
Uno de los equipos más destacados el año pasado fue el Getafe. No fue una sorpresa porque el trabajo bien hecho viene de largo. No fue fruto de la casualidad ni de la suerte deportiva. En esa pequeña ciudad del sur madrileño, con un desarrollo económico importante y alcalde ilustre por su capacidad de gestión, los aficionados al fútbol conocen bien la verdadera medida de un club que, poco a poco, se asienta en la Primera División y crece hacia metas ambiciosas para un equipo de historia reciente.
Este año compite en Europa, en la Copa de la UEFA, gracias a su éxito copero: llegó a la gran final de la competición ante el Sevilla -su clasificación para la Liga de Campeones posibilitó la entrada del Getafe a Europa como finalista de la Copa del Rey-. Y dejó un momento para su propia historia: eliminó al Barcelona en semifinales con un contundente 4-0 en el Coliseum Alfonso Pérez con actuación soberbia de la plantilla de Bernd Schuster -por aquellos días entrenador del Getafe-.
Ese partido fue emotivo, vibrante, apoteósico, histórico, heroico, hiperbólico, desmesurado… todos los calificativos son fiel reflejo de un momento de catarsis colectiva. El Getafe llegaba a la cita con un resultado demasiado negativo para prever la hazaña. La ida en el Camp Nou terminó con un resultado inflado, un 5-2 demoledor para las esperanzas azulonas, con un gol magistral de Messi, heredero ilustre de la mejor carrera hacia el gol de la historia del fútbol -la del barrilete cósmico contra los ingleses-. Gol de fuerza arrebatadora, regate en corto, zancada descomunal, definición fría, una obra de arte. El jugador argentino acaparó los elogios y los defensas del Getafe la sonrisa burlona de los medios de comunicación.
Entre los dos partidos de la eliminatoria, a la plantilla azulona le pasaron factura los efectos del show business del fútbol. Messi arriba, Messi abajo; Messi en TV, radio y prensa; Messi en medios de habla hispana, inglesa, árabe y china; Messi en YouTube; Messi en carrera y ellos viéndose venir en repetidas ocasiones el desastre de un gol épico, el de una bestia incontenible. En ese caldo de cultivo, la rabia contenida, las ganas de revancha sana y deportiva, la necesidad de cerrar la herida abierta sirvieron de catalizador de una victoria balsámica para el espíritu. Getafe arriba, Getafe abajo; Getafe en TV, radio y prensa; Getafe en medios de habla hispana, inglesa, árabe y china; Getafe en YouTube…
El ‘Barcelona de la dormidera’ claudicó desde el vestuario. No respetó al rival porque no le concedió de inicio la posibilidad a la remontada. Ni siquiera una duda razonable a la sorpresa. Casquero (min. 38), Güiza por partida doble (min. 43 y min. 73) y Vivar Dorado (min. 67) hicieron los cuatro goles de la noche, cuatro aguijones de calado profundo. Un Getafe luchador, bien armado, seguro de sus posibilidades, con el espíritu de El Cid Campeador, de bravura indómita, confirmó su dominio en todas las parcelas del campo.
A veces el fútbol es la mejor metáfora de la vida real. De valores poco habituales en el mundo actual, que en momentos determinados todavía tienen vigencia, se mantienen frescos, sirven para ganar batallas. Humildad, valentía, orgullo, trabajo, profesionalidad, respeto… palabras vacías en algunos sitios oscuros y bien ponderadas en otros.
En los momentos previos al choque, el vídeo marcador del campo azulón gritaba al mundo todo lo que cualquier aficionado del Getafe pensaba: “Nuestro Getafe puede conseguirlo. ¡Es posible!”. Una metáfora más: el éxito de David contra Goliat, un equipo con menos talento, pero tal vez más trabajado, más humilde, más comprometido, más profesional, más respetuoso, vence al gigante.
Meses más tarde la situación se mantiene en ambas laderas de la montaña. Bernd Schuster y Dani Güiza ganaron un ticket para autobuses de mayor trascendencia en sus carreras (uno dirección a Madrid y el otro dirección a Mallorca), pero el equipo de trabajo actual mantiene engrasada la maquinaria. Unos se fueron y otros llegaron para completar una plantilla para pasar pocos apuros en Primera División, con un entrenador nuevo, Michael Laudrup, con un amor profundo por el fútbol estético y bien hilado, y un presidente, Ángel Torres, con buen tino en la gestión. En la vereda blaugrana las dudas continúan. ¿Se desperezará el gigante?
Tal vez sea uno de los últimos ejemplos más característicos de lo que puede albergar una competición como la Copa del Rey, arrastrada a una situación incomprensible por la falta de planificación de la Federación e interés real por parte de los clubes. Por algo se la conoce como la competición del KO, un escenario propicio para las hazañas de los pequeños, de los pobres, de los poco promocionados… como este Getafe.