Se presumía menos dura la eliminatoria de octavos de final que enfrentó al Maccabi con el Español, pero la verdad es que el equipo blanquiazul sufrió, y mucho, en el encuentro disputado en Haifa. Ante un equipo israelí donde destacan el interior derecho brasileño Boccoli, el delantero Katan, cedido por el West Ham, y el veterano central Harazi –no confundir con el ex Salamanca-, Valverde volvió al 4-4-2, con Moha y Rufete en los carriles y De la Peña en el medio centro. El experimento no funcionó y el centro el campo catalán fue ahogado por la presión del cuadro hebreo, a veces innecesariamente duro; tanto es así, que De la Peña acabó sustituido por Costa, en gesto inequívoco de que el preparador blanquiazul aceptaba la batalla. Al final no se movió el marcador, aunque bien pudo hacerlo, pues el árbitro anuló un gol a cada equipo. Al final, seguramente el Maccabi mereció más, pero un 0-0 en casa tampoco es mal resultado en competición europea.
En la vuelta Valverde decidió ir a por el partido, sentando al extremo Rufete y sacando el tridente, con Tamudo moviéndose por detrás de Luis García y Pandiani. El dispositivo, sin embargo, no le dio resultado en la primera parte, muy bien jugada por los israelíes, que utilizaron todo un catálogo de faltas tácticas para impedir cualquier atisbo de velocidad en el ataque blanquiazul, y donde Keinan fue un coloso en el centro de la defensa. Apenas un par de disparos de larga distancia del Español parecían un bagaje muy pobre para afrontar el segundo tiempo. Sin embargo, ya se sabe que en fútbol una acción aislada pone boca abajo un partido, y esto siempre es más fácil cuando jugadores como el pequeño Buda están en el campo: Iván se sacó de la chistera un disparo parabólico desde 25 metros que entró por la escuadra, y el Maccabi, sin plan alternativo, se derrumbó como un castillo de naipes. A partir de aquí, llegó el festival. Primero un sensacional pase perpendicular de Pandiani que elevó Tamudo con sutileza sobre el portero; más tarde, un envío de De la Peña de esos que pocos jugadores pueden hacer, diagonal y raso al lugar justo donde Luis García podía clavarla; y finalmente el centro de Rufete, recién ingresado en el campo, y el cabezazo de rigor del Rifle, que nunca ha faltado en la competición. Un 4-0 seguramente exagerado, pero muy fortalecedor para un Español que había sufrido en la eliminatoria.
En los cuartos esperaba el Benfica, segundo campeón de Europa que se cruzaba en la competición con los periquitos, y la ida fue en Montjuic. Salió el Español con dos delanteros, Tamudo y Luis García, mientras que a Pandiani se le reservó el papel de revulsivo, y las bandas las ocuparon Riera, al extraordinario nivel de su final de temporada, y Rufete. El equipo portugués, por su parte, salió con bastantes precauciones , bien pertrechado por tres medios centros: Petit, Coimbra y Karagounis. Así las cosas, no había ocurrido prácticamente nada cuando al cuarto de hora Tamudo recibió en carrera al borde del área, dejó sentado a Luz y remató con furia. El 1-0 no cambió el signo del partido, con las águilas adormecidas y el Español agazapado, buscando otro picotazo mortal. Momento que llegó cuando el capitán puso un centro desde el córner, empalmó Riera y el balón chocó en el cuerpo del desesperado Nelson antes de colarse. Con la ventaja estándar para pasar de ronda en Europa se llegó al descanso, justo después de dos buenas oportunidades de Simao y Nuno Gomes. A la vuelta el Benfica se había estirado considerablemente y el Español, anulado De la Peña y perdida la pelota, se iba cada vez más atrás. Sin embargo, si algo hace bien este equipo es el contragolpe, y una buena salida de balón acabó en centro desde la izquierda que Pandiani convirtió en el 3-0. Montjuic era una fiesta, pero los goles no se correspondían con el juego, y el fútbol iba a castigar al Español. Salió Miccoli por un intrascendente Derlei, Santos pasó a jugar con dos extremos, y en cuatro minutos el Benfica metió dos goles y le dio la vuelta a la eliminatoria. El último tramo del partido vio a un Español incrédulo ante lo que había ocurrido, mientras que su rival cuidaba un tesoro obtenido en un extraño partido que se jugó a tirones.
En la vuelta en Da Luz, casi cualquier victoria valía al Benfica. Valverde sacó una alineación típica, con dos tapones, Moisés e Ito, De la Peña por delante y Riera por la izquierda. Sin embargo, a la hora de la verdad, el Español se se guareció atrás y se dispuso a dejar pasar el tiempo. Los locales, por su parte, que habían salido con Miccoli y un renacido Rui Costa –que hizo un buen partido- en el equipo titular, no presionaron con gran convicción en la primera parte, como convencidos de que el gol necesario llegaría. Apenas unos cuantos saques de esquina que no generaron peligro, y un buen remate de Nuno Gomes que sacó Gorka Iraizoz. La segunda parte fue otra historia, pues el equipo portugués empezó a sentir la soga al cuello y se lanzó al abordaje ante un Español temeroso que pasó un calvario. La última media hora fue un asedio sin pausa ni desmayo, con Valverde quitando delanteros al ritmo que los metía Santos, con los blanquiazules sin poder salir de su área, balones cruzados y, desde luego, muchas ocasiones. Pudo llegar la sentencia en dos tiros al palo, y sobre todo en un remate de Nuno Gomes que sacó Gorka sobre la línea; una parada increíble, plena de reflejos, que hace merecer al guardameta el título de héroe. Pero aguantó el Español, y se fue de Lisboa con el rostro del superviviente.
En el último peldaño antes de la final se encontraba el Werder Bremen, seguramente uno de los equipos más ofensivos de Europa, y al que ya el Barcelona había echado de la Champions. Consciente de que el Werder con espacios podía romper a su equipo, Valverde diseñó el partido a la contra, con Moisés poniendo los grilletes a Diego, Jarque y Torrejón secando al ariete Klose, y los interiores bien cerrados para tapar a los laterales germanos, Fritz y Owomoyela, y a la vez con licencia para lanzarse al ataque. Desconectada su fogosidad, no es el alemán un equipo que sepa mascar partidos que no se abren, y suele pagar su incomodidad con faltas de concentración. En una de ellas, Rufete recibió en el pico del área tras un córner, más solo que la una, y levantó el balón para que Moisés Hurtado hiciera el primero. De ahí al final del primer tiempo, el Werder ofreció poco más que un tiro de Frings marca de la casa que sacó Gorka in extremis. No parecía esperable, pero la eliminatoria se decidiría en un los primeros minutos de la reanudación. Primero con otro córner que cabeceó Pandiani en el primer palo llegando como un bulldozer, y luego en un contragolpe fulgurante donde Tamudo quebró en el mano a mano a Wiese, que no tuvo más remedio que derribarlo y con ello ganarse la expulsión. Con 2-0 y superioridad numérica, Valverde estimó que era suficiente, sacó a Jonatas e Ito y decidió que no se jugase más. Colaboró el Werder, groggy durante toda la segunda mitad, y el partido de Montjuic concluyó con el enésimo gol crucial de Coro. Clasificación casi certificada, si no fuera por la sombra de Leverkusen.
Sombra que pareció alargada durante bastante parte del partido de vuelta. Schaaf, que no necesita demasiado estímulo para lanzarse a tumba abierta, salió con cuatro delanteros –Hunt, Klose, Jensen y Almeida- en una clara declaración de que buscaba el milagro, mientras que Valverde, limitado por la ausencia forzada de Moisés, presentó un mediocentro con Ito y Zabaleta que fracasó ante el empuje de Frings y la clase de Diego. A los cinco minutos ya vencían los alemanes, tras un grave fallo de David García que aprovechó Almeida; el estadio rugía, y la impresión era que la triste historia del 88 podía repetirse. Hasta tres ocasiones sumaron los teutones de inicio, antes de que Klose se ganase la expulsión por una estupidez y le cortase las alas a su equipo: el delantero, de quien se rumorea que jugará el año próximo en el Bayern, salió abucheado. Sin embargo, a pesar de jugar con diez, no decreció el empuje de los verdes, que a pesar de no crear ocasiones clarísimas en la primera parte, siempre dieron la impresión de estar cerca del gol. Comenzó igual el segundo tiempo, y la sustitución de Owomoyela por Schindler dio lugar a un 3-2-4 en el Werder digno de otras épocas; no se puede pedir más arrojo. A punto estuvieron los teutones de hacer el segundo en una falta y un rechace despejados por Gorka, más nervioso de lo habitual todo el partido. Pero estaba escrito hace mucho tiempo que el Español estaría en la final de un modo u otro. En la primera salida del equipo catalán con cierto peligro Riera se las arregló para sacar buen centro, el arquero Reinke falló lamentablemente y Coro clavó otro de estos goles que le están convirtiendo en leyenda. Ahí terminó el partido, con los alemanes hundidos por el esfuerzo sin premio y los españoles tan felices que aún tuvieron ánimo para ganar el partido, con un gol de Lacruz de cabeza. Ya sabían que Glasgow les esperaba.







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#1 Garrincha7 dijo,
16 mayo 2007 12:12 am
Ajax, Benfica, Werder Bremen …. muchos grandes equipos han caido por el camino como para no llevarse la copa a Montjuic.
Vamos ESPAÑOL, toda la suerte del mundo, que os la mereceis !!
#2 radikx dijo,
16 mayo 2007 8:14 am
Pase lo que pase (espero que, como perico que soy, que gane el Espanyol) el Espanyol ya ha marcado su nombre con fuego en esta edición de la copa de la UEFA:
- 11 partidos ganados, 3 empatados y 0 perdidos. Único equipo invicto en competición europea.
- 32 goles a favor y 9 en contra.
- Pichichi de la UEFA Pandiani con 11 goles a favor y de momento de todas las competiciones europeas (Kaka, a falta de la final, lleva 10 marcados)
- Ha eliminado a grandes equipos como el Ajax, el Benfica o el Werder Bremen.
Con estas estadísticas, ¿porqué no podemos soñar?