
“No es necesario haberlo visto jugar. Basta con observar los ojos de los que lo vieron y escuchar de sus bocas ese nombre que resuena como la salva de un cañón: Puskas. Con eso y con los viejos resúmenes nos hicimos la idea de un futbolista extraordinario que reventaba la costura de los balones. Y por algún extraño motivo se convirtió en el favorito de nuestros ídolos nunca vistos. Los mitos se heredan. Irremediablemente. [...] Quisiera creer que los futbolistas del Madrid conocen las hazañas del héroe que se ha ido. Pero lo dudo. Algún día los clubes entenderán la importancia de enseñar su historia a los futbolistas, lo que sería una magnífica forma de aprovechar esas tediosas concentraciones. Los vídeos de Puskas, Di Stéfano o Amancio les servirían como cura de humildad, como inspiración y como guía para saber ante quién deben cuadrarse en los pasillos”. [Juanma Trueba / As]
“Fue uno de esos personajes de posguerra dotados de la ciencia que sólo se consigue en los arrabales. Dueño de un tacto excepcional, habría hecho carrera en cualquier oficio compatible con el ritmo, la bohemia y la fantasía; podría haberse convertido en un violinista de época, pero prefirió el fútbol. [...] Su asombrosa visión del gol estableció una nueva escala de valores, alegró la vida de una Europa renqueante que se movía entre sus propios escombros”. [Julio César Iglesias / El País]
“A finales de los años cincuenta empezó a circular por la ciudad una leyenda según la cual Alfredo di Stéfano y “cañoncito pum” cruzaban apuestas, después de los entrenamientos y con la puerta cerrada a cal y canto, con el simple objeto de dilucidar cual de los dos era capaz de lanzar un libre directo y golpear más veces con el balón en la escuadra. Los pocos privilegiados que asistieron a aquellas memorables timbas deportivas aseguran que, aunque por poco, casi siempre ganaba Puskas con el consiguiente enfado de la “saeta rubia”, a quien no gustaba perder ni a las canicas [...] Don Alfredo cuenta en sus memorias que Puskas, que no hablaba ni una gota de español, no hacía más que repetir “¡motor, motor, motor!”, que quería decir correr: “como no hablaba, protestaba mucho. Hacía ademanes con la mano que eran muy comunes en los países centroeuropeos, pero que aquí sentaban muy mal a los árbitros. Yo le dije mil veces que no hiciera ese gesto con la mano, que aquí significaba mandar a alguien a tomar por…, o a freír puñetas, pero no me hacía ni caso”. [Juan Manuel Rodríguez / Libertad Digital]
“Cuando Pancho (Puskas) cogía la pelota en el área nos dábamos la vuelta porque era síntoma de gol. Era letal. Tenía un físico que engañaba porque estaba gordito, pero su velocidad era impresionante y tenía un tiro imparable, ponía la pelota donde le daba la gana. Llevaba el gol en la sangre”. [Pachín]

“Para mí verle en los entrenamientos suponía un lujo que con el paso de los años aumenta su sabor. Colocaba una barrera de madera y tiraba y tiraba en la vieja Ciudad Deportiva. Una a la escuadra izquierda. Otra a la derecha. Una sorprendiendo al portero por el centro. Gran espectáculo salpicado por el estruendo que hacían sus balones que alcanzaban los palos. Por lo que nos contaba, ya cuando era un joven en Hungría, ensayaba cientos de lanzamientos hasta altas horas de la noche. Mil tiros. Pura perfección que luego le hizo imparable en la alta competición”. [Amancio Amaro / El Mundo]
“Goleaba a la manera de un artesano tradicional, un operario con oficio profundo porque aun siendo un milagro la factura de sus goles, cualquiera podía advertir que procedían de un aprendizaje autóctono y tradicional. Ningún maestro fue superior a él pero su maestría poseía la densidad de lo bien aprendido y madurado”. [Vicente Verdú / El País]
“Si el defensa le daba un metro, encontraba el resquicio justo para buscar la meta contraria. No remataba bien de cabeza, pero su quiebro y el centro también eran recursos clásicos. Él se movía por una zona muy determinada del terreno de juego, donde era mortal. Siempre le pedíamos que no bajara a defender, que ahorrara los esfuerzos para los balones que le llegasen. Si recibía cuatro balones, tres serían tiros a puerta y, probablemente, dos acabarían dentro. Su nivel de eficacia era altísimo. Le bastaba utilizar su clásico recorte explosivo para cargar la zurda y disparar”. [Manolo Velázquez / El Mundo]
“Santiago Bernabéu tenía instinto. En verano de 1958 Puskas tenía 32 años, llevaba ya casi dos sin jugar y le sobraban doce kilos. No obstante, le fichó. Seguía creyendo en el potencial de aquel delantero que en 84 partidos con la selección húngara (el terror de la época) había marcado 83 goles. Carniglia, el entrenador de turno, no lo veía, y rezongaba. Cuando por fin fichó, el encargado de decírselo al entrenador fue el gerente, Antonio Calderón: “El presidente ha firmado a Puskas”. “¿Ah, sí. Y qué hacemos con su barriga?”, protestó Carniglia. “La barriga se la quita usted”, le replicó Calderón con sencillez. [...] Eso tras una carrera, en el Honved y en Hungría, que ya le hizo ser considerado el mejor del mundo mediados los cincuenta, y que acabó cuando los tanques rusos tomaron Budapest, y él se exilió. Chaparro, progresivamente más gordo, no tenía un aire que impresionara. Pero poseía un sprint corto demoledor y una precisión con la zurda inigualable. Y entendía el juego como nadie. Yo le tengo por el único de la historia que empalmó dos carreras sucesivas, con cualquiera de las cuales hubiera sido un grande”. [Alfredo Relaño / As]




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#1 Carlos dijo,
18 Noviembre 2006 9:22 pm
Cuando van Nistelrooy fichó por el United, leí que se puso a estudiar la historia del club. Siempre pensé que es algo que debería ir como cláusula en los contratos, algo a lo que deberían obligar a los nuevos jugadores, una vez aterrizan en un equipo: para respetar una camiseta, no basta con cobrar por llevarla; hay que saber por qué ha llegado a ser lo que es.
#2 Borja Barba dijo,
19 Noviembre 2006 3:56 am
Coincido plenamente con Juanma Trueba y con Carlos. La historia del club en el que se juega (y del que se cobra) debería ser materia obligada para cualquier futbolista.
#3 Nacho dijo,
20 Noviembre 2006 11:46 am
Sería una buena medida esa que proponéis de que estudien los nuevos la historia del club. Así sabrían lo que esa camiseta representa.
Saludos.