El Liverpool, al igual que su rival en la final de esta noche, el AC Milan, también debió superar una ronda previa para clasificarse a la fase final de la presente Liga de Campeones. A diferencia de los italianos, que terminaron la temporada segundos pero se vieron obligados a disputar esta ronda por la sanción impuesta tras el ‘Moggigate’, los scousers finalizaron terceros en la Premier.
En esta tercera ronda de la fase previa, los de Rafa Benítez se enfrentaron al Maccabi Haifa, un rival a priori bastante sencillo pero que, por contra, puso en serios apuros a los reds. En la ida, jugada en Anfield, el Liverpool tuvo serios problemas para derrotar por la mínima (2-1) a los israelíes y, de hecho, debieron remontar un gol de Boccoli a la media hora de partido. Afortunadamente para los locales, el galés Bellamy tardó solo tres minutos en poner la igualada en el electrónico. Sin embargo no fué hasta los últimos minutos de encuentro, concretamente a falta de tres para la conclusión, cuando Mark González anotó el segundo tanto de los suyos; eso sí, después de que Reina salvara el 1-2 en un par de claras ocasiones. La vuelta, disputada en Kiev por el riesgo que suponía haber disputado el encuentro en terreno israelí, se saldó con empate (1-1). Se adelantó el Liverpool, con un tanto de Peter Crouch, como no, de cabeza. Pero ahí no se acabaría el sufrimiento de los de rojo, ya que nueve minutos después Colautti empataría el partido y pondría el encuentro a un tanto de la prórroga. Sin embargo, ese tanto no llegaría, en gran parte gracias a la buena defensa red y al escaso acierto de los locales. Así, tras unos minutos de incertidumbre, el árbitro señaló el final del encuentro y el Liverpool se clasificó nuevamente para la fase final de la Champions.
En el sorteo de la siguiente fase, el Liverpool se vio encuadrado en un grupo, el C, con PSV, Girondins de Burdeos y Galatasaray. Un grupo en que en un principio, a pesar de ser igualado, no debería de suponer un grave escollo para los pupilos de Rafa. Y como era de esperar, así fue. El primer partido le enfrentó al que, en un principio iba a ser su rival por alcanzar el primer puesto, el PSV Eindhoven. El conjunto inglés chocó con un equipo, el entrenado por Ronald Koeman, con un estilo muy similar al suyo: seriedad en defensa, control del centro del campo y velocidad arriba. Así las cosas, dominaron los dos primeros aspectos y ambos equipos firmaron unas aburridas tablas (0-0). Y mientras en Holanda se vio la peor cara de los descendientes de Bill Shankly, en Anfield, en la segunda jornada, se vio la mejor. Los reds vencieron al Galatasaray (3-2) con un doblete de Peter Crouch, que anotó uno de los goles de esta Liga de Campeones al rematar de chilena un centro desde la derecha. Entre los tantos del espigado inglés se coló un gol de Luis García, y se pusieron los locales con una ventaja de 3-0. Con este marcador los reds se relajaron y vieron como Ümit Karan acortó su ventaja con dos tantos. Sin embargo, la victoria no se escapó de Liverpool. El siguiente partido, jugado en el Chaban-Delmas de Burdeos, enfrentó a Gerrard, Xabi Alonso y compañía al Girondins. La victoria fue para los británicos (0-1) merced a un nuevo tanto de Crouch ante un rival que apenas opuso resistencia, consciente de que sus rivales eran los otros dos integrantes del grupo.
La cuarta jornada enfrentó nuevamente a ingleses y franceses, pero esta vez en terreno scouser. El conjunto entrenado por Benítez apenas tuvo problemas para deshacerse del convidado de piedra que acudió a Anfield, y le barrió (3-0) con dos tantos del español Luis García y otro más del capitán Steven Gerrard. Apenas tuvo más historia este encuentro en el que a los de Benítez les salió casi todo bien, mientras que los de Ricardo Gomes ni siquiera intentaron nada. Este partido clasificó matemáticamente al Liverpool para octavos de final, así como al PSV, ya que ambos se colocaron con diez puntos mientras que Galatasaray y Girondins se quedaron con un único punto. Quedaba por decidir el primer puesto del grupo, que se jugarían en el partido que enfrentó a ambos en la quinta jornada. En ella, el conjunto de Anfield, jugando en casa, no dejó lugar a dudas y venció con comodidad a los visitantes (2-0) con goles de Gerrard y, de nuevo, Crouch. En la última jornada, mero trámite, el Liverpool cayó en Turquía frente al Galatasaray (3-2) con un equipo plagado de suplentes y canteranos. No va más. Benítez y los suyos ya estaban en octavos.
Y en octavos les esperaba nada menos que el actual campeón europeo, el FC Barcelona, que se había clasificado con más problemas de los previstos como segundo de su grupo. El choque en ambos partidos fue vibrante y estuvo marcado especialmente por el ferreo marcaje del lateral español Álvaro Arbeloa sobre Leo Messi. En el Camp Nou se adelantó el conjunto blaugrana por medio de Deco, pero los ingleses, a base más de empuje y carácter que de calidad consiguieron dar la vuelta al marcador con tantos de Bellamy primero y Riise después. El Barça tuvo, no obstante, la ocasión de volver a igualar el resultado, pero un buen tiro de Deco se estrelló en el palo. La vuelta la planteó Benítez desde la defensa al ataque y Rijkaard, al revés. La arriesgada apuesta del holandés (el famoso 3-4-3) sirvió para ganar el partido pero no la eliminatoria, ya que el solitario tanto de Gudjohnsen a quince minutos del final fue insuficiente debido al valor doble de los goles en campo contrario.
El PSV volvía a cruzarse en el camino del Liverpool, en esta ocasión en los cuartos de final de la competición. Y nuevamente, los ingleses volvían a salir victoriosos del doble enfrentamiento, más si cabe después de que el partido de ida, en el Phillips Stadium, finalizase con una victoria red (0-3) que prácticamente sentenciaba la eliminatoria a su favor. Gerrard, John Arne Riise y Crouch fueron los autores de los goles. En la vuelta, y por si cabía alguna duda, otro tanto de Crouch certificaba definitivamente la clasificación de los de Benítez para semifinales de la presente Liga de Campeones.
Sólo un último escollo separaba ya al Liverpool de una nueva final europea, y ese volvía a ser el Chelsea de Mourinho. De nuevo, como dos años antes, dos “mentes prodigiosas” colisionaban con un cierto aire de venganza en el ambiente. Y como dos años antes, el español le ganó la partida al portugés. Aunque el primer asalto fue para el Chelsea, en un duelo duro, rocoso, con excesivo centrocampismo y fútbol control, decidido por una genialidad de Didier Drogba culminada por Joe Cole. La vuelta, en Anfield, sería practicamente más de lo mismo. Esta vez, sin embargo, el choque lo tornó el Liverpool a su favor merced a una jugada de estrategia finalizada por el danés Agger. La eliminatoria estaba en tablas y, a diferencia de la de hace dos años, se decidiría en los lanzamientos de penalti donde, como en la final de la FA Cup de la temporada pasada, Pepe Reina fue la estrella. El Liverpool volvía a dejar en la cuneta al Chelsea y se clasificaba por segunda vez en tres años para una final de Champions, en la que volverá a atronar el “You’ll Never Walk Alone”.
Y, como hace dos años se enfrenta esta noche al Milan. Si el encuentro es la mitad de emocionante que el de 2005, podremos darnos por satisfechos.





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