Hay momentos en la vida, escasos pero inolvidables, en que uno es absolutamente consciente de encontrarse enfrente de una obra colectiva que raya la perfección. Puede ocurrir mientras uno pasea por los tejados del Duomo milanés, y piensa la multitud que debió de ser necesaria para lograr tal acumulación de belleza y complejidad en uno de los monumentos –la terraza, no la portada- más infravalorados del mundo. O cuando uno estudia en Matemáticas la clasificación de los grupos simples finitos, la obra magna de decenas de personas trabajando coordinadamente en un espacio de casi un siglo. O aquellos momentos en París en el que un grupo de entusiastas idearon la Enciclopedia en la que se basa mucho de lo mejor del mundo en que vivimos.
Una sensación parecida asaltó sin duda alguna a cualquier amante del buen fútbol que, en la noche del 10 de Abril de 2007, contemplara lo que estaba ocurriendo en Old Trafford, Manchester. No faltaba de nada en un escenario a quien nadie ha regalado el apelativo de Teatro de los Sueños: las 80.000 almas de rigor que serían el doble si el espacio lo permitiese, un resultado que remontar, un rival que se ha ganado a pulso, con buen juego y alegría, un trocito en el corazón de los aficionados, y, por supuesto, la magia en lontananza de la vieja Copa de Europa, el torneo que transforma a los futbolistas en mitos.
Estas eran las circunstancias en las que comparecía ante su gente un Manchester que había resucitado una vez más de la mano del eterno Ferguson. Tras unos años de oscuridad e indefinición, marcados por el dominio doméstico ejercido con mano de hierro por el Chelsea de Mourinho, los red devils volvían a ser el equipo que demolía contrarios a base de intensidad, manejo sublime del contragolpe y eficacia a balón parado. Si los blues, el Arsenal y el Liverpool, en años anteriores, habían obtenido sus éxitos con un fútbol que miraba directamente al continente, los Fergie boys demostraban el partido que, con los jugadores adecuados, se le puede sacar a las mejores esencias del fútbol británico. Pero faltaba una confirmación a nivel internacional de que el United había vuelto por sus fueros, de que volvía a ser grande de Europa más que de nombre.
Ese era el desafío cuando los mancunianos salieron al césped, y pronto se vio hasta qué punto, en la electricidad del ambiente, lo habían asumido. Tras los diez únicos minutos en que el equipo romano hizo acto de presencia en Inglaterra, enganchó Carrick un balón a unos cinco metros de la frontal, y con la naturalidad de quien lava, como es él realmente, lanzó un disparo parabólico imposible para Doni. Abría así el marcador una de las piedras angulares del nuevo Manchester, el que después de muchos años cerró el debate del mediocentro, y de paso volteaba la eliminatoria. Adiós presión.
Seis minutos después, los locales hilvanaban una jugada maravillosa, de esas que quedan en la retina tras el paso de los años para identificar el estilo de un gran equipo. De nuevo la cosa comenzó en Carrick, que abrió de primer toque a la banda izquierda, donde aguardaba Rooney. El pequeño delantero la devolvió, igualmente de primeras, para Giggs, un poco adelantado y más centrado; el galés debió oler a Alan Smith, porque en un golpe prodigioso de izquierda, y de nuevo sin controlar, dejó a su compañero sólo delante del portero. Fusilamiento, 2-0, y obra de arte en cuatro toques, seis segundos y sesenta metros.
Pero si el segundo fue único por lo preciso, el tercero, sólo dos minutos después, fue descomunal por lo ortodoxo. Inició el contragolpe Cristiano Ronaldo por el centro, con esa zancada insuperable que tanto le caracteriza; el balón llegó a Smith, que automáticamente descargó a derecha donde llegaba Giggs como un galgo. El capitán frenó, oteó el horizonte y lanzó raso un balón con lazo, de esos de los que debe haber puesto miles; el regalo lo recogió Rooney, y con clase y categoría lo desvió a la jaula. El manual del contragolpe.
Tras esos veinte minutos de locura, cuando seguramente hasta el más neutral de los espectadores sufría ya problemas de garganta, el partido se tranquilizó ligeramente, con esa calma, frecuentemente traicionera, que suele suceder a la tempestad. Fue el momento en que Cristiano decidió alzar la voz, recordar al mundo que sí, que Kaká quizá tiene más clase y es más elegante, y que Messi huele a Maradona, pero que mientras él esté al nivel actual no habrá unanimidad sobre el mejor jugador del mundo. Así, atrapó el balón en línea de tres cuartos, bailó a su par hasta llegar a la frontal, y allí descerrajó un trallazo rasante y homicida que Doni sólo alcanzó a rozar. Aún no contento, en cuanto ambos equipos volvieron de los vestuarios llegó de segunda línea como un rinoceronte loco para meterse con el balón en la portería. El gol de la ambición, el tanto de un ganador.
Tras el quinto el segundo tiempo quedó a beneficio de inventario, con la anécdota del buen gol de De Rossi y los postreros de Carrick y Evra que convirtieron el resultado en un escándalo. Pero no hacía falta más, el cerebro tiene un límite de disfrute que ya, en los procelosos territorios del síndrome de Stendhal, es imposible superar. Habíamos asistido a la obra maestra de un equipo que pagó posteriormente una mala noche en San Siro, pero que con la Premier conseguida confirmó que existe la esperanza para su fútbol. O sea, para la belleza. Salve United.




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#1 NIPO dijo,
1 Enero 2008 7:42 pm
Tuvo que ser un partido precioso, y además, este OL – Man. U me huele a otra pedazo de eliminatoria!
Vote:#2 Carmencita dijo,
1 Enero 2008 7:46 pm
Perfección me pareció el 3-0 que le propinó el Milan a ese mismo Manchester. Sin estridencias pero absolutamente perfecto. Cuestión de gustos.
Vote:#3 Psicoanalista dijo,
1 Enero 2008 8:06 pm
Partido para la historia… pero debo confesar que el gol de De Rossi es sencillamente espectacular… para una vez en la vida que le sale y pierden 7-1…
Vote:#4 Garrincha dijo,
1 Enero 2008 8:32 pm
Que grandes recuerdos me trae ese partido, fue precioso y apoteósico a partes iguales, toda una maravilla.
Vote:#5 Leonardo Da Vinci dijo,
1 Enero 2008 9:34 pm
Muy buen artículo, pero quería hacer varias puntualizaciones: ni Rooney es un delantero pequeño ni Cristiano Ronaldo tiene zancada. Un saludo.
Vote:#6 Ramón Flores dijo,
1 Enero 2008 10:37 pm
@Carmencita, sin duda aquel partido del Milan también fue extraordinario, pero como aficionado disfruté bastante más con éste. De hecho, me gustó incluso más el Milan en Old Trafford hasta que se lesionó Gattuso, en un partido con mucha más presión.
@Leonardo, Rooney mide 1,78, lo que no es demasiado para un delantero. En cuanto a Cristiano, no tiene un tranco larguísimo, pero cuando pone la moto en marcha es realmente difícil seguirle.
Saludos y feliz año a todos.
#7 Rivaldo91 dijo,
3 Enero 2008 12:00 am
si Rooney es pequeno no se que son entonces: Messi, Saviola, Romario, Giuly, Munitis, Iniesta, Xavi…Rooney es un tanque a toda regla y 1,78 es ideal para un delantero que tiene como principal caracteristica la potencia, la altura del 9 promedio debe ser entre 1,75 y 1,85 cualquiera que se salga de esos limites es un delantero o bajo o alto, y en cuanto al partido es de lo que mas he sufrido, no es que sea de la Roma pero defiendo al futbol italiano y en esa ocasion quedo muy mal parado, gracias a Dios que gano mi equipo el Milan..
Vote:#8 11811 dijo,
3 Enero 2008 4:07 pm
Es un tremendo partido para el seguidor del Manchester, para el seguidor de Roma es el partido ha olvidar
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