis casi perfecta en ejecuciones (todos anotaron excepto Cristiano Ronaldo), sino que, para mayor capricho, tuvo que hacer acto de presencia un desafortunado resbalón en el momento justo del golpeo. Un punto cómico para la leyenda Blue y, desde luego, un instante de esos que estigmatizan la carrera de su ejecutor, un desconsolado John Terry.
Gracias a ese inesperado error y al posterior acierto de Van Der Sar (o desacierto de Anelka), el Manchester United levantaba su tercera Champions (para todos los hinchas del United, aquí pueden descargarse las celebraciones que no se vieron por televisión). Era la del incansable Giggs de los 759 partidos, la primera para un estelar Cristiano Ronaldo o una más para el profesor Ferguson, pero nadie negaba que era, como las dos anteriores, un clon insoslayable de sus hermanas antecesoras. Y es que los Red Devils parecen obcecados en provocar una catarsis de sensaciones contrastadas cuando alcanzan sus éxitos, como si no hubiera manera más ordinaria y lógica de conseguir llegar a lo más alto.
El Bayern de Múnich aún intenta explicarse cómo dejó escapar una final que tenía totalmente encarrilada a falta de sólo del descuento y cuando incluso el mítico Peter Schmeichel había abandonado su portería para intentar cabecear el último saque de esquina de un partido histórico. Fue en 1999 y pasó a denominarse así o ‘Milagro del Camp Nou’ (al menos para los mancunianos) cuando gracias a dos desesperados saques de esquina botados por un jovencísimo David Beckham, la cita enloqueció. En el primero un ya experimentado Teddy Sheringham tocó a la red para igualar y, tan sólo unos instantes después, el propio delantero volvió a rematar para que, en el segundo poste, tocara lo justo Ole Gunnar Solsjkaer.
Los dos héroes acababan de salir al césped y eran el último suspiro inglés para un choque que había encarrilado muy pronto a favor bávaro el ‘bigotudo’ Mario Basler con una falta magistralmente ejecutada apenas a los seis minutos de juego. Los muniqueses, que incluso se encontraron con un poste del gran Mehmet Scholl a falta de diez minutos, dejaron escenas para el recuerdo, llenas de tristeza, que reflejaban su abatimiento y el sin sentido del fútbol que les había dado la espalda como un fantoche deshonesto.
Tres décadas antes, en 1968, el Manchester United buscaba hacerse un hueco en el panorama europeo ante el potente Benfica de Eusebio, que venía de jugar prácticamente cuatro finales consecutivas en esos años de dominio dispar (Inter, Real Madrid o el Celtic se disputaban el trono). Londres y el vigoroso poder sentimental que supone para todo inglés el jugar una finalísima en Wembley eran las mejores armas para un equipo que una década antes se había roto al completo por el desastre de Múnich.
Así, liderados por Charlton, Best o Brennan y con el insustituible Matt Busby en el banco, el Manchester United iba a comenzar su particular romance con la suerte divina en las finales. Con un empate (1-1) tras goles del propio Charlton y del luso Jaime Graca, el meta Alex Stepney desesperó a la ‘pantera negra’ con varias intervenciones sublimes; una en especial, que el meta sacó casi milagrosamente tras un movimiento brusco y de reflejos, la que se llevó todos los reconocimientos como la clave de la final (4-1).
Era el inicio de una historia de amor por el riesgo, por los milagros sobre la hora y, desde luego, de una irremediable concatenación de detalles que, a buen seguro, tendrá continuación en la Historia.

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#1 Unai Emery, al Valencia » Diarios de Futbol dijo,
22 Mayo 2008 6:36 pm
[...] muchos estemos aún obnubilados por el brillo de la final de la Liga de Campeones, nos encontramos al final de temporada y el mercado no para. Durante el día ha saltado la noticia [...]
#2 BoVeS dijo,
22 Mayo 2008 7:53 pm
El mayor milagro de los 3 para mi es el de 1999. Increíble esa final.
La de 1968 se podría considerar milagro que tras el accidente de Munich ese equipo lograse una Copa de Europa en pocos años.
PD: De 1968 a 1999 hay 3 décadas no?
#3 Tres ‘milagros’ para tres Champions | Planeta Especial Mundial de Fútbol dijo,
22 Mayo 2008 8:14 pm
[...] Seguir leyendo » © El Enganche | Este feed es de uso personal, sí quieres hacer un uso comercial contacta con nosotros. [...]
#4 Angel of Harlem dijo,
22 Mayo 2008 11:00 pm
Qué hartón de reir:
http://www.flickr.com/photos/wkwong/2513288700/
#5 copelius dijo,
23 Mayo 2008 1:34 am
Mira que al Manchester le gustán los triunfos agónicos, ¿eh? Desde luego nada comparable a la del 99… Todavía me acuerdo de la imagen de los jugadores del Bayern hundidos, tirados por el suelo con las manos en la cabeza… y Collina intentando consolar a Kuffour, me parece que era…
Por cierto, no es que Cristiano Ronaldo sea el jugador que mejor me cae del mundo…pero me parece que en muchos medios se le está intentando hacer “la de Ronaldinho”, o sea, lancearlo hasta acabar por hundirlo… Ayer al fin y al cabo marcó el gol del partido… y me parece curioso que todo el mundo se compadezca de Terry, que es un buen central, pero muy muy leñero y antipático (aunque ahora nos parezca un pobre huerfanito), y en cambio casi parezca que la gente se alegra de que CR fallara el suyo. Así que no sé, antes de decir que se borra en los partidos importantes…que alguien me diga donde ha estado Rooney al menos desde las semifinales contra el Barça, porque ha debido tocar 4 balones entre los tres partidos…