Hay un aspecto del fútbol que siempre me ha intrigado y al que no encuentro explicación que me satisfaga. Es el profundo desprecio que por la figura del futbolista demuestran recurrentemente todas las personas que rodean este mundillo: aficionados, periodistas, dirigentes, entrenadores. Es cierto que el futbolista es el ídolo por excelencia de la mayoría de las sociedades contemporáneas. Por momentos, se le idolatra hasta cotas casi vergonzosas. Todo lo que hace es considerado propio de un ser divino. Hasta sus ventosidades son aplaudidas en público. Pero no es menos cierto que cuando las cosas no terminan de funcionar, cuando a la pelota le da por no acariciar la red, todo esto cambia. Cuando eso pasa, el futbolista pasa, sin solución de continuidad, de ser venerado a ser contemplado con un desprecio que no tiene límite. Vividor, juerguista, inculto, egoísta, mimado, sobrepagado, especulador, distante, etcétera son los apelativos que acompañan inexorablemente el retrato que en esos momentos se hace del que lleva el balón en sus pies. Un retrato que deja entrever el profundo resquemor que estaba latente también cuando todo lo que se dedicaba al futbolista eran halagos.
Cuando la pelota no entra, se tiende a comparar la vida del futbolista con la de los “seres normales”. La imagen del héroe se contempla entonces a la luz de los ojos de los mortales, y de este contraste sólo surge inquina. Mientas “nosotros” nos levantamos a las seis de la mañana para acudir a un trabajo que odiamos, mientras sufrimos para sacar una familia adelante, para poder siquiera vivir, ellos, los dioses, duermen tranquilos sobre un colchón de dinero, conducen coches que “nosotros” sólo podemos soñar y se hacen ver de la mano de mujeres cuya belleza se muestra a los ojos de los demás como algo tan inalcanzable como fascinante. El amargo sueño frustrado del capitalismo se encarna en imagen que el futbolista transmite: ellos son lo que nosotros nunca seremos.
Además, está la cuestión del sentimiento. Cuando la cosa va bien, su éxito es el éxito de todos. Los goles son celebrados por el futbolista en un rito de comunidad compartida. Cuando consigue lo que siempre se busca, el gol, celebra su acto compartiéndolo con todos los que con él gritan en ese momento. Se besa el escudo, ondea la camiseta al viento, señala a la grada. Su gol es de todos y así lo sentimos. “Hemos marcado. Ganamos tres a cero” reza el SMS que el aficionado manda desde el estadio al amigo que le toca trabajar esa tarde.
Pero cuando todo se tuerce, el futbolista se queda solo. Sus errores a puerta vacía son suyos, de nadie más. No fallamos todos, yerra solamente él. Cuando en lugar de alojar la pelota en la red, la lanza a las nubes, la grada le da la espalda y busca explicaciones que residen fuera del rectángulo de juego. Se le acusa de no sentir los colores, de no sufrir como “nosotros” sufrimos. Su vida comienza a ser observada con una lente que deforma cada detalle. Su coche, ese que querríamos tener, su mujer, esa que ansiaríamos besar, devienen símbolos de decrepitud. Los columnistas de la prensa deportiva recurren a la imagen de los mileuristas y nos recuerdan lo mísero de la condición de trabajador del homo laboris que todos somos. Mientras tú te despiertas cuando aún es de noche, amargado por la derrota de ayer de tu equipo, él, que no consiguió dar un pase al pie, duerme placidamente en un palacio, nos dicen.
Es ésta una imagen que no sólo busca engendrar odio sometiendo al futbolista a un juicio público en el que ya está sentenciado, sino que, además, transmite una inquietante consideración de la vida del común de los mortales. Pareciera como si por el hecho de no ser ricos, no conducir grandes coches o porque nuestras novias no sean modelos, nuestras vidas fueran un testimonio de mediocridad. Para juzgar al futbolista, se insulta a todo el mundo.
Pero es que además, en todo esto, hay algo que falla, porque quienes así juzgan al futbolista analizan sólo el momento presente, cuando sería más justo y más acertado pensar en el antes, en el pasado de quien yerra la-ocasión-que-incluso-mi-abuela-metería, en todo aquello que hizo para ganarse el derecho a lanzar el balón a las nubes. En este sentido, hay que afirmar, aún a riesgo de ser una obviedad, que no es tan fácil llegar a ser futbolista. Si lo fuera, a buena fe que muchos de nosotros, que tanto soñamos con poder serlo, ahora mismo jugaríamos en el Real Madrid o el Barcelona. No, no es sencillo. En primer lugar, porque nadie nace futbolista, sino que se hace. Se hace en un camino difícil. Ese que ahora juega en una alfombra iluminada por miles de vatios, ante la mirada de millones de personas, ayer pateaba una pelota de trapo bajo la lluvia, con el barro como único testigo. Todo futbolista tiene detrás una niñez y una adolescencia protagonizada por la disciplina, el esfuerzo, la privación y, sobre todo, la incertidumbre sobre su futuro con el balón sobre su cabeza. Sí, ese ha llegado a ser lo que tantos sueñan, pero para quienes fueron sus compañeros en el equipo del barrio, que dieron también todo por lograrlo, las copas de latón ganadas entonces sólo son los posos que dejaron los sueños de infancia. Uno se palpa, bajo el pantalón de su uniforme de la gasolinera, la cicatriz que le impidió llegar, cuando ya estaba a punto de hacerlo. Otro, cada día, tras regresar de un trabajo que odia, aburre a sus hijos con la interminable cantinela de que estudiar es lo importante, que no hagan como él, apostar por una única carta que no sabes si es un rey o un triste cuatro. Otro, quizá el peor parado, apura las horas en la barra de un bar, leyendo hasta la última palabra del Marca, alargando la mañana antes de regresar de nuevo a la oficina del INEM. Él, que ahora triunfa, pudo haber compartido el destino de cualquiera de sus compañeros.
Pero tampoco es una cuestión exclusiva del pasado. El presente del futbolista no es tan dorado como a veces tendemos a verlo. Es cierto que es un privilegiado, pero hasta los héroes tienen los fantasmas que los acosan. Las lesiones, la falta de privacidad, la sensación de que su vida no la dirigen ellos sino terceros –representantes, entrenadores, dirigentes-, la competencia extrema sobre su puesto de trabajo, la presión, etcétera, son factores con los que el futbolista ha de convivir. Uno de ellos es quizá el menos envidiable de todos: el futbolista desarrolla su trabajo en un ámbito en el que no hay posibilidad de esconder un posible error. Cientos de cámaras y millones de ojos vigilan cada uno de sus movimientos y gestos. Un incalculable torrente de palabras –a veces, como vemos, dañinas- gira en torno a cada acción que él realiza. Y, sinceramente, no ha de ser sencillo convivir con la consciencia de que cada decisión que tomas en tu trabajo es juzgada al milímetro en cientos de páginas y millones de conversaciones. En el sentido de todo esto, el escritor argentino Pablo Nacach, autor del imprescindible “Fútbol: la vida en domingo”, nos invita a pensar en los futbolistas como ejecutivos de cuyas decisiones –públicas- en el campo depende el devenir de una empresa multimillonaria. Es una imagen interesante que quizá puede ayudar a cambiar en parte la imagen que del futbolista tenemos cuando la pelota no entra. Probablemente, aún así, seguiremos viendo su vida y su trabajo como algo envidiable. Pero quizá cuando falle, cuando todo vaya mal, tengamos también un poco, aunque sea un poco, de empatía para con el héroe en desdicha. Al fin y al cabo, creo, es en la derrota cuando el héroe es más humano, más como “nosotros”. Y cuando así es, sus gestas cobran mayor importancia.

(4, 9 votos)



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#1 Mr. Mamba dijo,
5 Noviembre 2007 3:29 pm
Me ha gustado esta lectura, Dadán.
#2 martin(foro) dijo,
5 Noviembre 2007 3:36 pm
Este o no de acuerdo contigo(y en este tema es que no se que pensar realmente, no soy capaz de asumir una postura), es un placer leerte
#3 pavel dijo,
5 Noviembre 2007 4:02 pm
Otro maravilloso artículo del Maestro Narval. Gracias.
#4 Leon dijo,
5 Noviembre 2007 4:20 pm
Muy interesante todo el planteamiento, Dadán. La cuestión es que para todos, no solo ellos, las cosas tienen un precio. Y ellos cobran fortunas por hacer lo que los demás consideramos una afición o un juego y buscamos ratos libres para jugar los sábados por la mañana. Viven en vidas irreales y muy pocos o ninguno renuncian a los millones de euros, los coches y hoteles de lujo, el reconocimiento, las chicas dispuestas a todo y los aduladores por las esquinas. El precio es exactamente el que dices, tienen tanto a su favor que cuando la balanza cae por el otro lado les da con fuerza. De ahí los juguetes rotos, gente que no se adapta a la vida normal después de años en la irrealidad. Es un tema complejo, no propio del futbol si no de los deportes en general o incluso el espectáculo, hay casos de cantantes o actores que suben muy alto y luego caen muy abajo.
En nuestro país quizá haya un exceso de cainismo, en eso te doy la razón, no sé si por envidia o por qué razón, pero hay gente que se “le está esperando”. El típico comentario de bar de “mira como se ríe ahora, pero ya verá este…” Y quizá lo peor sean ciertos periodistas que son ellos mismos los más aduladores y los más inquisidores, Ronaldinho ayer era dios y hoy es un juerguista vergonzoso.
En fin, siento haberme liado.
#5 Buscando fantasmas dijo,
5 Noviembre 2007 4:40 pm
[...] Tomo esta frase de un artículo de Enric González (‘La duda ofende’), que no tiene que ver con el fútbol. Cambien la palabra fanatismo por forofismo, la mente se nubla, y se pierde la lógica de los blogs de fútbol, que en realidad buscan otra forma diferente de contar las cosas. [...]
#6 NIPO dijo,
5 Noviembre 2007 4:42 pm
Esta muy bien el articulo, pero evidentemente sigue siendo un trabajo más que envidiable y a pesar de ser otra escala de valores, cuando se juega al futbol regional o en categorías inferiores (normalmente sin cobrar) se le reprochan (o reprochamos o nos reprochan) las mismas cosas pero sin la ventaja de esa vida maravillosa
#7 Pau dijo,
5 Noviembre 2007 4:55 pm
De acuerdo en la mayoría de puntos, pero la injusticia que supone el trato extremista al futbolista es parta inherente de un deporte inusual y fuera de toda norma, de un fenómeno de masas. Llevan a sus espaldas sentimientos de muchos, y por ello se les paga lo que se les paga.
Eso aquí, por supuesto, porque este artículo no creo que tuviera sentido en las Islas británicas, dónde el jugador bién puede ir en metro sin problemas, es aplaudido siempre cuando sale del campo y raramente la presión del entorno será mayor que la autoimpuesta si se trata de un correcto profesional.
#8 IIsmael dijo,
5 Noviembre 2007 5:10 pm
Pues si hay desprecio por los futbolistas no te quiero ni hablar de los árbitros… Incluso los entrenadores son un colectivo más despreciado que el jugador.
#9 hugocris dijo,
5 Noviembre 2007 6:52 pm
Texto visible.
#10 hugocris dijo,
5 Noviembre 2007 6:54 pm
mucho futbol.
#11 Rui dijo,
5 Noviembre 2007 7:10 pm
Cuando alguien dice “Esta maldita ocasión no la fallaría ni mi abuela”, pienso en mis partidos de fútbol, donde he desperdiciado bastantes ocasiones claras. No es tan sencillo, se debe a varios factores como la puntería, la posición en el campo, la presión que llevas encima, la colocación del portero, etc… Si jugamos fútbol, veremos cómo las palabras con las que reprendemos a los jugadores de élite, a menudo equivocadas, también se pueden aplicar a nosotros.
#12 martin foro dijo,
5 Noviembre 2007 8:20 pm
Rui, la diferencia es que tu lo haces gratis, y ellos no, tu eres amateur, ellos profesionales…no digo que haya que meterse con ellos, pero no creo que el ejemplo valga, si me dedico a poner vendas y lo hago mal, sera malo, pero si eres ATS y la pones mal, es mucho peor.
Un saludo
#13 Manuelinho eF dijo,
5 Noviembre 2007 8:39 pm
Buen artículo, la cuestiónodo de todo esto es, como no, el dinero. El futebol, para mí, ha perdido “pureza” para llenarse de “parásitos”. Ya todo depende prácticamente del dinero.
Ya quedan pocos futbolistas con sacrificio y con sentimiento, aunque supongo que todo es fruto de cierta evolución…
Es inevitable eludir estas comparaciones odiosas.
#14 Lobo dijo,
5 Noviembre 2007 8:40 pm
No es una cuestión de ponerse de su parte o en contra del futbolista. Sino más bien de ver al jugador no solo como un millonario vago sino como un tío al que le ha cosado mucho llegar ahí. Es interesante e infrecuente de leer el pasado de cualquier jugador. Han aguantado y tragado mucho. Cualquier vestuario de un juvenil de alta categoría es un campo de minas. Y de un 2ªb cuando tienes 19 años y te estás abriendo paso entre veteranos que dan de comer a sus familias una batalla cada entrenamiento. Eso por no irnos a Argentinia, Brasil…
#15 NIPO dijo,
5 Noviembre 2007 8:52 pm
Evidentemente martin parece que casi ni has jugado a futbol, es siempre a cualquier futbolista se le va a cuestionar, mucho menos si es un canterano pero siempre, asi que la teoría de Dadán queda desvalijada en parte, porque parece que cita casi exclusivamente la razón de la envidia como motivo par estar siempre bajo ese punto de presión
#16 Arganboy dijo,
5 Noviembre 2007 8:56 pm
Dadan, muy bueno. Me parece muy gracioso cuando la gente dice “hemos ganado” o “les hemos metido…” y en el momento que se pierde “estos tíos no valen…”
#17 AliDia dijo,
5 Noviembre 2007 10:01 pm
De acuerdo en todo, pero añadiría un matiz: si un futbolista no está rindiendo y son tangibles graves faltas de responsabilidad, ese tío es un irresponsable, y como a tal se le puede (y yo creo que se le debe) criticar. Por ejemplo, tras la famosa orgía de los jugadores del Barça en el Hotel Hesperia el Barcelona perdió contra el Rayo Vallecano. Si hubiesen ganado seguro que ni nos habríamos enterado o los culés se lo hubiesen tomado a cachondeo. Pero perdieron. Yo les hubiese criticado.
#18 Dadan Narval dijo,
6 Noviembre 2007 10:57 am
Bueno, gracias por los comentarios.
Sólo un matiz. Lo que me sorprende no es tanto que se les reproche en ocasiones cierta falta de “profesionalidad”, sino la inquina con la que se trata la figura del futbolista precisamente por las personas a las que les apasiona el fútbol. Es algo paradójico, ¿no?.
#19 martin foro dijo,
6 Noviembre 2007 11:36 am
No tanto Dadan, si viene de la envidia, piensa que la mayoria de los hinchas, su sueño hubiera sido lucir la camiseta del equipo de sus sueños, y ver a otros que asi lo hace…igual te provoca algo de rencor. Y mas sabiendo que ganan y su comportamiento(si, no se ve el lado negativo).
Pero vamos, no es solo en el futbol, pasa en todo, existe un desprecio evidente por los ricos(en realidad por no serlo, molesta que lo sean, eso jamas lo entendi, a mi me molesta que haya pobres, pero no que haya ricos), por los que han triunfado en la vida(y mas igual si lo hicieron por su propio esfuerzo), la gente suele ser muy mediocre, y le da rabia que alguien le demuestre eso(vete a una escuela, y lo compruebas facilmente, al que levante un poquito de la media, le corren a gorrazos, le cae desde empollon a… si pones a alguien bueno a alguien de alguien malo, corrientemente este no sube de nivel, bajan los otros. Por cierto, si extrapolamos el ejemplo de la escuela a cuando somos adultos, da miedo, mucho, si uno saca ciertas conclusiones).
A todo esto, muchas veces, los jugadores si se merecen las criticas, y en parte , van en el sueldo. Robinho puede ser muy bueno, pero para ser un verdadero profesional del futbol, le falta mucho, dudo que jamas lo sea.Pero igual el lo prefiere asi, todo sea dicho.
Un saludo