Cuando hoy dos multitudes vestidas de blanco, azul y rojo caminen por Cathcart Road y comiencen a vislumbrar en la distancia la impresionante mole de Hampden Park, muchos de ellos sabrán que se dirigen a un lugar histórico, a un templo del balompié. Seguramente la mayoría, por no decir todos, tendrán en su memoria la impresionante volea de Zidane que valió la Novena, y los más entendidos, o quizá también los mayores, se acordarán de aquella final que ganaron los Di Stéfano, Puskas y compañía metiendo siete goles en una final de la Copa de Europa. El mejor partido jamás jugado, dicen.
Sin embargo, es poco probable que demasiados de esos aficionados conozcan realmente cuánta Historia tiene detrás el estadio en el que van a vivir una velada inolvidable. Cómo cuando aquel irrepetible equipo blanco sentó cátedra para siempre, eran ya varias generaciones las que habían disfrutado fútbol en Hampden. O que de aquel monstruoso y destartalado coliseo al supermoderno estadio de la actualidad mediaba tanto o más distancia de la existente entre el primero y el Hampden Park original, de cuya fundación ya han pasado más de 120 años.
Y es que ya ha llovido desde que alrededor de 1870, los amiguetes que habían formado un equipo llamado Queen’s Park (no confundir con el Queen’s Park Rangers inglés) estaban hartos de andar de un lado a otro para disputar sus partidos como locales, pues aún no tenían sede fija. Se trataba de partidos amistosos, pues en aquellos tiempos los pioneros aún se habían organizado en las grandes competiciones que conocemos hoy en día. Así, los miembros del equipo consiguieron, a la segunda, que el Ayuntamiento les alquilara unos terrenos en el lado este de Cathcart Road. No era demasiado, y el alquiler tenía que ser confirmado cada poco tiempo, pero sí un comienzo. El campo se bautizó como Hampden Park por una aglomeración de casas cercanas, recientemente construidas, que llevaban ese nombre.
Con todo preparado, se llevo a cabo la gran inauguración, el 26 de Octubre de 1873. Fue un partido contra el Dumbreck y los locales, que por primera vez vistieron el uniforme blanquinegro, golearon a su rival por 7-0. No es de extrañar la goleada, pues por aquella época los Braindeads eran quizá el mejor club de Glasgow, siendo prueba de ello que en el primer partido oficial entre Escocia e Inglaterra, disputado un año antes, todos los futbolistas caledonianos pertenecían a este equipo. Parece ser que el color de la indumentaria de Escocia, azul oscuro, procede del antiguo color de las camisetas del Queen’s Park, que cambió, como ha quedado dicho, en el primer partido en Hampden.
Pasaron diez años, en los cuales el club construyó un pequeño pabellón, separado del campo, para servir a la vez de sede y vestuario. Habida cuenta de la popularidad que estaba tomando el fútbol, había voces que hablaban de acometer una obra más seria; sin embargo,y con buen criterio, los rectores del club iban aplazando esos momentos hasta que no se poseyera una sede permanente. Hicieron bien, porque en 1883 el Ayuntamiento les dijo que tenían que irse, pues por los terrenos que ocupaba el campo iba a pasar la vía del tren. En aquel lugar se levanta en la actualidad una bolera.
Así que el club tuvo que moverse, e incluso debió jugar durante varios meses en el campo del Clydesdale. Curiosamente, el equipo al que el Queen’s Park había vencido por 2-0 en la final de la Copa Escocesa, convirtiéndose en el primer campeón del que es, en la actualidad, el torneo más antiguo del orbe.
Al final el club encontró unos terrenos a unos cuatrocientos metros de donde habían jugado hasta el momento, y aunque les fue imposible comprarlos, los fueron alquilando en un régimen renovable cada cinco años. Se construyeron dos pabellones, que fueron pagados a plazos por los aficionados, que eran legión. Normal, por otra parte, porque fueron los mejores años del equipo, en los que ganó sus otras dos Copas. Más tarde, su renuncia a la profesionalidad –que aún hoy sigue haciéndolo único en el mundo- obligó al Queen’s Park a ceder el cetro del fútbol escocés a los dos grandes, Celtic y Rangers, pero al menos le garantizó durante treinta años el privilegio singular de estar eximido de descensos.
En 1900 el club encontró al fin su hogar definitivo. Consistía en una parcela de doce acres que vendía un tal Henry Gordon, esta vez en la orilla oeste de Cathcart Road. Tras adquirirse el terreno, y ya con bastante dinero, el Queen’s Park afrontó la construcción de un gran estadio. El responsable del proyecto fue Alexander Leitch, arquitecto de construcciones tan emblemáticas como Old Trafford o Ibrox Park, quien diseñó un gran coliseo oval y descubierto con dos tribunas. Las obras duraron tres años, al final de los cuales el club pudo cambiar de acera y sentirse por fin en casa. El segundo Hampden pasó a ser la sede del Third Lanark, y cambió su nombre por Cathkin Park. Abandonado a finales de los años sesenta, aún queda un terreno de juego público en el lugar.
Así pues, el Queen’s Park tomó posesión de su nuevo campo en un partido contra el Celtic que ganaron los primeros por un gol a cero. Los primeros años del siglo fueron buenos para Hampden: se llevó a cabo una nueva ampliación que aumentó la capacidad del campo hasta más de cien mil espectadores, convirtiéndose de esta forma en el estadio más grande del mundo (disfrutó de esta distinción hasta 1950 en que se construyó Maracaná); se unieron las dos tribunas, cubriéndose parte del estadio; y también el club consiguió comprar los terrenos adjuntos, remozando la casa del antiguo granjero y tornándola en un bonito pabellón que todavía existe. Por esta época se dice que surgió también el “rugido de Hampden”, el descomunal sonido de la hinchada que podía oírse a varias millas de distancia.
El estadio tomaría su forma definitiva a finales de los años treinta, cuando una nueva ampliación de 5.000 espectadores y un acuerdo con la federación lo convertían en el Estadio Nacional de Escocia, donde desde entonces la selección jugaría sus partidos. Fue la época grande del estadio, cuando se alcanzaron asistencias multitudinarias, casi increíbles. De hecho, se cree que en el partido Escocia-Inglaterra se produjo la mayor concentración de espectadores jamás vista en un partido europeo, pues se rozaron los 150.000 espectadores.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Queen’s Park estuvo a punto de abandonar el estadio por graves problemas de dinero, y el club fue salvado por la pronta reanudación de la Liga. El campo fue utilizado como lugar de concentración de prisioneros de guerra alemanes, y milagrosamente se salvó de los bombardeos de la Luftwaffe. Sólo ardió el pabellón exterior, alcanzado por una bomba incendiaria. Más tarde sería reconstruido.
A partir de entonces pasaron varias décadas tranquilas, sólo perturbadas primero por aquel mítico 7-3 del Madrid del que hemos hablado, en el que 130.000 personas asistieron, de piedra, al cenit de un juego “nunca visto en Gran Bretaña”, según un cronista de la época, y después por la final de la Copa de Europa de 1976, donde el Bayern se erigió en tricampeón tras derrotar, gol de Roth, al sorprendente Saint Etienne de Santini, Rocheteau y los Revelli. Un buen lugar, sin duda, para cerrar ciclos gloriosos.
A finales de los ochenta se decidió la última gran reforma de Hampden. El estadio había quedado desfasado, ciclópeo en sus proporciones pero carente de las mínimas comodidades, descubierto en su mayor parte y falto de medidas de seguridad. Recientes los desastres de Heysel y Sheffield, seguramente este último motivo fue el que decidió a las autoridades a acometer un descomunal proyecto de 400 millones de libras. Se demolió parte del campo, se redujo el aforo a 50.000, con todas las localidades de asiento, se cubrió el recinto en su totalidad, se reorganizaron los accesos y, en fin, se le dotó de todo lo necesario para convertirlo en el estadio de cinco estrellas que es en la actualidad. El estadio, prácticamente construido de nuevo, fue reabierto en Mayo de 1999, tras diez años de obras intermitentes, con motivo de una nueva final de la Copa de Escocia. Es reconfortante saber que, tras muchos pleitos, el Queen’s Park –tristemente hundido en Tercera División actualmente- logró conservarlo como su terreno propio, a pesar de multitud de presiones en sentido opuesto.
Este santuario, porque no merece otro nombre, será el que acoja esta noche la gran final de la UEFA. Ojalá el partido, los contendientes y las aficiones estén a la altura del escenario. Como lo estuvo Zidane.
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NdF | El mejor recuerdo de Hampden Park








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#1 Leon dijo,
16 Mayo 2007 1:25 pm
Me encanta esta serie sobre estadios, es buenísima. Y Hampden es una maravilla, sobre todo cuando juega allí Escocia y cantan el himno al principio. Esta noche también claro.
Vote:#2 edson dijo,
24 Noviembre 2007 6:08 am
un estadio maravillosooo aparte del seltik park
Vote:siempre lo veo por
tv
y me pareseee inpresionanteee
es el mejor o uno d elos mejores del mundoo
sii yo fuera eskosess me gustaria jugar alli
y kon todoo los fans apoyandomeee
el pa raiso del futbol
para mi
#3 Los partidos del año: Una de las finales de Antonio Puerta » Diarios de Futbol dijo,
31 Diciembre 2007 4:56 pm
[...] UEFA tuvo protagonistas españoles: Sevilla y Espanyol. Ambos equipos llegaron a la cita europea en Hampden Park, la casa deportiva del Queen’s Park FC, después de una trayectoria casi inmaculada, sobre todo [...]
Vote:#4 pauziou dijo,
27 Mayo 2008 12:29 pm
un estadio chulisimo de visitar. hace años vivi en glasgow y me escape a verlo un dia, hacen vistaspor dentro y adeams de ver lo tipico, vestuarios campo a pie de cesped y demas incluye una visita al museo con bastante curiosidades y coasa interesantes, como un acopa de europa cedia por fergusson, una con la final del madrid-bayer y zizou metiendo goles a porrilo por la escuadra……….
Vote:#5 Por qué es bueno que entrene Maradona » Diarios de Futbol dijo,
20 Noviembre 2008 2:39 am
[...] marcaba la previa hasta que el arbitro hizo sonar su silbato tres veces. Fue acabar el partido en Hampdem Park y ponerse en marcha un ritual de abrazos, besitos y arrumacos cómplices en la expedición [...]
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