¿Sabías quién inventó el foso de los entrenadores?
Ahora nos parece algo tan consustancial al campo como el césped o la línea de banda, pero pasaron muchos años antes de que a alguien se le ocurriera cavar en el suelo un pequeño hoyo y cubrirlo para que tanto entrenadores como suplentes o utilleros pudieran seguir el partido cómodamente y a pie de campo.
Parece que la idea genial surgió en el viejo Pittodrie de Aberdeen, un estadio también pionero por haber sido el primero del Reino Unido en tener todas las localidades de asiento, en algún momento de los años veinte. El entrenador de los Dons por aquella época era Ronald Colman, un antiguo futbolista e ídolo de la grada a quien su admiración por el baile le llevaba a observar con interés de estudioso los movimientos de los pies de sus jugadores mientras disputaban los partidos. Tanto le fascinaba el tema, que acabó llevándose una libreta para tomar notas de dicho movimiento, cual un Van Gaal de la época. Considerando que el coliseo escocés dista menos de un kilómetro del mar del Norte, y el tiempo tan intempestivo que suele padecer la zona, es fácil pensar cuántas veces tuvo que llevarse el bueno de Colman a casa un cuaderno tan mojado como inútil, y también por qué fue él precisamente quien pensó por primera vez en un confortable foso. Ejecutada la obra, parece ser que fascinó al cuerpo técnico del Everton, que visitó Pittodrie poco después. La idea se trasplantó a Goodison Park, y de ahí a toda Inglaterra, hasta convertirse en el estándar que es hoy.
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