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De Sevilla a Glasgow (II)

Palop

El sorteo de octavos de final emparejó al Sevilla con el Shakhtar Donetsk, un conjunto sin excesivo pedigrí continental, pero que lleva varios años disputándole la supremacía en Ucrania al todopoderoso Dinamo de Kiev, y que dispone de varios futbolistas más que interesantes. Además la suerte dispuso que el primer encuentro se disputara en el coliseo sevillista. El conjunto nervionense salió con su clásico 4-4-2, con Duda en el interior izquierdo y Alfaro en la media punta asistiendo a Kerzhakov, mientras que el Shakhtar se plantó en el césped con cinco defensas y la clara intención de salir al contragolpe. La primeros veinte minutos fueron una exhibición del Sevilla de las clásicas de esta temporada, espoleados los futbolistas por el penalti anotado por Martí a los cinco minutos de partido. Las llegadas eran constantes, y a punto estuvo de marcar Alfaro el segundo con un balón que se estrelló en el poste. Sin embargo, en medio de la catarsis, un balón parabólico al área local, una salida tardía de Palop, buen tiro del defensa Haubschman y empate. Vuelta a empezar. El resto del primer tiempo le costó más llegar a los locales, y lo mejor fue un lanzamiento de falta de Duda que repelió el poste derecho del arco defendido por Shust.

Salió en el segundo tiempo el Shakhtar con mayor ambición, y fruto de ello llegó primero un buen lanzamiento de libre directo que detuvo Palop, y luego un penalty que transformó el finísimo Matuzalem. A partir de ahí, y ya con Adriano en la banda, el Sevilla optó por la vía heroica y sumó varias oportunidades, más por insistencia que por fútbol. En el medio, Fernandinho, Brandao y el mencionado Matuzalem enfriaban el juego dentro de lo posible. Y cuando en las gradas ya se percibía el olor de la derrota, un tercer penalty señalado por el colegiado Kassai permitió a Maresca firmar un empate agónico, que predecía sufrimiento en Ucrania.

Sin embargo, ni el mejor dramaturgo hubiera podido imaginar un desenlace como el que se iba a vivir en el partido de vuelta. En un campo muy difícil salió el Sevilla como una tromba, y su primer tiempo fue de lo mejor de esta temporada, con Daniel Alves jugando por dos, Maresca recordando al de la final de Eindhoven y Kanouté bajándolo todo del cielo. Más de diez llegadas claras, un tirazo de Chevantón que sacó Shust, dos de Luis Fabiano, un mano a mano de este mismo futbolista, un balón al poste… una tempestad de fútbol cayó sobre la meta ucraniana, que milagrosamente salió indemne. Y nada más reanudarse el partido, sorprendía Matuzalem adelantando a su equipo con un formidable escorpión, uno de los goles de la temporada. No se hundió el Sevilla, sin embargo, y poco después encontró su recompensa en un gran testarazo de Maresca, aunque había que volver a marcar para pasar de ronda. Entró entonces el partido en una vorágine, con el equipo andaluz volcado y el Shakhtar sacando afilados contragolpes plenos de precisión; en uno de ellos, Elano recogió un gran pase en profundidad y fusiló a Palop en el mano a mano. Todo parecía perdido y el partido moría ya, cuando llegó un córner desde la derecha, y el cabezazo histórico del portero sevillista que valió una eliminatoria. Porque los ucranianos, hundidos, penaron en la prórroga, como sólo esperando que alguien o algo les librase de la pesadilla. Pero no era tal, era la realidad, y así lo certificó Chevantón clavando el 2-3 tras una gran diagonal. Parecía mentira, pero el Sevilla había salido vivo de Donetsk.

En cuartos esperaba un rival de cuidado, el Tottenham Hotspur, y no tardó ni cinco minutos en demostrarlo. Con los jugadores aún adaptándose al campo, Berbatov controló en la media luna y asistió perfectamente al desmarque diagonal de Keane, que marcó a puerta vacía tras rechace de Palop. El gol dejó groggy al Sevilla ante un Tottenham que comenzó fenomenal, y que por poco clava el 0-2 unos minutos más tarde en otro ataque fulgurante. Pero la suerte hizo esta vez un guiño al equipo blanco, en forma de un inexistente penalty a Adriano que transformó Kanouté como quien lava. Poco después, Kerzhakov convertía el último de una serie de cabezazos en el área spur, con lo que el Sevilla tomaba ventaja sin haber hecho prácticamente nada. Los goles espolearon a los andaluces y especialmente a Jesús Navas, que hizo pedazos a Chimbonda en la banda derecha, pero el marcador no se movió. El partido se volvió más áspero y táctico en la reanudación, con una lucha titánica en el centro del campo entre Poulsen y Renato, por una parte, y Zokora, un prodigio físico, en la otra. El joven Aaron Lennon fue el hombre más incisivo del conjunto londinense, aunque ninguna de sus penetraciones alcanzó el objetivo, sobre todo porque no fue la noche de Robbie Keane, a pesar de su gol inicial. Tampoco la de Kanouté, que falló un par de remates más o menos francos en la otra área. El 2-1 final pareció satisfacer a unos y otros, en espera del segundo acto.

Y lo que hizo el Sevilla en la primera parte de White Hart Lane es algo que en Inglaterra sólo se ve en los mejores momentos de Manchester United, Chelsea o Arsenal. Descabalgó al Tottenham en un ejercicio de poderío y contundencia, con Poulsen de mariscal en el centro del campo, Daniel Alves como un puñal en su nueva posición de interior, y Kanouté mostrando ser el triple del futbolista que salió de ese mismo equipo dos años antes. A los siete minutos Kanouté y el propio Poulsen ya habían cerrado aparentemente la eliminatoria, el segundo con un cabezazo que Malbranque introdujo en la portería al intentar despejar, y el primero tras una cuerda maravillosa delante de Robinson. De hecho, el Sevilla pudo irse a la caseta con una goleada en la talega si Kerzhakov hubiera andado sólo un poquito más fino. Sin embargo, en la segunda parte la decoración cambió radicalmente, y tocó sufrir. Los spurs habían cobrado vida al final de la primera parte con un tirazo al palo de Berbatov, y en la segunda el cambio de banda de Lennon y la salida de Defoe fueron mano de santo para ellos. Tras veinte minutos de acoso, estos dos futbolistas consiguieron empatar el partido en dos jugadas de raza, muy típicas del fútbol anglosajón. Por momentos los segundos parecían horas, pero Juande Ramos consiguió enfriar el partido cargando el equipo de medios centros y pasando a jugar con tres centrales. Pasada la tempestad, el Tottenham fue muriendo poco a poco, y el partido se cerró con una entrada brutal de Taimio a Puerta –autor este de un soberbio partido- que mereció la expulsión.

El penúltimo peldaño antes de repetir final emparejaba al Sevilla con Osasuna, bestia negra particular del equipo andaluz y autor de un partido excepcional en Leverkusen, donde casi golea al Bayer. Y en el partido se pudo abundar en la hipótesis de que Ziganda es uno de los pocos que conocen los puntos débiles del conjunto hispalense, pues logró que este pareciera mucho menos de lo que es y cuajara su peor partido en la competición. Puñal por colocación y Raúl García por despliegue se comieron a la media del Sevilla, especialmente a un desfondado Poulsen, mientras que Juanfran y David López, que entraron poco a poco en el partido, exigieron como nunca a una de las parejas de laterales más solventes de nuestro fútbol. Fue un partido de una sola dirección, en el que Osasuna siempre pareció mucho más cerca de marcar que un empequeñecido Sevilla. Pudo hacerlo cualquiera de estos cuatro en el primer tiempo, pero tuvo que ser Soldado, que impartió un manual de cómo debe jugar un delantero centro, quien desnivelase la contienda en una jugada a balón parado, ya avanzada la segunda. Después rozó el gol un par de veces más, con la línea defensiva del Sevilla reculada en su área, hecho insólito. Y cuando arreciaba la presión del antiguo Sadar y se mascaba el segundo, tuvo que llegar una lesión del árbitro para romper el ritmo del partido. A partir de entonces, y con Osasuna ya cansado, el Sevilla supo estar y llevó el partido a su conclusión aceptando el 1-0 como mal menor. Resultado corto para los méritos de unos pamplonicas que se despidieron entre el aplauso de su gente.

Como se preveía, el partido de vuelta fue muy diferente. El Sevilla, inferior en músculo a Osasuna en la ida, se blindó con tres medios centros y sacó a sus dos puntas más fuertes, Kanouté y Luis Fabiano, mientras que Ziganda salió con un 4-5-1, Webó de hombre boya y vocación eminentemente defensiva. Demasiada quizás, porque el actual Sevilla tiene tanta calidad, que incluso si te sale el partido soñado, sin ningún tipo de acercamiento del rival ni grave peligro, suele aparecer una individualidad revuelca el planteamiento. Y así fue, porque tras media hora en la que no ocurrió casi nada, un pelotazo de Poulsen fue bajado con pericia con Luis Fabiano, quien con un excelente movimiento se quitó de encima a los centrales y batió a Ricardo. Fue casi lo único reseñable de un primer tiempo anodino y desagradable desde el punto de vista del espectador.

En el segundo tiempo salió el Sevilla más decidido a por la victoria, y pronto avisó Renato –seguramente, el mejor futbolista sobre el césped- con un disparo lejano que lamió el poste. Osasuna se estuvo pensando un rato si ser toro o torero, hasta que se decidió a salir con un buen contragolpe que llevó Juanfran y desperdició Webó; el castigo fue inmediato, pues el balón llegó en cuestión de segundos a Alves, y el brasileño realizó un envío teledirigido que remató con precisión Renato para que pasara junto a la estatua de Ricardo. Con 2-0 y un panorama completamente diferente, el Cuco sacó a Valdo y Delporte y Osasuna se lanzó con todo sobre la puerta de Cobeño, mientras Juande apostaba por la velocidad de Kerzhakov para matar a los navarros a la contra. Fueron veinte minutos de abrumadora intensidad, ida y vuelta, con ambos equipos al filo de la navaja y los centrales multiplicándose. Con el partido ya cerca de morir, fue Pierre Webó quien tuvo en sus botas la final, pero su gran disparo lo escupió el poste. Así fue como Osasuna vendió cara su piel, en una eliminatoria en la que quizá globlamente estuvo un punto por encima del Sevilla, pero en la que pecó de falta de ambición en el segundo partido. Los hispalenses dieron por buena la agonía, y ahora afrontan el desafío de relevar al Madrid como último equipo en ganar dos copas de la UEFA consecutivas. El Madrid de la Quinta del Buitre, por cierto.

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Secciones: Copa de la UEFA, Sevilla

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3 Comentarios »

  1. #1  Carlos  dijo,

    12 Mayo 2007 6:28 pm

    Este Sevilla es una máquina que espero nos seguirá dando muchas alegrías.Y si venden en los periódicos que van a desmontar el equipo, pues a trabajar León de San Fernando…

  2. #2  Onio  dijo,

    13 Mayo 2007 12:24 am

    Muchas gracias por este repaso de la evolución del Sevilla en la UEFA este año. Son tantos partidos y competiciones que al final hay muchas cosas que no se recuerdan del todo bien.
    A ver si todo termina felizmente este miécoles.

  3. #3  Sevilla FC: el año de la consagración » Diarios de Futbol  dijo,

    2 Julio 2007 3:52 pm

    [...] de Palop en Donetsk, las remontadas en el Pizjuán ante el propio equipo catalán y el Real Madrid, el memorable primer tiempo de White Hart Lane, los penaltis de Glasgow, la cabalgada de Kanouté ante el [...]

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