Fins aviat, Pep

Guardiola Hacía tiempo que le habíamos perdido un poco la pista desde España, aunque algunos de nuestros lectores mexicanos seguro que lo han tenido bastante presente en los últimos tiempos. Pep Guardiola, que se había enrolado a finales de 2005 en la disciplina de los Dorados de Sinaloa, pero que llevaba desde el verano pasado sin jugar, ha decidido colgar las botas definitivamente para dedicarse a entrenar en un futuro. El motivo, el más lógico a los 35 años en un jugador que nunca ha destacado por su capacidad física: su cuerpo no aguanta más.

Se va un grande, con todas las letras, el símbolo y referencia de uno de los equipos más importantes de la Historia. Si uno lanza la mirada atrás y recuerda los noventa, se eleva la silueta gigantesca de tres mediocentros que desde maneras muy diferentes de entender el juego dejaron una huella imborrable en el fútbol español, y que serán recordados siempre como las piedras angulares de equipos triunfadores a los que dotaron de estilo e identidad. Junto a la playa de Riazor, Mauro Silva comandó el viaje del Deportivo de las catacumbas a la élite convirtiendo a los blanquiazules en un reflejo de su casi inigualable sentido táctico, su fortaleza, su sabiduría para leer los partidos y su capacidad defensiva. Mientras, Fernando Redondo llegaba a Madrid rodeado de recelo, para ser despedido años después con las lágrimas que se reservan a las leyendas. El dominio del tempo y del partido, el carácter, y ese intangible que le hacía más grande cuanto más importante fuera el partido y más majestuoso el escenario, le facultaron para liderar la segunda época más gloriosa de la larga historia del Madrid; virtudes que, además, son las que caracterizan a ese equipo en el imaginario de sus aficionados.

El tercer mediocentro era un chico de Santpedor a quien, contra todo pronóstico, Cruyff dio el mando –con 18 años- de la colección de estrellas que había reunido para la ocasión el Barcelona. De aspecto endeble, nula capacidad defensiva y poca velocidad, sólo un genio como el Flaco pudo ver en él al líder de su escuadra, el que convertiría la constelación en una máquina que haría el fútbol más brillante visto en años en Europa. Guardiola ha simbolizado como nadie la búsqueda de la victoria a través del toque, la circulación rápida y la aplicación máxima del principio de que debe correr el balón, más que el jugador. Y con el pase y la pelota como únicas armas, aplicaba su descomunal inteligencia futbolística (“al fútbol se juega con el cerebro”, había dicho Cruyff) para discernir con matemática exactitud la acción correcta en cada momento: aquí un pasecito corto y aparentemente trivial, aquí un desplazamiento largo –Hristo ya estaba corriendo- , aquí una diagonal, ahora protegemos y la sacamos para el otro lado, me presionan pues pase atrás, si he subido hay que terminar con disparo, sube José Mari que yo me quedo, si entra el extremo entonces pared… Un manual en cada partido.

Guardiola se comprometió hasta tal punto con el tipo de fútbol que hizo grande al Barça que, a partir de un cierto momento, comenzó a ser difícil saber donde terminaba el equipo azulgrana y donde comenzaba él. Y eso se constata de múltiples maneras: la cadena de excelentes mediocentros salidos de la Masía tras él; sus opiniones, siempre respetuosas, precisas y razonadas, que eran escuchadas como oráculo del barcelonismo en la sala de Prensa del Camp Nou; el respeto que siempre generó tanto en compañeros como en rivales, como el más digno representante de su gran institución; o el shock que provocó en el fútbol español y en la culerada la noticia de su partida.

A pesar de que su carrera en el exterior ha sido, cuando menos, meritoria (con dos buenas temporadas en el Brescia y en Al Ahly), el Guardiola del recuerdo vestirá siempre una camiseta blaugrana. Y su nombre figurará ya siempre en el Gotha del barcelonismo junto a gente como Samitier, Alcántara, Suárez, Kubala o Cruyff.

Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).

52 Comments

  1. Il_Moro

    18 de noviembre de 2006 a las 6:37 pm

    “Con todos los respetos, sólo alguien que no le ha visto jugar puede decir que Guardiola no tenía profundidad. Barça-Real Sociedad, primer partido de la temporada 1993/94. Busca el vídeo”

    Creo que en Carrusel Deportivo se oyo al comentarista decir “Gooooool de Oliver y Benji en Anoeta”…..que bueno!

  2. SANTOTE

    19 de noviembre de 2006 a las 1:50 pm

    @ Leonardo Da Vinci.

    Dices textualmente “Con respecto a lo de jugar con más o menos defensas, decirte que que yo sepa el Dépor nunca jugó con 5 defensas y el Madrid tampoco”. Como creo que realmente alguna vez el Real Madrid si jugó con cinco defensas como tu creo has admitido posteriormente nada más que decir del tema.
    Como bien me ha hecho ver Daecaran, este fructifero y enriquecedor debate no terminará porque creo que la dieferencia entre tu y yo está en gustos futbolísticos, por supuesto que Guardiola no era Laudrup pero para eso el Barcelona tenía a Laudrup, la labor de Guardiola era hacerle llegar la pelota a zonas donde se necesitaba otra velocidad, por lo que veo tu prefieres un jugador que jugando de mediocentro por delante de la defensa diera pases en profundidad y creo que de esos hay muy poquitos, ni siquiera creo que lo hacían con asiduidad Redondo ni Mauro Silva, si me puedes decir uno te lo agradecería y además aprendería más de futbol.

    Un saludo y hasta otra.

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