No podemos decir a estas alturas de la temporada que el Arsenal ya se ha despedido de la Liga, pero en un campeonato tan polarizado como la Premier, una distancia de doce puntos con el Manchester y de nueve con el Chelsea semeja un inmenso océano. Los gunners han caído hoy frente al Bolton, lo que supone su tercera derrota fuera de casa tras los batacazos de Eastlands y Upton Park.
Parece paradójico que un equipo que desarrolla un juego tan plástico y admirado como el Arsenal tenga tan mala relación con el gol. Habitualmente el quinteto de centrocampistas realiza un fútbol de continuo desmarque, velocidad y precisión que apenas tiene parangón el panorama continental, y mucho menos en las Islas Británicas. Sin embargo, a jugadores que a priori deberían acumular un mínimo de cinco, seis o incluso ocho tantos por temporada como Cesc, Hleb o Ljungberg, se les apaga la luz con una frecuencia alarmante. No sabemos donde estaría este equipo, pese a toda su brillantez y al reconocido olfato de Wenger, sin el mundo de goles que lleva anotados Thierry Henry con la camiseta roja.
Hoy los cañoneros tenían una dura prueba para su capacidad de supervivencia sin su ídolo y capitán, y aunque la imagen dada ha sido decente durante bastantes momentos del partido, la falta de efectividad en ataque y algunas concesiones defensivas han cavado su tumba en el Reebok Stadium. Verdad es que ahora mismo el Bolton es uno de los equipos más rocosos de la Liga –ha entrado en posición de Liga de Campeones con esta victoria-, le ha favorecido un poco la fortuna, y además ha contado, por primera vez en lo que va de temporada, con el nivel más estelar de Nicolas Anelka. El imprevisible ex-madridista ha decidido el partido.
Un encuentro que de todos modos, se rompió muy pronto, con un formidable testarazo de Faye, entrando como un bulldozer al primer palo, tras centro preciso de Diouf. Estupendo el trabajo anímico que ha realizado Allardyce con el centrocampista senegalés, que parece otro futbolista; hoy seguramente ha sido el mejor del primer tiempo. Periodo que, por otra parte, no ha tenido un dominador claro, con el Bolton contemporizando y el Arsenal tocando la bola, normalmente en zonas inofensivas del césped. Con el ala izquierda virgen por la ausencia de Henry y la pobre aportación de Ljungberg, Eboué en la derecha ejerciendo más de lateral que de carrilero y Cesc más molestado que ayudado por Flamini en el centro, al equipo norteño le han basado la consistencia de Davies en el medio, el buen trabajo del mencionado Diouf y la solvencia de Meite en el eje de la zaga para vivir tranquilo hasta el borde del descanso.
Sin embargo, como suele suceder, de repente el tiempo se ha acelerado y todo ha ocurrido en una centella. Primero, lesión de Fortune y entrada de Iván Campo; el donostiarra ha demostrado después por qué debe jugar en este equipo y por qué muchos piden su vuelta al combinado nacional. Dos minutos después, y al límite del tiempo, Anelka –un espectro hasta ese momento- ha controlado un balón escorado, unos ocho metros por delante del área, y ha enviado un obús horizontal que ha tocado larguero por dentro, le ha sacado la lengua a Lehmann y se ha colado sin remisión. Y cuando ya se esperaba el silbido de Dean y con él la sentencia aparente del Arsenal, ha aparecido el inusual Gilberto Silva para rematar a bocajarro un córner y devolver la distancia al mínimo.
No sabemos que le habrá dicho Wenger en el descanso a sus chavales, pero en el segundo tiempo el Arsenal ha salido galopando a por el empate, frente a unos trotters bastante timoratos que han dado un paso atrás. Con Cesc por fin a pocos metros del área, donde debe estar, y Walcott haciendo pedazos a Ben Haim en la banda derecha –qué futuro tiene el niño de Stanmore- el Arsenal ha merecido, al menos, el empate. Pudo conseguirlo en un extraño remate en plancha de Ljungberg a centro de Walcott que se fue el palo, o en un buen disparo de Adebayor, bastante activo ayer con su estilo tosco y su brutal zancada. Sin embargo, fue un brillante contragolpe del Bolton el que cerró el partido: pase diagonal, milimétrico y perfecto de Iván Campo, desmarque imponente de Anelka (quizá en fuera de juego) y perfecta definición, cruzando, en el mano a mano.
En adelante, los gunners bajaron los brazos y el público de Bolton se limitó a disfrutar de la victoria; ni siquiera un sensacional disparo de Cesc a la cruceta pudo levantar los ánimos de su gente. No saben cómo, pero la Liga ya casi se les ha ido.




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