¿Aspira realmente el Liverpool a la Premier?
Anda el patio inglés alborotado desde hace tiempo con la figura de Rafa Benítez. Adorado por la grada de Anfield, que no olvida ni lo hará nunca esa quinta Copa de Europa por la que en el descanso de Estambul no hubiera dado un penique ni el más acérrimo de los kopites, su sistema de rotaciones es cuestionado de forma cada vez más sistemática por la Prensa, y sus peticiones de fichajes y el discreto rendimiento del equipo esta temporada tienen amostazados a los nuevos gerifaltes americanos del club.
No colaborará en la tranquilidad del madrileño, sin duda, el correctivo que le ha endosado hoy el Reading a su equipo en Madejski (3-1) en un partido donde los reds no han sido capaces de tomar el mando casi en ningún momento, y en el que una zaga que normalmente es tan impenetrable como la línea Maginot ha sido violentada tanto en velocidad –fantástica definición de Harper en el tercer gol- como a balón parado. Es verdad que es la primera derrota del Liverpool en Premier, pero también es cierto que se parece a muchas derrotas vividas en los últimos años fuera de casa ante equipos teóricamente inferiores que, sin embargo, les juegan con una gran determinación.
Ha habido un detalle del partido que seguramente será muy comentado en las próximas horas, y no sin razón: con el partido en contra y aún más de veinte minutos por delante, Benítez ha sacado del campo a Steven Gerrard; antes, justo después del segundo gol de los royals, había quitado igualmente a Fernando Torres para dar entrada a Harry Kewell. Si el primer cambio podría leerse desde el punto de vista de que el Niño había recibido un golpe y quizá ya no estaba en condiciones de seguir –aunque no parecía cojear ni nada parecido- el segundo tenía un tufo inconfundible a tirar el partido. Fuera o no intencionado, más o menos eso fue lo que ocurrió, pues tras el carrusel vivieron los locales sus minutos más plácidos del partido, sólo rotos por un cañonazo de Crouch en el descuento que se fue al palo.
Se puede argumentar que a mediados de semana el Liverpool se lo juega todo en Champions en Marsella en un partido en el que debe ganar o ganar, y que ganar ese partido sería más importante para el club que perder éste. Es cierto. Pero también lo es que la filosofía que hay detrás de esta idea es la misma que subyace tras las rotaciones, y que consiste en no sacar en cada momento el mejor equipo posible, sino utilizar la calculadora y andar siempre haciendo cuentas sobre qué puntos se pueden perder, qué puntos no y cuál es el grado de importancia que se le da a cada partido.
Quizá en esta manera de pensar puede estar uno de los motivos del fracaso del Liverpool durante estos años en la competición doméstica. Si en algo está de acuerdo todo el mundo es en la descomunal diferencia de nivel que suele existir entre los cuatro grandes del fútbol inglés y los demás equipos que componen la Premier. Esto provoca, a su vez, que entre las grandes ligas, es en la inglesa donde se hace necesario conseguir un mayor porcentaje de puntos por partido para ser campeón; dicho de otro modo, donde la especulación con los puntos es más dañina. En ese sentido, es admirable la filosofía de Manchester y Chelsea, por ejemplo, que suelen salir a ganar en todos los campos –luego lo consiguen o no-, habitualmente con su equipo titular, y si no lo hacen lo consideran un fracaso.
Por supuesto, es igualmente un hecho que estos equipos acaban la temporada exprimidos, con enormes dificultades para afrontar los durísimos compromisos que suelen aguardar al final del curso –véase su rendimiento en las últimas rondas de la Copa de Europa en los últimos años-, especialmente fuera de casa. Seguramente no es casualidad, en ese sentido, que el fútbol inglés sólo haya ganado dos máximos trofeos continentales en los últimos veinte años, y ambos en milagros irrepetibles. En este sentido, en el haber de Benítez hay que poner, desde luego, lo bien que suelen llegar sus pupilos a estos tremendos partidos, donde siempre parecen rendir por encima de sus posibilidades; no puede explicarse todo mediante la mística.
Éste parece, sin duda alguna, un efecto beneficioso de las rotaciones y de este tipo de planificación. Sin embargo, la entidad de Merseyside proclamó a los cuatro vientos que su gran objetivo para esta temporada era la Premier League. Y si esto es cierto, la verdad, cuesta entender por qué el Liverpool no se toma cada choque liguero como si fuera una final. Porque éste es el único modo de aspirar a la victoria en la competición doméstica.
Secciones: Personajes, Debates
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