Unos vienen, otros se van

fichajes.jpgComienza el período de fichajes, y la cosmovisión que del universo futbolero tiene cada hincha comienza, consecuentemente, a cambiar, poco a poco, con cada traspaso de un jugador, en un lento pero constante movimiento, como el del desplazamiento de los continentes.

Los que se van

Unos jugadores vienen, otros se van, y con cada marcha o llegada el hincha se encuentra con un cambio en el mapa que dibuja sus amores, odios, filiaciones y manías futboleras. El jugador al que ha aplaudido en los últimos años hasta que le dolían las palmas de las manos, por ejemplo, ha dejado su club. El hincha siente que ha perdido algo, se resiste a reconocer que sus aplausos fueron sólo fruto de un apasionado momento –el gol-. Se debían a algo más, se dice. Al fin y al cabo, cuando se ha amado a alguien, a pesar del paso de los años y de la distancia, a pesar de que sabemos que ese amor nunca renacerá, siempre queda algo, un poso en el alma de aquello que fue. Igualmente, cuando el hincha ha animado a un jugador de los suyos, cuando le ha aplaudido a rabiar, con todo su ser en ese gesto, siempre quedará en él, aún cuando dicho jugador abandone el club de sus amores, un resto que nunca desapareciera definitivamente.

Pero dependiendo del destino que el jugador tenga tras abandonar el equipo del hincha, ese poso, ese resto de un amor pasado, será de un tipo u otro, pudiendo incluso devenir en un furibundo y manifiesto odio. Por ejemplo, si el jugador decide fichar por un-club-que-al-hincha-le-era-ya-simpático, esta simpatía aumentará exponencialmente. Imaginémonos que el jugador decide marchar a un club de Inglaterra. He aquí que el hincha comenzará a seguir con aún mayor interés los resultados del equipo de turno y se sorprenderá a sí mismo, a las seis de la tarde de un sábado cualquiera, emocionado porque aquel que vistió la camiseta de su club ha marcado en el último minuto del partido de la Premier el gol decisivo para la victoria. Será feliz como si su propio equipo hubiera vencido.

Pero el jugador hasta ahora adorado puede irse, sin embargo, a un-club-que-al-hincha-siempre-le-ha-resultado-especialmente-antipático. En este caso, el hincha se encontrará con un conflicto futbolístico. ¿Cómo ha podido a tan gran jugador la oferta de ese club?, se preguntará, y durante unos días devaneará entre matizar su antipatía por dicho club o disminuir su cariño por el jugador. Él no decidirá en esa lucha. Un día, con la temporada comenzada, se verá agradado o irritado por la victoria del club con gol de ese jugador. Y entonces sabrá si ha podido más el cariño o la antipatía.

También es posible que el jugador hasta ahora querido termine jugando para un-club-del-que-el-hincha-nunca-había-oído-hablar. En ese caso, lo más probable es que el hincha sume tal club al panteón de sus elegidos. Imaginemos que el jugador se va, no sé, a Ucrania a jugar con el Metalugh Donetsk, del que nuestro hincha no conocía ni el nombre. Lee en el periódico que su jugador emigra a un país tan lejano, Ucrania, del que sólo conoce el nombre y acierta a ubicarlo más o menos al norte de Europa, y a un equipo tan extraño que ni siquiera sabía de su existencia. En este escenario, es posible que el hincha, a partir del día siguiente comience a mostrar interés por el equipo, la ciudad y el país. Durante la temporada, buscará los resultados en Internet del Metalurgh, mirará, tras cada ronda de la UEFA, si el equipo ucraniano sigue adelante, teniendo un motivo para desear que lo haga, frente a otros clubes, suizos, franceses, húngaros, que le son indiferentes. Quizá también, cuando en las noticias, o en algún libro, documental o película, se hable de Donetsk o de Ucrania, el hincha reaccionará poniendo cierto interés de lo que allí sucede o ha sucedido, pues en ese lugar, lejano, inaccesible, vive alguien a quien, de alguna manera, ha querido.

Pero cuidado. El jugador también ha podido elegir dejar el club al que el hincha sigue para fichar por el-club-del-que-el-club-del-hincha-es-el-eterno-e-irreconciliable-rival. En este caso, el hincha se mostrará desolado. Sus sentimientos se dividirán entre el disgusto y la incredulidad. Pondrá las noticias y ahí aparecerá, su jugador, para animar al cual se ha roto las manos en cada partido, se ha dejado la garganta y la salud, vestido con unos colores que al hincha se le antojan insultantemente ajenos, y con los que ni en sus peores pesadillas se imaginaba que un día vestiría. En los días sucesivos asistirá, en la prensa, en TV, a las declaraciones de quien ha sido hasta ese momento su jugador: “he venido aquí con la intención de ganarlo todo”, “es un honor para mí vestir la camiseta de este club”, etcétera, y el hincha sentirá que su corazón se rompe con cada palabra. Será un sentimiento cercano a aquel que, cuando era adolescente, se apoderó de él al saber que la niña de la que estaba enamorado lo estaba de otro. Será como cuando aquella niña, riendo feliz, decía en alto que amaba a otro, no a él, no a nuestro hincha.

Claro está que el sentimiento será diferente si el jugador ha fichado por ese equipo innombrable porque ha sido previamente descartado por el club del hincha, o si lo ha hecho descartando continuar con el mismo por una cuestión de dinero o de posibilidades de ganar títulos. En el segundo de los casos, el cariño durante años cultivado por ese jugador pasará, al instante, a convertirse en total y absoluto desprecio. El hincha negará haber aplaudido nunca a ese traidor, aún cuando en lo más profundo de sí sepa que no fue así. Cada declaración del jugador, cada gol celebrado con la nueva camiseta, cada copa o liga que gane con la misma, cada palabra elogiosa de los periodistas afines al club rival, serán sentidas por el hincha como puñaladas, debido a lo que antes sintió. Es comprensible. El amor y el odio son dos caras de una misma moneda, dos momentos sucesivos dependientes el uno del otro. No se odia con todo el ser a nadie a quien de alguna manera no se haya amado. Lo contrario al amor, en este sentido, no es el odio, sino la indiferencia.

Por el contrario, en el primero de los casos, si el jugador ha sido previamente descartado por el club del hincha y por ello firma por el rival, nacerá en éste un sentimiento extraño, provocado por un punto de resquemor hacia su propio club por el hecho de haber dado salida al jugador, permitiendo que éste marche al eterno rival. Cada buena actuación del jugador con el rival será una piedra arrojada al tejado del club del hincha, hacia quien verterá el amargor de la pérdida. El jugador, probablemente, será inmune, en este caso, a la ojeriza del hincha que será dirigida exclusivamente al responsable de la marcha del mismo, ya resida este en el banquillo o en algún despacho.

Los que vienen

Algo parecido, pero en sentido contrario, sucede con los que vienen. Cada jugador nuevo en el club provoca un cambio de sentimientos en el hincha, en un abanico que va desde la desolación por el fichaje de un contrastado desastre disfrazado de delantero, hasta la ilusión ante la temporada que comienza, desbordada a partir de un refuerzo que promete un futuro ideal.

Puede ocurrir, por ejemplo, que el club de los amores del hincha opte por fichar a un-jugador-que-hace-años-que-el-hincha-lleva-diciendo-que-debería-ser-fichado. En este caso, el hincha se mostrará eufórico. Acudirá a la presentación del jugador o la verá por televisión y en ambos casos, comentará feliz a quien esté a su lado que él llevaba ya largo tiempo defendiendo este fichaje. Lo tomará como un jugador por él traído –como si él fuera el ojeador que lo recomendó al club, el técnico que firmó la incorporación-, y seguirá cada actuación de este jugador como si fuera su hijo quien corriera por el césped del estadio. De sus actuaciones dependerá la satisfacción de la temporada.

Puede ser, por el contrario, que el club al que nuestro hincha sigue decida fichar un-jugador-que-el-hincha-siempre-ha-dicho-que-es-un-bluf-de-ciudado. En este caso, sentimientos contradictorios se apoderarán del hincha. Por un lado querrá que el jugador triunfe, porque de los éxitos del jugador dependerán los de su club. Pero por otro lado, se sentirá desolado. ¡¿Quién pudo avalar el fichaje de este desastre?!, se preguntará y, parte de él querrá que el jugador fracase, porque el hincha no quiere quedar en mal lugar ante quienes lleva años afirmando que el jugador no vale. Todo hincha tiene su prestigio, y el del nuestro, dependerá de que el jugador triunfe o fracase.

También se puede dar el caso, muy probable, por cierto, de que el club del hincha fiche un-jugador-al-que-nunca-ha-visto-jugar-pero-que-tiene-toda-la-pinta-de-ser-buenísimo. De estos jugadores hay muchos. Jugadores que llegan de ligas desconocidas con el cartel de estrellas emergentes. El hincha oirá su nombre –terminado en “inho”, el “ovic”- y éste le sonará a gol. Lo verá por primera vez, en fotos tomadas en la terminal del aeropuerto, donde ha llegado desde quién sabe donde, y en la que se le ve levantando el pulgar en señal de una victoria aún no lograda. Ese gesto será, a ojos del hincha, la promesa de un futuro de éxitos. A partir de ese día, el hincha afirmará –irracionalmente, pero el fútbol tiene razones que la razón no entiende- que ese jugador es buenísimo, que va a ser el jugador revelación de la temporada, que es un crack en ciernes.

Finalmente, ¿y si el gran fichaje de la temporada del club de nuestro hincha resulta ser un-jugador-proveniente-del-eterno-rival-por-el-que-además-el-hincha-ha-demostrado
-siempre-una-furibunda-antipatía? Pues en este caso, el hincha se encontrará con todo un abanico de sensaciones. Por un lado, al verlo con la camiseta de su nuevo club, su club, que ahora es tanto del jugador como del hincha, sentirá extrañeza. La fuerza de la costumbre ha hecho que a ojos del hincha esos colores no casen con él y éstos se resistirán a esa imagen, como lo hacen a la luz del sol tras haber estado tiempo a oscuras. Después asistirá a todo el repertorio de declaraciones típicas, ante las que, poco a poco, el hincha irá bajando sus defensas, convenciéndose de que aquel odio demostrado durante años, a través de silbidos, de abucheos, de gritos, dirigidos al jugador, desde su asiento del estadio, es algo pasado. Y ya se sabe que agua pasada no mueve molino. Así, en lo más profundo de sí mismo, el hincha se reconciliará con el jugador hasta ese momento odiado. Posteriormente, con el primer gol, la reconciliación pasará a ser amor declarado. En ese momento, extático, el jugador será ya a todos los efectos de los suyos…

… a la espera, claro está, de un nuevo traspaso, que podría darse en cualquier momento.

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Secciones: Fichajes

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7 Comentarios »

  1. #1  martin  dijo,

    27 Junio 2007 12:53 pm

    Dadan, solo por estas cosas que escribes de vez en cuando, ya deberia bendecir el dia que descubri diarios de futbol.

    ¿Que narices estan esperando el As, el Marca, o cualquier otro diario para ficharte y darte una columna?

    Si es que…

  2. #2  SlimShady  dijo,

    27 Junio 2007 1:03 pm

    Q gran post, mientras lo leia me he acordado de un jugador al q echare en falta y al q nunca me imagine con otra camiseta q no fuera la de mi valencia,y ese jugador es Ayala. Cuando surigieron sus problemas con la renovacion siempre dije q no podia imaginar un Valencia sin Ayala en la defensa, y a partir de ahora me va a tocar hacerme la idea.
    Y con lo del club de Inglaterra la has clavado,desde q Rafa Benitez es entrenador del Liverpool tengo una simpatia especial por este equipo,y es q Rafa nos ha dado mucho a los valencianistas y al igual q Ayala,se fue por no ser lo suficientemente valorado por los q mandan en este club.
    Y en el caso de los q vienen tb me identifico con un par de casos,con el q deberia ser fichado fue con Miguel,q siempre me parecio un lateral tremendo y q machaque a mis amigos durante mucho tiempo con lo bueno q era, y curiosamente un jugador con el q me he metido muchisimo q es Arizmendi va y ficha x el valencia,ahora q juega con nosotros tocara animarlo.
    Lo dicho,un post genial Dadan

  3. #3  _luke_  dijo,

    27 Junio 2007 1:35 pm

    chapeau!

  4. #4  Matty  dijo,

    27 Junio 2007 1:59 pm

    Ay! Aún lloro por Eto’o. Pero me alegro de que demuestre todo lo que vale cada vez que sale al Camp Nou. ¡Así aprenderás Florentino! me digo a mí mismo, para descubrir que a quien odio realmente es al gestor de turno que, perdónale señor, no sabía lo que hacía.
    Fíjate, ni a Luis Enrique he llegado a odiar. Otra venta extraña de mi extraño equipo, cosa en la que tu equipo, Dadán, también es un especialista: Ronaldo, Rivaldo, Laudrup, Figo…

  5. #5  kMiLiTo  dijo,

    27 Junio 2007 3:21 pm

    Bravo!!! Que Post !!!

  6. #6  Alkmaar  dijo,

    27 Junio 2007 4:21 pm

    Muy bueno, también podrías añadir el caso de ese jugador que se ganó a toda una afición antes de haber jugado siquiera un partido con su equipo, Henrik Larsson, no sé por qué, leyendo este post me ha venido a la memoria este jugador y me ha recordado las tardes de Domingo de este año que me he sentado a ver los partidos del Manchester sólo por ver si salía y marcaba algún gol…

    Saludos

  7. #7  Pancho  dijo,

    27 Junio 2007 6:37 pm

    @Martin:

    Dadan es DEMASIADO ESCRITORpara la prensa deportiva que nos rodea. Tiene muchísima calidad y creeme que la prensa deportiva se le queda chica!!!

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