El dedo acusador de la masa social

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Una de las variables más influyentes en el fútbol actual es la masa social. Nada se hace al margen de ella, todas las decisiones la tienen presente. ¿Qué es la masa social en un equipo de fútbol? Los socios, los aficionados, todos los seguidores… aquéllos que animan todos los fines de semana en los campos de España y que pagan. Pero detrás de ella se esconde un engaño histórico.

Hagamos memoria. Fabio Capello, entrenador exitoso en su último año en la Casa Blanca, fue destituido por Ramón Calderón, presidente electo del Real Madrid. Razones del despido: El equipo no mostraba un fútbol vistoso y la masa social del club reclamaba mayores atributos estéticos. Un ejemplo más reciente: Destitución de Quique Sánchez Flores, entrenador ratificado a comienzos de temporada por el presidente valencianista Juan Soler. Los medios ponen el acento sobre la mala relación del entrenador y la grada. La masa social, los que pagan, para que nadie tenga dudas.

Pero para llegar al final del túnel es necesario tirar del hilo un poco más. ¿No responde ese proceso a un mecanismo de autoprotección ante la tempestad? Anteponer la masa social a las decisiones estratégicas en un mundo del fútbol cada vez más profesionalizado es un error mayúsculo, salvo que el gaznate propio importe más que el éxito colectivo. Y ampararse en ella para tomar decisiones que se presuponen cualificadas aún peor.

Fabio Capello fue destituido «porque para nuestro club el resultado es muy importante, pero estamos obligados a dar un poco más, un fútbol un poco diferente», como reclamaba la masa social. Son palabras de Pedja Mijatovic, actual director deportivo del Real Madrid, el día que el entrenador italiano era despedido. Lo de Quique Sánchez Flores, el mal juego colectivo del equipo y el recurso facilón de la masa social como arma arrojadiza contra su gestión es conocido por todos.

Los aficionados pagan entradas para ver a su equipo, pero no están preparados como colectivo para gestionar un club desde la grada. Su utilización torticera por parte de presidentes y directores deportivos es alarmante y siempre en un doble sentido: cuando toman decisiones se amparan en el estado de ánimo de la afición, pero el objetivo final es alejarse de su punto de mira.

Ramón Calderón y Pedja Mijatovic hicieron ejercicio de previsión, se ampararon en la grada para destituir a Capello y protegieron su gestión de la ira de la masa social. Ante el escenario público son dos gestores preocupados por los socios, extremo que no debe dudar nadie, pero valorar el estado de ánimo de los seguidores para tomar decisiones de este calado es un error. Así consiguen dos objetivos: mantener contento al personal que paga y vota y alejarse de los pañuelos si llega la tempestad (ellos hicieron lo que la grada pedía).

Este tipo de conductas se han convetido en una paradoja constante en nuestro fútbol actual. Los socios, aficionados y seguidores de un club tienen derecho a mostrar su descontento en una grada. Y aún más que su directiva no utilice su opinión como elemento de gestión. El público paga y pita, pero no toma decisiones. Ellos no son cómplices de la mala gestión, sólo observadores privilegiados.

Los equipos de trabajo deben escoger alternativas al margen del silbido y el pañuelo, ser valientes y mantener sus apuestas personales aunque no comulguen con la grada y no utilizar al socio como salvoconducto universal (lo echo porque lo pitan, no me pitan porque lo echo).

Periodista. Un apasionado de la competitividad del fútbol europeo y el romanticismo nostálgico de la Liga Argentina. El periodismo radiofónico y el análisis futbolero de plumas finas son su otra pasión. Algún día verá un partido en la Bombonera o el Monumental con 'los pies en el aire'. Y confiesa que la afirmación "El gol es un pase a la red", de César Luis Menotti, siempre le sonó a Alicia en el país de las maravillas. Podrás encontrarme en: (juanfcia@gmail.com); (https://twitter.com/jfcia); (http://www.facebook.com/people/Juan-Francisco-Cia-Lopez/758594280); (http://www.linkedin.com/in/juanfcia)

22 Comments

  1. la vida en domingo

    29 de octubre de 2007 a las 10:17 pm

    Y en muchas ocasiones se filltra y se echan a los caballos a entrenadores sólo con el fin de que la masa los devore. Capello es un poco el caso

  2. EL MUSTIO DE LOS LUNES

    29 de octubre de 2007 a las 10:17 pm

    Una vez más, un club grande de nuestro país toma la decisión más fácil y apuesta por la desconfianza y la no continuidad en el trabajo de los profesionales. Cierto es que el Valencia es un club especial, y sus aficionados (incomprensiblemente de los más exigentes del planeta fútbol), pitan y critican hasta los cambios de temperatura, pero un cambio de entrenador apenas empezada la temporada no creo yo que sea la solución. Además, no creo que la situación del Valencia sea tan alarmante, con una buena clasificación en liga y aún con muchas posibilidades en su grupo de Champions. Los directivos ineptos que poblan los clubes deberían pensar en que quizás sea peor el remedio que la enfermedad, y que después de echar a un entrenador hay que contratar a otro, con período de adaptación incluido (eso si se consigue adaptar).
    Cada vez entiendo mas a los entrenadores españoles que se buscan la vida fuera de nuestro país, saben que fuera van a gozar como mínimo de la misma confianza que disfrutan aquí.

    DEJEN TRABAJAR A LOS PROFESIONALES

    un saludo…

  3. jose

    29 de octubre de 2007 a las 11:41 pm

    a mí me parece que la masa social no tiene efectos en la dirección del club, es una excusa para echarle la culpa de la destitución de entrenadores que en realidad son despedidos por otras causas, como pelear con la directiva. «no, es que a la grada no le gustaba el estilo». los cojones.

    no estaría mal ver un poco qué efecto tiene sobre los jugadores, que es ya otra cosa. si afecta bien o mal al rendimiento y hasta si esa «influenciabilidad» puede ser un factor a la hora de fichar.

  4. Varus

    30 de octubre de 2007 a las 12:26 am

    tambien hay que decir q las masas en bastantes ocasiones expresan en buen sentido lo que esta ocurriendo con el equipo; con esto no quiero decir que tengan siempre la razon sino que la aficion no es tonta y sabe lo que hay sobre todo siendo la aficion de la ciudad.
    con la marcha de quique no estoy de acuerdo ya que el equipo aspira a todo tanto a liga,copa champions son cosas que no se entioenden pero bueno algun factor habra mas que hace que la aficion influyan en los directivos.

  5. sebask

    30 de octubre de 2007 a las 3:41 am

    Discrepo del análisis. En la mayoría de los clubes las aficiones son el club, o al menos lo son en mayor propiedad que los ocasionales funcionarios, ya sean entrenadores, directores deportivos, jugadores.
    En los clubes de estos tiempos, la soberanía última reside o en la junta de accionistas, o en los socios. Ahora, que los dirigentes en quienes los socios delegan no pueden vivir en el ir y venir permanente de las gradas, de acuerdo, pero una autonomía absoluta de los representantes frente a los representados tampoco parece lo más razonable.

  6. caligula

    30 de octubre de 2007 a las 4:15 am

    La masa es sólo nombrada. Las decisiones hace mucho tiempo que están alejadas de allí.

  7. Lobo

    30 de octubre de 2007 a las 8:06 am

    Es evidente que los aficionados son ninguneados por muchas directivas y sus presidentes. En la rueda de prensa un dirigente puede nombrar la palabra «socios» 1000 veces pero tomar alguna decisión pensando en primer lugar en ellos y en segundo en la directiva se da en casi ningún caso. Lo mejor es que algún socio o abonado de algún campo se cree que sus silbidos son los artífices de destituciones u otras decisiones. Si supieran la verdad…

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  9. Juan F. Cía

    30 de octubre de 2007 a las 9:49 am

    Hola sebask,

    No digo que en algunos clubes la soberanía no resida en los socios con derecho a voto (que deciden quiénes gestionan su equipo en unas elecciones presidenciales), pero ni son la mayoría ni eso implica que la decisiones en un club se deban tomar en función del estado de ánimo de los aficionados. Yo creo que es bueno ser receptivo a la masa social de un club, pero nunca se pueden tomar decisiones en función de los pitos o los pañuelos. Ni tampoco es ético lo que se hace desde muchos equipos de trabajo de muchos clubes: utilizar a los socios, aficionados o seguidores para justificar sus medidas.

    Saludos.

  10. Alberto

    30 de octubre de 2007 a las 9:55 am

    Yo también discrepo, la directiva tiene la obligación de tener en cuenta la opinión de la afición, aunque no sea el único factor y en ocasiones pueda incluso oponerse a esta. En cuanto a las razones que se dan de que hacer caso a la grada es un error, no las comprendo. Mantener contento al que vota y al que paga son principios fundamentales de política y economía. Y lo de que así la directiva se aleja del punto de mira de los pañuleos, sobran los ejemplos de que esrto sólo es así cuando se produce una mejora deportiva, y entonces ¿dónde está el error?

    Dicho esto, el despido de Quique me parece una incoherencia en estos momentos, sobre todo después de la destitución de Carboni.

  11. Cofi

    30 de octubre de 2007 a las 10:44 am

    Creo el debate depende, de la situación de cada club.

    No es lo mismo el Barcelona o el Real Madrid que el Chelsea.
    Laporta y Calderón tienen que mantener contentos a los socios, (Por cierto a estos no solo lo utilizan los directivos, también la prensa ej: caso Capello) cosa lógica y normal ya que ellos son los que le han dado su voto de confianza, para realizar la gestión del club durante 4 años.

    Otra cosa es que no siempre puedes realizar todo lo que te pide la afición, sino los clubs serían un desastre.

  12. tartamundos trotamudo

    30 de octubre de 2007 a las 10:46 am

    Las masas son muy manipulables. Muchas veces los medios de comunicación las manejan a su antojo.

    Y sí, sirven muy bien como excusa para tomar decisiones facilonas. Parece que todo el mundo da por asumido que Quique Sánchez Flores no comulgaba con la afición valencianista, pero yo, aficionado valencianista, siempre le he apoyado. Y no soy el único, me consta. Quizás no éramos los más ruidosos, pero no estábamos solos. Sólo que siempre parece que los más gritones son los más numerosos o los que tienen la razón. Y no necesariamente es así.

  13. Juan F. Cía

    30 de octubre de 2007 a las 11:38 am

    Hola Alberto,

    Mantener contento al que vota y paga son principios fundamentales de política y economía dentro de un proceso populista de actuación. En el resto de acuerdo, despedir a un técnico cuando te lo pide la grada te aleja de los pañuelos si el equipo mejora, si no es así, te convierte en objetivo. Pero ya sabes que esto del fútbol es el arte de la superviviencia, se busca oxígeno como sea. Que en España se despiden entrenadores porque la grada lo pide y para buscar tranquilidad en la butaca presidencial es una realidad.

    Saludos.

  14. Alberto

    30 de octubre de 2007 a las 12:36 pm

    No tengo tan claro que la principal razón de la destitución de técnicos sea la presión de la grada. De hecho la destitución de Quique ha venido después de jugar tres partidos consecutivos fuera de casa (una victoria y dos derrotas), luego no se ha dejado a la grada pronunciarse sobre los últimos acontecimientos. No recuerdo que la grada del Bernabeu fuera un clamor contra Capello. La grada del Ruiz de Lopera no clamaba contra Luis Fernández, sino contra el máximo accionista. Por supuesto, se pueden encontrar ejemplos en que la grada sí que ha presionado decisiva, e incluso irracionalmente, para echar a un entrenador (Cúper en Valencia, Van Gaal en Barcelona) pero creo que no son tan mayoritarios. Y puestos a buscar, también se han dado casos de entrenadores cesados pese a ser prácticamente idolatrados por la afición, como Del Bosque o Cruyff.

    Ah, y mantener contento al que vota y al que paga sólo deja de ser un principio fundamental cuando no puede votar a otro o dejar de pagar.

  15. Juan F. Cía

    30 de octubre de 2007 a las 1:46 pm

    Hola Alberto,

    El tema no sólo es echar a un entrenador porque la grada lo pide, también se echan a entrenadores con esa excusa sin ser cierto, lo que no es ético. Hay presidentes que no mantienen a sus entrenadores en el cargo porque la masa social le reclama que lo cesen y otros lo hacen por otros motivos y utilizan a la grada como razón fundamental del cese. Los dos casos son igual de rechazables bajo mi punto de vista.

    Yo creo que la grada opina, vota, anima y se enfada, pero no hace informes, no busca alternativas deportivas, no encuentra patrocinadores, no pide préstamos bancarios, no negocia contratos… Y todo eso para hacer más tarde lo que pide la afición o tomar decisiones diciendo que es lo que pide la grada cuando es mentira. No sé, creo que la masa social es masa social y los gestores son gestores.

  16. Sebask

    30 de octubre de 2007 a las 2:45 pm

    Hola Juan F.

    Gracias por responder, y felicitaciones por el tema que pones sobre la mesa.
    Creo que haciendo la analogía con la política, los extremos de un gobernante que se guía sólo por encuestas y carece de programa, como otro que jamás escucharía a «la masa» y sólo hace lo que le parece justo a él, son inconvenientes. Ambos extremos también me parecen complicados en el fútbol, y hay que buscar mecanismos más institucionales en que los soberanos (socios o accionistas) puedan hacer valer su voz no sólo en las elecciones de representantes.

  17. Juan F. Cía

    30 de octubre de 2007 a las 3:04 pm

    Hola Sebask,

    Totalmente de acuerdo, pero ya existen esos espacios: reunión de compromisarios, reuniones con las peñas, libertad de expresión el campo… Lugares para expresarse hay muchos y todos legítimos. Pero la gestión de un club es algo más serio que hacer lo que me piden los que gritan o utilizarles para justificar lo que hago. Ellos pueden gritar y el presidente debe atenderles, pero dentro del despacho él y su equipo deben tomar sus propias decisiones y ser responsables de las mismas.

  18. Sebask

    30 de octubre de 2007 a las 3:16 pm

    Buen punto. Lo que es finalmente inaceptable no es que el Presidente escuche, sino que se resguarde en «la masa» para justificar decisiones.
    Completamente de acuerdo, y lo dices claron en «no utilizar al socio como salvoconducto universal (lo echo porque lo pitan, no me pitan porque lo echo).»
    Pero, no basta con que los socios tengan espacios para expresarse si esa expresión no influye sobre sus representantes (insisto que esa relación de representante de los socios/accionistas no puede perderse de vista).

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