Los Madrid-Bayern que he vivido (I)

santillanaAnte el Madrid-Bayern de mañana, aquí va un pequeño repaso de las repeticiones de este magnífico duelo que me ha sido dado disfrutar a lo largo de estos años. No aparece el primero, por razones de edad, ni tampoco el de 1988, del que extrañamente no guardo ningún recuerdo. Pero los demás sí que están, así que esperamos que os gusten. Por su longitud, dividimos el post en dos partes.

22 de Abril de 1987. Bicampeón vigente de la copa de la UEFA, el Madrid retornaba en este partido a su competición favorita tras conseguir una estupenda marca de quince eliminatorias europeas consecutivas sin caer eliminado. El Bayern, por su parte, presentaba un argumento de mucho más peso: en el partido de ida, parecido a una batalla, se habían impuesto por 4-1. No era uno de los mejores equipos alemanes que podamos recordar, aunque tenía al arquero Pfaff (memorable su partido en el Bernabéu), a Eder y Pflugler en la defensa y a Andreas Brehme como centrocampista. El Madrid sí que poseía una fantástica formación, con la emergente Quinta del Buitre, Camacho atrás y Hugo y Santillana arriba aportando gol y carácter. El Bernabéu se aprestaba a vivir otra noche mágica, aunque el colegiado francés Vautrot no permitiera, en los primeros minutos, ni una sola de esas entradas entre viriles y violentas con que los blancos solían acongojar a los rivales en tales ocasiones. El partido salió trabado, y sólo lo rompió Santillana a la media hora tras resolver un barullo en el área. Poco después se autoexpulsó el defensa germano Augenthaler tras responder a un típico desplante de Hugo. Sin embargo, con todo a favor, el Madrid no fue capaz de reventar en la segunda mitad el entramado defensivo germano, sobre todo a partir de que el desfondamiento de Gordillo y Míchel dejara huérfanas las bandas, y Beenhakker descabezara el equipo retirando a un espléndido Martín Vázquez. Las manos de Pfaff hicieron el resto, y el partido murió sin más noticia que el lanzamiento de bengalas de los infames Ultrasur, que alcanzaron al árbitro y al propio portero belga. El Bayern sería derrotado posteriormente en la final por el Oporto de Futre y Madjer.

effenberg29 de Febrero de 2000. Uno de tantos partidos de la segunda fase de la Champions se convirtió en uno de los más memorables choques que jamás se hayan visto en Copa de Europa. El Madrid llegaba en pleno estado de euforia, tras pasar por el infierno, salir de él y culminar su recuperación despedazando al Barça en el Bernabeú. Pero no esperaba encontrarse con un Bayern a la altura de la mejor versión que jamás haya podido existir del equipo bávaro. Los alemanes pasaron como un huracán por el coliseo blanco, especialmente en un primer tiempo insuperable, y sólo el empaque y el orgullo madridista libró a los blancos de una humillación mayúscula ante su gente. Ya a los diez minutos Mehmet Scholl tocó la campana por primera vez, culminando una sucesión de toques en una sutil vaselina imposible para Casillas. Con Matthäus como Kaiser en la defensa, Lizarazu un misil por la izquierda, incontrolables Elber y Paulo Sergio arriba y, sobre todo, guiados por la excelsa batuta de un redivivo Effenberg, los futbolistas teutones monopolizaron el balón, abrieron el campo y desarrollaron un exquisito fútbol de toque, apertura y movimiento que no encontró respuesta en el mediocampo blanco. En el ecuador de la primera, un estupendo friqui raso de Effenberg se convertía en el 0-2, justo antes de que Morientes acortase distancias tras cabezazo al palo de Raúl. Una gota de agua en el mar, pues poco después el Bayern enlazó otra combinación primorosa, con taco de Elber para que llegara Fink como un mercancías e incrustara en el tercero en la escuadra de Iker. Con el 1-3 se llegó al descanso, sensación de aplastamiento. En la segunda parte, sin embargo, el Madrid se colgó del orgullo de gente como Raúl, Redondo o Míchel para equilibrar la contienda. Si había que morir, que fuera de pie. Le ayudó, sin duda, comprimir el marcador con uno de los goles más increíbles jamás vistos en Europa: pase de setenta metros diagonal de Hierro, Roberto Carlos la centra desde el córner sin dejarla caer, y cuando todo el mundo busca el balón en el cuarto anfiteatro, éste cae en la vertical del área sobre la cabeza de Raúl, que sólo tiene que empujarlo levemente ante la estatua de Kahn. Definitivamente enganchado al partido, el Madrid se lanza a tumba abierta buscando la hazaña, pero es entonces cuando Paulo Sergio, tras córner, establece el definitivo 2-4, duro y justísimo (si no en el momento, sí en el global), pero también digno y honorable. Así lo entendió el público, que despidió al derrotado con una ovación que reconocía el mérito de perder de ese modo ante un equipo de esa categoría. En ese momento, Febrero de 2000, el mejor de Europa.

anelka3 de Mayo de 2000. El Real Madrid comparecía al partido de ida de estas semifinales con una idea de juego mucho más cuajada un equipo más hecho que el que había librado idéntica contienda unos meses antes, en la misma Copa de Europa, y además llegaba con el plus de moral que suponía su victoria en Old Trafford. El conjunto madridista había asimilado a la perfección el 5-3-2 implantado por Del Bosque, con Iván Campo y Karanka de centrales, Helguera como libre, Redondo y Raúl en sus puestos naturales y el cazagoles Morientes arriba. Sólo se esperaba al polémico Anelka, que apenas había hecho nada durante la temporada, y el díscolo delantero francés apenas necesitó cuatro minutos para dinamitar la semifinal, redimirse y sacar su nombre de la lista de malditos del madridismo. Recibió un balón profundo Raúl, utilizó un cambio de ritmo prodigioso para encarar a Kahn, y lo superó sin misericordia con un poderoso disparo a la escuadra. Groggy, no encontró el Bayern en ningún momento del primer tiempo la manera de violentar la estructura defensiva del Madrid, y las ausencias de Matthäus y Effenberg le restaron consistencia y entrejuego. Aparte una parada de Casillas a un buen disparo de Tarnat, no pudo el conjunto bávaro con la energía de los blancos, personificada en un Raúl que por momentos recordó a Di Stéfano en su descomunal despliegue, y también en el poderío de los laterales. No fue casualidad que otro pase mágico del siete llegara precisamente a Míchel Salgado, y que fuera Il Due quien sirviera el centro que un desafortunado toque de Jens Jeremies introdujo en la portería de un desconsolado Kahn. Así se llegó al intermedio, y en la segunda parte Hitzfeld llamó a su comodín Salihamidzic para darle más mordiente a su equipo. Mejoró el Bayern, pero no lo suficiente para crear una sensación de peligro razonable alrededor del arco de Casillas. En el otro lado, en cambio, el Madrid hilvanaba el contragolpe con la suficiente regularidad para que su rival no se atreviera a un ataque desaforado, y sumó dos estupendas ocasiones que McManaman y el Moro enviaron al limbo. No ocurrió mucho más, y el equipo blanco obtenía uno de los mejores botines que se ofrecen en Europa en un partido de ida: un 2-0. Un tesoro que valió más de media final.

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Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).

9 Comments

  1. juanan

    20 de febrero de 2007 a las 6:45 am

    Buff comparas esos bayern – Madrid con el de mañana y…. aunque nunca se sabe.

  2. Alberto

    20 de febrero de 2007 a las 10:44 am

    Lo más extraño de aquel Bayern del 2000 es que ese mismo mes de mayo Matthaus, que estaba jugando de líbero a un nivel increíble y tenía oportunidades reales de ganar su única Champions, había emigrado al Metrostars de NY. Su sustituto fue Jeremies, un perfecto escudero pero mal espadachín, y los bávaros lo notaron.
    En cuanto al del 87, recuerdo que ya un año antes en México, Pfaff se había convertido en la primera encarnación del Enemigo que reconocían mis tiernos años. Y ahora volvía a interponerse entre la Quinta del Buitre (posiblemente la mejor generación de futbolistas españoles de la historia) y el éxito internacional.
    Una precisión, el Madrid no retornaba a la Copa de Europa en ese partido, que fue de semifinales, sino en esa temporada, concretamente contra el poco memorable campeón suizo Berner Sports Club Young Boys. Y el lanzamiento de bengalas motivó el famoso partido a puerta cerrada contra nada menos que el Nápoles de Maradona la temporada siguiente.

  3. Ramón Flores

    20 de febrero de 2007 a las 11:58 am

    Claro, Alberto, eran semifinales. Antes había eliminado el Madrid a la Juve por penaltis, en un partido agónico que creo que marcó Cabrini al principio, al Estrella Roja con una partido lleno de nieve en la ida, y al Young Boys que mencionas (que era el que yo no recordaba). Está claro que era una errata, porque no podía retomar la competición en un partido de vuelta ;D

  4. Borja Barba

    20 de febrero de 2007 a las 1:46 pm

    Yo tendré siempre el recuerdo grabado no de un Madrid-Bayern, sino de un Bayern-Madrid, creo que fue el del 2000, con aquel gol inverosímil de Geremi pegando un punterazo desde la frontal del área, escorado a la derecha. Recuerdo haber comentado antes de ver el disparo entrando algo así como “¡Pero dónde va éste!”…

  5. Ramón Flores

    20 de febrero de 2007 a las 1:50 pm

    2002, Borja. Todo llegará 🙂

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  7. REAL BITÁCORA BALOMPÉDICA ESPAÑOLA

    20 de febrero de 2007 a las 3:45 pm

    Muy buena entrada.

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  9. hassa santillana

    6 de enero de 2008 a las 12:58 pm

    dondesta el golasso estrella santillana que migusta muchisimo