Sonrisa de Zambia, sonrisa a medias

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El fútbol africano tiene una facilidad enorme para protagonizar todo tipo de conflictos. La precaria situación política a la que la mayoría de sus países se ven sometidos, crea problemas eternos a la hora de organizar eventos deportivos de cierta relevancia. Además, la sociedad en general agoniza de cierta cultura lo que llevado al deporte rey se traduce normalmente en problemas con la violencia como telón de fondo. Lo hemos visto recientemente con Mali (cuyos jugadores fueron amenazados e incluso apuñalados en Togo) o en la mismísima final de la Champions Africana, donde el Étoile du Sahel recibía entre lanzamiento de proyectiles su corona de campeón.

Sin embargo, todos estos altercados son secundarios para uno de sus países, que vivió en sus carnes la pérdida de la mejor selección que jamás había disfrutado. No fue en un terreno de juego a ojos del pueblo, pero su adiós hubiera superado, con creces, una hipotética celebración por la Copa del Mundo. Zambia había caído en picado cuando buscaba una simple clasificación.

Los Chipolopolo eran uno de los combinados más valorados en toda África desde que en 1988 derrotaran con rotundidad a Italia (4-0) en los Juegos Olímpicos de Seúl. Aquella cita, coronó al rápido y potente Kalusha Bwalya con un hat-trick que iba a significar, años después, el mejor recuerdo posible a una generación perdida.

Por entonces, Zambia gozaba de una extraordinaria mentalidad ofensiva, con un fútbol alegre que, aunque debatido en cuanto a resultados, les destacaba sobre el siempre defensivo y potente estilo africano. Allí, en gran medida, África se dio a conocer al mundo como un gigante refrescante en ideas, con mucho juego físico aunque igualmente ingenuo en lo que a tácticas se refiere. Aquella generación pasó a ser reconocida como ‘Equipo K. K.’.

Sin embargo, tras imponerse 3-0 a Islas Mauricio en partido de clasificación para la Copa África, la expedición marchó hacia Dakar, donde debía enfrentarse a Senegal en cita clasificatoria para el Mundial de Estados Unidos, que era el sueño a cumplir. Aquél ‘Buffalo’ (avión militar AF-319), repostó combustible en Congo y, más tarde, en el aeropuerto de Libreville (Gabón), donde surgieron algunos imprevistos que se debieron dejar a un lado (como que el piloto llevaba sin dormir casi dos días o que el avión necesitaba una pieza de repuesto en el motor y ésta no estaba a mano). Tras ello, el avión perdió un motor que prendió fuego hasta que cayó en picado a dos kilómetros de la costa, llevándose así a todo un país en el que, por situarnos en su extrema pobreza, aún perviven setenta y tres tribus.

El presidente de la federación, Michael Muape; el entrenador, Godfrey Chitalu; su ayudante, Alex Chola, y el médico Wilson Mtonga, así como los futbolistas Chabala, Muanza, Changue, Chomba, Kangua, Watiyakeni, Makinka, Mulenga, Mutale (máximo goleador de la liga nacional), Soko, Muila, Chansa, Muitua, Masuwa, Chikualakuala, Banda y Simamba, perdieron la vida en el momento. Aún hoy, para visitar sus tumbar, es necesario autorización porque, al parecer, los hinchas se llevaron hasta las flores como recuerdo.

La tragedia salvó a los ‘europeos’ que se iban a unir a sus compañeros en la importante cita de Dakar días después. Musonda, del Anderlecht, Johnson Bwalya, del Bulle suizo y Kalusha Bwalya (el héroe de 1988 y mejor jugador), del PSV Eindhoven, nunca olvidarán que el destino quiso salvarles la vida, más allá desde luego, del dolor de haber perdido de un plumazo a todos los compañeros que luchaban por meter a su país en el Mundial. Un sueño que perseguían trabajando en las minas y cobrando unas 15.000 pesetas al mes.

Horas después, el ministro de Deportes zambiano, Dipak Patel, descartó que hubiera supervivientes y la desgracia se contagió en todo el país. Las familias pasaron meses demandando al gobierno por no haber parado aquel avión de pésimas condiciones (todo por no poder pagar cinco millones de las antiguas pesetas en contratar un avión a las líneas aéreas zambianas). La selección, sumida en un caos absoluto y con el 80% de sus jugadores totalmente desconocidos, prosiguió su camino mundialista -por las peticiones del pueblo a su estrella, Bwalya- con honra y tras ganar a Senegal (4-0) y a Marruecos (2-0), quedó a un solo punto tras perder ante Marruecos (1-0) en el partido final.

Justo un año después, con una selección completamente basada en sus juveniles, logró sorprender al conquistar el subcampeonato en la Copa África. Desde entonces, son sus jóvenes valores los que vienen dejando huella en los torneos inferiores pero con la llegada del Ghana 2008, la renovación se ha consumado. Zambia vuelve a sonreír, aunque sea a medias.

Redactor jefe de Goal.com. Administrador blog El Enganche. Redactor defensacentral.com. Colaborador en diversos medios escritos y web, fue redactor jefe de Revista Fútbol 11 y ahora es corresponsal en España de la revista Fox Sport. Colaborador fútbol internacional Punto Radio. Ante todo, un fanático del fútbol internacional. Los enganches y extremos siempre tendrán mi apoyo. ¿Donde se quedó el término trequartista?

9 Comments

  1. Uriondo

    11 de enero de 2008 a las 11:45 am

    A punto he estado de corregirte la expresión “agoniza de cierta cultura”, o al menos de manifestar mi extrañeza con la misma. Afortunadamente, siempre que me embarco en estos debates consulto a la RAE para ver qué opina al respecto.

    (Desus) Perecerse por algo, desearlo vivamente, luchar por conseguirlo.

    Con lo que nuestro buen amigo el redactor se lleva puntos por caballero andante, solidario galán y mejor persona que yo, que me habría limitado a decir “debido sin duda a todos los problemas de gran magnitud a los que se enfrentan, son un tanto gañanes y más bestias que el Señor Eco”

  2. inyaki

    11 de enero de 2008 a las 11:52 am

    Buenas, teneis más referencias acerca del incidente del Étoile du Sahel en la Champions?

  3. Luisi

    11 de enero de 2008 a las 11:53 am

    Yo creo que Zambia, junto a Sudán, será la cenicienta de esta Copa.
    Contra los Drogba, Etoo y Kanouté poco pordrán hacer.

  4. Pablo

    11 de enero de 2008 a las 12:01 pm

    En la Argentina aún recordamos a Efferd David Chabala, una exótica contratación: llegó como arquero a Argentinos Juniors. Hablaba dialecto bemba y un rústico inglés, pero se hizo entender para alcanzar la Primera División del equipo que vio surgir a Diego Maradona. “Sólo conocía de Argentina su actuación en los mundiales, nada más. No tenía idea cómo era, no imaginaba un país con tanta gente, fue una sorpresa”, reconoció. “No voy a desperdiciar esta oportunidad; Argentina es sólo el comienzo de mi historia” , repetía; la historia que soñaba concluyera con el debut de su país en un mundial. Tenía 30 años y hacía 9 que era titular en la selección. En algún lugar del Atlántico ese sueño se ahogó, pero no para siempre. Ya llegará el día en el que Chris Katongo, o los que lo sucedan, lleven a los Chipolopolo a la Copa del Mundo.
    Bella evocación de una tragedia que enlutó al fútbol mucho más allá de las fronteras de Zambia.
    Saludos…

  5. martin foro

    11 de enero de 2008 a las 7:34 pm

    Yo recuerdo ese accidente, se hablo mucho de el, y como siempre surgieron los recuerdos del Manchester United o el Torino(ademas me parece que años despues lo volvi a ver en uno de los capitulos de futbol mundial), tambien recuerdo que por esa epoca se hablaba mucho de Zambia, era de las selecciones africanas que parecian con mas posibilidades de hacer algo.

    Una lastima, ojala alguna vez se clasifiquen para un mundial.

  6. tubilando

    11 de enero de 2008 a las 9:39 pm

    Es una selección que ha tenido mala suerte. Hay que recordar que para Italia-90 sólo se clasificaban dos selecciones africanas, y para EEUU-94 ya sabemos. Otros equipos como Togo, por ejemplo, han tenido sólo una oportunidad y la han aprovechado; Zambia ha estado varias veces a punto pero no ha podido.

  7. NIPO

    12 de enero de 2008 a las 12:17 am

    Bella historia

  8. ronaldo7

    13 de enero de 2008 a las 6:07 pm

    Me parece que Kalusha jugó en el America de Mexico ?

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