Brasil derrotó en los penaltis a Uruguay en las semifinales de la Copa América, y por tanto es el primero en clasificarse para la finalísima del próximo domingo. En un partido si no vistoso al menos épico, el equipo charrúa hizo honor a la leyenda de indomable que adorna su camiseta, y estuvo cerca de dar la campanada tras haber neutralizado por dos veces la ventaja de los brasileños. De todos modos, y a menos que mejore, el combinado verdeamarelho va a tenerlo muy complicado para imponerse a su próximo rival, sea México o Argentina.
Repitió Dunga la alineación que le había dado buen resultado ante Chile, con los tres medios centros de destrucción, Baptista como llegador, Vagner Love para bajarlas y san Robinho para obrar un nuevo milagro. Pero la fiesta la montó un invitado inesperado, Maicon, que llegando una y otra vez por el carril derecho fue el mejor de la primera parte, y también el que rompió el marcador en una buena jugada de Baptista que acabó en la red tras un preciso remate del interista. Casi sin solución de continuidad, otra extraordinaria penetración suya acabó en un centro a Love que era gol o gol, y que fue impedido por un clamoroso derribo. La suerte de los penaltis, tan favorable a los cariocas hasta ahora, había cambiado. De todos modos, tras los minutos iniciales de tanteo, Brasil había tomado el mando en el marcador, y por momentos daba la impresión de que también en el juego.
Sin embargo, una circunstancia extradeportiva cambió el signo del partido. Se fundió de repente una de las torretas de iluminación, y pasaron veinte minutos hasta que los protagonistas se pusieron de acuerdo en que se podía jugar con la luz restante. Del parón salió mejor Uruguay, que empezó a acercarse a la puerta de Doni a través de la insistencia del Cebolla Rodríguez, las subidas escogidas de Fucile y, sobre todo, los saques a balón parado de Recoba. Aparte de un disparo al final de la primera parte, esta suerte ha sido lo único que ha dejado el Chino en la Copa América. Demasiado poco para un jugador sobrevalorado, por más que uno de sus saques de córner acabase en el gol del empate de Forlán.
Tuvieron suerte los brasileños, que llevaban un rato sin un patrón de juego claro, de empatar casi inmediatamente. Una falta muy bien ejecutada desde la parte derecha por Robinho –de lo poco que hizo en su partido más gris- fue rematada a la red en semifallo por Baptista, sorprendentemente solo casi bajo los palos de Carini. Un grave fallo de marcaje de Lugano y Scotti, que no tuvieron su mejor noche y concedieron un mundo de faltas cerca del área a Brasil. Los celestes notaron el golpe, pero nada especial ocurrió hasta el descanso.
Tabárez movió pieza tras la reanudación, dando salida a Nacho González y a Abreu en la segunda mitad. Con Jusué y especialmente Mineiro dimitidos y los laterales brasileños lejos de las alegrías del primer tiempo –salvo un par de llegadas de Gilberto- Uruguay fue haciéndose poco a poco con el control del choque; tuvo mucho que ver ahí Pablo García, que asumía paulatinamente el mando. Y a pesar de que el juego era el típico charrúa, lento y de pase corto, el gol acabaría llegando en una jugada completamente opuesta, un balón aéreo que prolongó Forlán y remachó Abreu a quemarropa. Faltaba un cuarto de hora, y ni la entrada de Diego, que poco pudo hacer, ni el evidente hundimiento físico de Uruguay tuvieron reflejo en el marcador. Prohibida la prórroga en la Copa América, la suerte se decidiría en la rueda de los penaltis.
La tanda fue una tormenta de emociones. Lanzó primero Robinho, que definió con su calidad habitual, y justo después Forlán tiró al muñeco. Siempre los mejores fallando. A partir de ese momento cada uruguayo sabía que un fallo era decisivo, porque los amarillos iban clavando sus penaltis con seguridad. Pero ellos también aguantaron, y cuando Afonso Alves mandó al poste el séptimo penalty –qué injusticia para su gran temporada- el Cebolla aprovechó su oportunidad. El quinto de Brasil lo transformó Diego por los pelos, así que la responsabilidad de la supervivencia recaía en Abreu. Y éste, haciendo bueno su apelativo de Loco –genial en este caso- se jugó un Panenka donde realmente se demuestra el valor de un futbolista, con el fracaso encima y sin gloria inmediata a la vista. 4-4, grito de liberación y vuelta a empezar.
Seguramente intimidado por la seguridad de su adversario falló Fernando el siguiente, de modo que en las botas de Pablo García estaba la posibilidad de la final, primera vez que la veían cerca los charrúas. Lanzó Pablo fuerte, a la escuadra, Doni batido… y el balón lo escupió el poste, tras un momento de duda sobre si había entrado o no. Ya no volvería a pasar el tren, pues Gilberto transformó su penalty con suficiencia, mientras que Lugano cerró su Noche Triste con un mal lanzamiento al centro que sacó Doni sin dificultad. Así es el fútbol, que a veces se convierte en una moneda.




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#1 Garrincha7 dijo,
11 Julio 2007 10:23 pm
Una lástima (para mi) que cayese Uruguay, ya que les iba a los charrúas. Brasil con poco ha llegado lejos, y quien sabe si quizás le sirva para salir campeón, aunque tanto a México (terribe la baja de Nery) como a Argentina los veo mejores bloques que a la canarinha.
Un saludo!
#2 BoVeS dijo,
11 Julio 2007 10:49 pm
Dónde se puede ver el partido de Argentina-Mexico si no tienes el Digital+??
#3 BoVeS dijo,
11 Julio 2007 10:55 pm
Nada… problema solucionado a través de rojadirecta… que antes no había visto que estaba el partido enlazado.
#4 juanan dijo,
12 Julio 2007 2:32 am
Abreu todavia anda por el mundo !!!! y con pelo !!!
#5 chimoeneas dijo,
19 Julio 2007 2:14 am
@juanan: es que abreu era muy jovencito cuando llegó al depor.
vaya, esperaba no encontrarme con expresiones como maracaibazo o segundo maracanazo…
#6 la cebollita dijo,
24 Agosto 2008 5:42 am
el cebolla es lo mas hermoos que se vio en la tierra, es el mejor jugador por lejos!! mas tecnica, mas clase, corre todas las pelostas es lo mas!!!
lo amooo!!