Alimentando a los gorilas

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El planeta tiene incontables maravillas que ofrecer. Existe el Taj Mahal, el Cristo Redentor o el Coliseo, incluso se puede disfrutar ante la perplejidad de escenarios mágicos como el Himalaya o los Alpes. Para los futboleros, hay un país único en sentimiento y exclusivo en su pasión, pero cuya execrable organización bien merece una crítica vigorosa a tantos capítulos de oscilaciones y deberes inacabados.

Argentina, la cuna de muchos de los mejores futbolistas del mundo tanto a lo largo de la historia como en la actualidad, ha vuelto a mostrar su lado plumizo y repugnante. El mismo que usan fantoches que profanan su amor por un deporte que derriten con sus bengalas, que desangran con sus machetes y que aniquilan domingo a domingo con un rastro demasiado largo de muertes sin sentido. No hablo sólo de trifulcas, sino de un comportamiento nefasto en la cancha, donde parecen unirse como el que lo hace en un parque de su barriada.

Y es que en una sociedad donde el fútbol representa una parte tan poderosa de la vida, la violencia queda reflejada como el miedo a los ideales de los demás, que bien hubiera citado Gandhi.

Toda Sudamerica siempre ha tenido facilidad por hacer del fútbol uno de sus particulares centros de batalla, peor argentina lo ha llevado más allá por multitud de cuestiones que, si se resumen, señalan a sus propios organizadores, directivos y acomodados de la silla presidencial, la que pocas veces se tambalea con disparos auqnue cada vez más con amenazas bien merecidas. Ellos, a fin de cuentas, fueron los culpables de que el aficionado se pasase a fanático y que de portar banderas, pasaran a empuñar cuchillos.

Los llamados barras bravas llevan años provocando capítulos de barbarie. Suman muertes por centenares, miles de heridos e interminables destrozos y partidos suspendidos. Este fin de semana volvió a alentar lo peor de estos grupos (aunque ellos se desligan de lo ocurrido), colectivos marginales que el fútbol ha hecho crecer en exceso a base de concesiones, préstamos y favores que deben tener un final si se pretende dar significado alguno a la vida. Los que tienen el poder les facilitaron la entrada por la puerta grande, la de las entradas gratis, estacionamientos de vehículos y hasta porcentajes de fichajes. Unos querían librarse de la escoria que les amenazaba y lograron lo opuesto, dar fuerza aun fenómeno que no razona y que terminará cegando cualquier espectáculo.

Hay tanta plata de por medio, que las últimas grandes peleas se han producido entre los propios barras de un mismo equipo. Todos quieren parte del pastel, da igual el color, el sentimiento o los ánimos a un equipo, importan más los dólares, la fama y la picaresca de saber que, por más que se niegue, ellos dominan el fútbol de su país. El mismo que ha sido campeón mundial y que ahora sigue tambaleándose hasta el punto que incluso los jugadores y entrenadores han tenido que arrugarse los bolsillos para no sufrir desperfectos faciales.

Tan lejos han llevado estos fanáticos sus doctrinas, que han logrado cesar técnicos, parar el campeonato, trasladar partidos de sede (para que algunos de sus barras entrara sin prohibición policial dependiendo el barrio) e incluso asociarse con los dirigentes políticos, que les usan como resistencia y defensa personal. De esta manera, ambos salen ganando. Los violentos jamás son condenados porque sus enfrentamientos nunca dejan un culpable definido y, aunque lo hubiera, la tranquilidad que ofrecen a sus dirigentes les arropará.

El violento siempre gozará de exención, haciendo como si nada hubiera pasado y con la plausibilidad del ojo por ojo (aunque todos acaben ciegos). Esa ‘selva’ que nadie puede tener como ejemplo de fútbol sigue infectada de gorilas alimentados desde las altas esferas. Así, la barbarie no verá fin.

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6 Comentarios »

  1. #1  Leon  dijo,

    21 Marzo 2008 3:25 pm

    Tremenda portada de un diario deportivo aquí en España: Portada ED
    “Machacadlos. No se pueden escapar vivos”
    Luego alguno se llevará las manos a la cabeza…

  2. #2  ariel  dijo,

    21 Marzo 2008 4:46 pm

    Lo que sucede en Argentina con las barras bravas es una vergüenza y lamentablemente no veo que la situación pueda llegar a mejorar en los próximos años.

    Las hinchadas fueron acumulando cada vez más poder hasta que en algunos casos controlan parte de los clubes. Muchas de estas “organizaciones” tienen porcentajes de jugadores juveniles, concesiones de instalaciones y muchos otros beneficios. No son pocos los que cobran sueldos, por parte de la institución, en concepto de “tareas de mantenimiento”, o similares.

    Desgraciadamente esta gente es la que provoca una notoria disminución de público en los estadios y un aumento en la violencia. Es triste, pero es la realidad que toca vivir en un país cuyo sistema dista muchísimo de ser el ideal.

    Saludos desde aquí.

  3. #3  piterino  dijo,

    21 Marzo 2008 6:00 pm

    Yo también he escrito muchas veces sobre los hinchas violentos, centrándome en Argentina, y la verdad es que la situación, especialmente allí, es preocupante. Son mafias, delincuencia organizada y, como tal, hay que tratarla.

  4. #4  José David López  dijo,

    22 Marzo 2008 6:04 pm

    @ Leon: Sí, me parece desorbitado. Luego pasan las cosas.

    @ Ariel: Yo tampoco veo manera de arreglarlo sin medidas drásticas. Creo que el fútbol debería pararse y obligar desde el Gobierno a romper con esos colectivos dentro de cada equipo. Evidentemente, como tu dices, el problema es de raíz.

  5. #5  NIPO  dijo,

    23 Marzo 2008 7:06 pm

    Realmente vergonzozo, las barbaries deben parar ya! Ni un animo más desde la grada si ocasiona alguna muerte

  6. #6  caligula  dijo,

    26 Marzo 2008 2:31 am

    El problema de las barras aquí es muchísimo más grave que unos escupitajos. El problema llega hasta la “Honorable” cámara de Senadores.

    Saludos porteños.

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