Alá no está obligado: la historia de Alhassan Bangura

010400349782900.jpgBirahima es un niño de diez o doce años –no sabe su edad, su madre decía una y su abuela otra- que nació en Togobala, Costa de Marfil. Tras quedarse huérfano, marchó en busca de su tía Mahan a Liberia, pero fue reclutado por los guerrilleros, que hicieron de él un niño soldado. Nos habla y se excusa por no ser elegante ni amable, porque, dice, está “perseguido por los ñamas de muchas personas […] Ñama es la sombra que se queda después de la muerte de un individuo. La sombra que se convierte en una mala fuerza inmanente y persigue al autor del crimen contra una persona inocente. […] Yo he matado a muchos inocentes en Liberia y Sierra Leona donde hice la guerra tribal, donde fui niño soldado, donde me drogué con drogas duras. Estoy perseguido por los ñamas, en consecuencia todo se estropea en mí y conmigo”. Reconoce que su vida es una mierda, un infierno, una tortura sin salida, pero que nadie es culpable de ello. Ni siquiera Dios, pues “Alá no está obligado a ser justo en todas las cosas de aquí abajo”.

Birahima es el triste protagonista de la novela “Alá no está obligado”, del escritor costamarfileño Ahmadou Kourouma, pero su historia, aún ficción, es absolutamente real, pues está inspirada en los casos de miles de niños del este de África que son obligados a combatir en las guerras tribales que han asolado países como Liberia o Sierra Leona. La mayoría de estos niños no pueden hacer nada para escapar de su destino. Son secuestrados, torturados y drogados hasta que en ellos no queda el más mínimo atisbo de resistencia. A veces, son obligados a matar a un inocente como prueba de fidelidad a su bando y se les convence, cuando están drogados, que son inmortales, que en su pequeño cuerpo las balas enemigas rebotarán como en una coraza de acero. Morir, para ellos, la mayoría de las veces es un mal menor.

Este bien podía haber sido el destino de Alhassan Bangura. Nacido en Sierra Leona en 1988, Alhassan era hijo de un miembro de la Sociedad Secreta Poro, una especie de sociedad masona presente en el país desde tiempos inmemoriales, vinculada a la rebelión antiinglesa que se produjo en el país a finales del s. XIX y presente en las decisiones políticas de Sierra Leona durante todo el s. XX. Una secta que tiene entre sus costumbres la de tatuar y mutilar el cuerpo de sus miembros y someterles a una suerte de ritual iniciático de muerte. Cuando tenía tres años, la guerra estalló en el país debido a la implicación de su presidente, Joseph Momoh, en la guerra civil de la vecina Liberia. Un año después, su padre fue asesinado.

Alhassan creció viviendo en un apartamento de una sola habitación con su madre y sus dos hermanas pequeñas, jugando al fútbol en las calles de la capital, Freetown, con el sonido de los disparos y las bombas de fondo. Aún cuando fueron tiempos terribles, Alhassan se libró de los reclutamientos de las guerrillas ya que, cada vez que las cosas parecían torcerse en su barrio, huía con su familia a la vecina Guinea. En el campo de refugiados de Guinea conoció a un francés de unos cuarenta años llamado Pierre. Solía ir a ver los partidos de fútbol que se disputaban en el campo de refugiados y con él Alhassan entablaba largas conversaciones sobre el balón, en las que hablaba de su sueño de ser un día un futbolista de nivel mundial.

En 2002 se llegó a una más que inestable paz en Sierra Leona y la familia de Alhassan regresó definitivamente a Freetown. Atrás quedaron más de cincuenta mil muertos, cientos de miles de refugiados y miles de niños que, inservibles ya para la guerra, vagaban abandonados por todo el país. El destino de Alhassan, con todo, no había sido el peor de los posibles. Otros, sin duda, lo habían pasado mucho peor. Sabía de lo que se había librado, y, en ese sentido, daba gracias a Dios. Todo se torcería, sin embargo, un año después, cuando en 2003, unos hombres acudieron a casa de la madre de Alhassan a recordarle que era obligación del niño la de ocupar el puesto que el padre tenía en la secta Poro. La madre de Alhassan le advirtió de los rituales que la secta practicaba y le instó a tomar la única salida que tenía: huir. Si se quedaba en la ciudad y se negaba a entrar en la secta, sería asesinado. El niño, que tenía entonces sólo quince años, decidió aceptó, entre lágrimas, su destino. Se despidió de su madre y hermanas y marchó de nuevo a Guinea, en busca de su amigo Pierre.

Cuando le encontró, éste le prometió ayuda. Le dijo que le llevaría a Inglaterra y que le ayudaría a sobrevivir. Alhasan reconoce que no sabe cómo lo hizo, pero que poco después tenía los papeles en regla para emigrar a Europa. Junto con Pierre viajó primero a Francia y, poco después, a Londres. Allí Pierre le dejó en un piso y le dijo que en un rato volvería. Pasadas un par de horas, dos hombres entraron en el piso e intentaron violar a Alhassan. Consiguió zafarse de sus agresores y salió corriendo del edificio con los pantalones por las rodillas. Sin saber siquiera dónde estaba, vagó llorando por las calles de un desconocido Londres durante unas horas, hasta que un hombre se le acercó preguntándole si necesitaba ayuda. Alhassan le contó lo sucedido y aquel hombre le acompañó hasta una oficina de inmigración. Allí, Alhassan solicitó el estatuto de refugiado y, tras ello, fue internado en un albergue.

Las primeras semanas en el albergue fueron terriblemente duras. Alhassan reconoce que lloraba todas las noches y que rezaba por poder volver a su casa, aún a riesgo de ser asesinado por los miembros de la secta Poro. Si he de morir, se decía, al menos que sea viendo por última vez a mi madre y hermanas. Un tiempo después, sin embargo, fue cambiado de albergue y allí encontró a un grupo de refugiados de Sierra Leona con los que hizo rápidamente amistad.

Su destino cambiaría completamente cuando una tarde, jugando al fútbol con sus amigos en un parque londinense fue visto por un ojeador del Watford. Éste, sorprendido por las cualidades de aquel niño de dieciséis años, le invitó a hacer una prueba con el equipo y en ella, Alhassan impresionó a los entrenadores de las categorías inferiores del club. Así, firmó un contrato semiprofesional con el club. Pero todo estaba pendiente de la situación legal en Inglaterra de Alhassan. La buena nueva no tardó en llegar: al ser menor de edad, se le concedían los papeles hasta que cumpliera los dieciocho años, cuando se revisaría el caso. Dos años por delante, pues, de tranquilidad.

Así, Alhassan Bangura, en adelante Al, se convirtió en jugador del Watford. El manager del equipo, Aidy Boothroyd reconoce que Al impresionó inmediatamente a los técnicos, no sólo por sus cualidades como mediocentro sino por su madurez y saber estar, sobre el campo y fuera de él. En el club, empero, desconocían la historia que Al, poco hablador, tenía detrás.

Poco a poco, Al se convirtió en una de las perlas de la cantera del modesto club de Hertfordshire y así, a finales de la temporada 2004/05, debutó con sólo diecisiete años en un crucial partido ante el Stoke en el que el Watford se jugaba eludir el descenso a la First Division, sustituyendo al lesionado Gavin Mahon. El Watford ganó 0-1 y con esos tres puntos, certificó su permanencia.

La temporada siguiente fue increíblemente exitosa para el Watford y para Al. El equipo terminó en tercera posición en el Championship y, consecuentemente, jugó el play-off de ascenso. Tras destrozar al Cristal Palace en semifinales, el Watford jugó la final en el Millennium Stadium de Cardiff frente al otrora poderoso Leeds United al que venció por un irrebatible tres a cero. Al jugó aquella temporada nada menos que treinta y ocho partidos de liga con el Watford, anotando el único gol que hasta la fecha ha marcado con la camiseta amarilla. Cuando habla de aquel año, Al reconoce que el día del ascenso es probablemente el mejor de su vida. Esa temporada, además, fue nombrado por los fans de su equipo Jugador Joven del Año.

bangura.jpgLa temporada siguiente, el Watford volvió a descender a la First División, siendo el colista de la Premier League. Al jugó dieciséis partidos. La experiencia personal, empero, fue positiva. Jugar en una de las mejores ligas del mundo con sólo dieciocho años, cuando tres años antes huías de un país asolado por la guerra, sin un destino conocido, no está, reconozcámoslo, nada mal.

La presente temporada comenzaba para Al como la de su confirmación en el once inicial del Watford. A pesar de comenzarla lesionado, Al confiaba en poder hacerse definitivamente con un hueco en el equipo titular. El equipo confiaba en él, y fruto de esa confianza fue la renovación de su contrato, firmada en mayo. Sin embargo, en noviembre, Al recibía la noticia por parte de las autoridades británicas de que, por ser mayor de edad, se le cancelaba su estatuto de refugiado. A pesar de tener contrato con el Watford, al estar Sierra Leona por debajo del puesto setenta del ranking FIFA y no haber representado Bangura en ninguna ocasión al mismo país en partidos oficiales, su permiso temporal de trabajo también era rechazado. La extradición pesaba sobre él.

Pronto los dirigentes y fans del equipo, así como el resto de jugadores mostraron su apoyo a Al, que, además, acababa de ser padre de un niño. El jugador apeló contra la decisión de las autoridades inglesas, afirmado que Inglaterra es su país, allí donde tiene su vida, sus amigos y su familia, en sus palabras “la gente del Watford”. El once de diciembre pasado, sin embargo, su apelación fue rechazada, por lo que el expediente de extradición sigue abierto.

010400349783100.jpgEste sábado el Watford jugaba su partido de liga frente al Plymouth. En el descanso del mismo, los fans de ambos equipos mostraron retratos de Al Bangura en apoyo al jugador. Al cogió un micrófono y mostró su agradecimiento a todas las personas que le están ayudando en estos difíciles momentos. No pudo aguantar las lágrimas y rompió a llorar. Un llanto probablemente debido, a medias, tanto a la tristeza por la difícil situación que ahora vive, como a la alegría de comprobar cómo, a pesar de la ley, las personas están con él.

El gesto de los fans del Watford, pero sobre todo los del Plymouth, es de esos que te reconcilian con el fútbol. Si cada semana atendemos a casos en los que grupos de idiotas disfrazados de hinchas abuchean a jugadores negros por el color de su piel y entontan cánticos insultantes, hoy disponemos de un contraejemplo que muestra cómo el fútbol sirve también para ayudar a las buenas causas, cómo sirve de vínculo de unión y no sólo, como algunos creen, de enfrentamiento. Ojalá que el caso de Al Bangura se solucione pronto, y para bien. Y ojalá que, de paso, la justicia inglesa -y la de todos los gobiernos- y los hinchas de todo el mundo aprendan algo de este asunto. La justicia, que detrás del frío concepto de inmigrante, de extranjero, se encuentra siempre una historia humana de lucha y superación de la adversidad. Los hinchas, que tienen el poder de cambiar algunas cosas para bien. Porque si, como dice Birahima, “Alá no está obligado a ser justo en todas las cosas de aquí abajo”, nosotros, los hombres, sí lo estamos.

Imágenes: Página web del Watford

Para firmar en contra de la extradición de Al Bangura

Para mandar un email de apoyo a Al Bangura

15 Comments

  1. Toni M.

    17 de diciembre de 2007 a las 2:11 pm

    La historia, por si misma, es tan humana y brillante como tu post, Dadan. Gracias, de verdad.

    Adjunto vídeo “informativo-documental” sobre este asunto (impresionante el estadio dando su apoyo al jugador): Save Al Bangura

  2. Toni M.

    17 de diciembre de 2007 a las 2:12 pm

    Perdón, me equivoqué de link :P Save Al Bangura

  3. kMiLiTo

    17 de diciembre de 2007 a las 2:48 pm

    Brillante, me quedo sin palabras.

  4. Cofi

    17 de diciembre de 2007 a las 2:53 pm

    Impresionante Post.

    Gracias Dadan por hacer que cada día (si cabe) me guste mas DDF, cada día me “robáis” más tiempoo de ocio ;)

  5. xtaoth

    17 de diciembre de 2007 a las 2:58 pm

    Ya lo comenté cuando vi la noticia en el Ole… Hay leyes que están hechas única y exclusivamente para tocar las narices. ¿Por qué no puede ser profesional un tío que ha demostrado ser un profesional reiteradas veces sólo por el país en el que nació no está dentro de los ¡setenta! primeros?

    Es que no le veo sentido a la norma lo mire por donde lo mire. Si es cuestión de dinero para los clubs formadores, pues oye, que se establezcan unas tarifas. Si es por miedo a que se sirva de tapadera para traer inmigrantes (¿?) pues entonces que vigilen cuantos partidos juega/ha jugado.Pues no… Un refugiado se va a tener que ir a su casa, sabiendo que lo van a matar, porque ha cumplido los 18 años y por tanto deja de ser refugiado (¿¿??, ¿¿que pasa, que ya no corre peligro??).

    PD: La reacción de la afición, de 10. Lástima de que haya miles de Alhassanes que no van a tener tanta suerte y no contarán con semejante presión mediática. Ojalá esto, al menos, sirva para cambiar las reglas.

  6. Pancho

    17 de diciembre de 2007 a las 3:04 pm

    Me deja pensando toda esta historia, triste, pero lo bonito ha sido ver a toda la fanaticada unida en torno a este jugador.

    Como opinión personal, pienso que por moral, ninguna potencia europea debe deportar a ningún refugiado africano, pues gran parte de los problemas sempiternos de África, son consecuencia del reparto colonial, que destrozó la propia cosmovisión africana, que a pesar de no ser tan pacífica, se terminó de trastocar con semejante trauma que supuso colonizar y europeizar el continente, sobre todo con la concepción de la propiedad de occidente.

    Excelente artículo, Dadan. Como siempre.

  7. martin foro

    17 de diciembre de 2007 a las 3:41 pm

    Grande Dadán, preciosa historia y como comentas, ojala termine bien.

  8. alexan

    17 de diciembre de 2007 a las 5:38 pm

    tremendo post, al igual que historia, la verdad es que dadan podrias poner “historias del africa” porque te juro que si investiguas ves cada cosa.

  9. NIPO

    17 de diciembre de 2007 a las 6:18 pm

    Uff, trago saliva.-.. impresionante dadan, impresionante

  10. palentino

    18 de diciembre de 2007 a las 1:51 am

    Increible y maravilloso post. Espero q todo se solucione para bien.

  11. antagonista

    18 de diciembre de 2007 a las 4:56 am

    Sencillamente precioso…

  12. chimoeneas

    19 de diciembre de 2007 a las 1:48 pm

    precioso relato y terrible historia.
    juro que no entiendo la norma de la liga inglesa, entiendo que se haga para que no entren medianías, pero no se puede ser tan inflexible. sobre las leyes de deportación prefiero ni entrar.

  13. pablo

    28 de diciembre de 2007 a las 7:04 pm

    espero no te moleste si difundo la noticia por mi blog (obviamente dire que la saque de esta pagina) pero estoy interesado en que se conozca el caso y que mas gente apoye a Al

  14. Pingback: Al Bangura consigue el permiso de trabajo » Diarios de Futbol

  15. Manu

    13 de mayo de 2010 a las 3:32 pm

    Emocionante