Gunnar Nordahl, una leyenda sueca

nordal2 Dentro del maremágnum de información sobre la selección sueca que invade estos días nuestros medios de comunicación, a uno de nuestros lectores le llamó la atención un dato curioso. El número de goles que lleva Raúl en este momento en que su papel en el equipo nacional se ha vuelto tan controvertido, 44, es el mismo que anotó el delantero Gunnar Nordahl durante el periodo en el que defendió el amarillo de Suecia. Lo que resulta excepcionalmente llamativo es que, mientras el siete madridista ha alcanzado ese número en poco menos de un centenar de partidos, Nordahl logró ese mismo registro (que algunas fuentes rebajan a 43) en la cifra récord de…¡treinta y tres encuentros! Que nadie me malinterprete, no escribo esto para rebajar a Raúl, con méritos de todo orden que están fuera de dudas, sino para resaltar la excepcionalidad del logro del futbolista escandinavo, cuyo recuerdo bien merece unas pocas líneas.

Nordahl nació en Hornefors, una pequeña localidad sureña frente a la costa de Finlandia, en 1921. Recién cumplidos los dieciocho años, se enroló en uno de los equipos punteros de la zona, el Degerfors, en el que promedió cerca de un tanto por partido durante las cuatro temporadas en que permaneció en él. Unos registros que mantendría durante toda su carrera en los diferentes equipos en los que militó. Ya en su primer año, nuestro hombre llevó a los rojiblancos del Stora Valla al subcampeonato de la Liga sueca, gesta nunca igualada por este modesto club ni antes ni después.

Su descomunal olfato goleador no pasó desapercibido para el legendario técnico húngaro Lajos Czeitzler, de quien no conviene olvidar que consiguió once títulos mayores (entre ligas y copas) en una triunfal carrera que le llevó por Suecia, Portugal e Italia. En el momento en que aparece en nuestra historia, el magiar andaba enrolado como técnico del Norrköping, y vio en el joven Gunnar a la punta de lanza ideal para el proyecto ganador que estaba montando en la llamada “Manchester de Suecia”.

Con la llegada de Nordahl y del que luego sería su inseparable Nils Liedholm, el Norrköping se alzó a las más gloriosas alturas del fútbol sueco, consiguiendo cuatro ligas en otras tantas temporadas, convirtiéndose en el equipo de referencia del balompié escandinavo de la época, y situando a Norrköping en el imaginario futbolero, un poco al modo del Rosenborg noruego de los noventa.

Como no podía ser de otra manera, nuestro hombre fue pronto llamado para defender los colores de la elástica nacional, con la que obtuvo los descomunales números antes citados. Su mayor logro a nivel de selecciones fue el oro en los Juegos Olímpicos de Londres, título que entonces gozaba de un prestigio mucho mayor del que posee en la actualidad. El equipo sueco que pasó por Wembley fue lo más parecido a una tempestad, que anotó diecinueve goles en los primeros tres partidos antes de tumbar a Yugoslavia en la final por 3-1. Por supuesto, el título de máximo anotador correspondió de nuevo a Gunnar, que se lució especialmente en un poker logrado contra los coreanos.

Hay que destacar que, a pesar de los éxitos y la fama que ya entonces acompañaba a los grandes jugadores, Nordahl jugaba en su club como amateur, y compaginaba esa actividad con su participación en el cuerpo antiincendios de la ciudad. Nada tiene de extraño, pues, que cuando el Milán llamó a su puerta en 1949 ofreciéndole su primer contrato profesional, el jugador no se lo pensara dos veces y emprendiese la aventura italiana en un club que aún no poseía el aura de triunfador de la actualidad, aunque eso supusiese, de acuerdo con las normas de la época, su adiós a una selección nacional a la que ya no regresaría. En su etapa en el país transalpino, y recordando sus orígenes, Nordahl fue conocido cariñosamente como il pompiere (el bombero).

Gunnar no se encontró sólo en su aventura milanista, pues junto a él llegaron al equipo rossonero sus camaradas Liedholm y Gunnar Gren. Así se reconstruyó el inolvidable trío Gre-No-Li, que había hecho pedazos las defensas contrarias en las Olimpiadas, y que fueron responsables directos de la primera época gloriosa del club de San Siro. Así lo atestiguan los dos scudetti y, a falta aún de copas de Europa , las dos copas Latinas conquistadas en 1951 y 1956. Los números de Nordahl en esta época (210 goles en 257 partidos, cinco veces máximo goleador de la Liga) y logros como ser el segundo mayor goleador absoluto del calcio –tras Piola-, el máximo goleador extranjero y el máximo anotador de la historia del Milán, le garantizan un lugar en el Olimpo de los más grandes killers de todos los tiempos.

Porque fue eso, un matador. Un tipo grande de fuerza descomunal, con espléndido remate de cabeza, tiro demoledor y una habilidad especial para convertir su cuerpo en una montaña inaccesible para los defensores. Su colega en el Milán, Pepe Schiaffino (quien no era precisamente un cualquiera), dijo de él:

“¡Nordahl..! Dios mío, ¡Qué fuerza bestial tenía! Yo le tiraba la pelota y él arremetía directo al arco. Los rivales rebotaban como si fueran de goma.

Gunnar dejó el Milán en 1956 y pasó en la Roma las dos últimas temporadas de su dilatada carrera en Italia, antes de marcar sus últimos goles en el Karlstad, en su tierra. En el año en que abandonó Italia probablemente miraría con un rictus de nostalgia como su viejo amigo Liedholm se permitía el honor de ser el jugador más veterano en marcar jamás en la final de un Mundial, el que se celebró ante su gente y quizá frente al mejor equipo de la Historia, y también como “su” Milán llegaba por primera vez a la final de la Copa de Europa. La perdieron, sí, ante el Madrid de Di Stéfano, pero según confesión de la propia saeta rubia, fue la final más difícil de todas las que ganaron, la única que realmente vieron perdida. Si Nordahl llegó a enterarse de esto, seguramente una pequeña sonrisa de orgullo habría aflorado a su rostro.

Murió en 1995.

Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).

8 Comments

  1. Toni

    7 de octubre de 2006 a las 8:24 pm

    Menudas estadísticas…

    ¡¡210 goles en 257 partidos!!

  2. Juan L.

    7 de octubre de 2006 a las 10:02 pm

    Una pregunta por que en la secciond de [b]Portadas: La prensa de hoy[/b] en el diario AS siempre esta la misma portada que dice “Eto’o Roto, para 3 meses” ?

  3. Miguel Gutiérrez

    7 de octubre de 2006 a las 10:29 pm

    Porque el diario As lleva varios días sin actualizar la portada en su web.

  4. tengo frío

    7 de octubre de 2006 a las 11:00 pm

    Excepcional articulo, sobre todo para la gente joven como yo.

  5. Christian

    8 de octubre de 2006 a las 1:12 am

    Excepcionales los números de Nordhal, pero no olvidemos tampoco que era una época completamente distinta, donde el fútbol no estaba tan sistematizado ni era tan defensivo. Los números de Puskas también era para quitarse el sombrero, por ejemplo. Pero creo que el valor actual de un gol es mayor que el de hace 50 años, cuando se jugaba con más delanteros que defensas y no al revés.

  6. Ramón Flores

    8 de octubre de 2006 a las 1:18 am

    Por supuesto, Christian, pero date cuenta de que, por ejemplo en el Calcio, nadie había firmado antes nunca esos números, a excepción de Piola. Y en el Milán, nadie.

  7. Christian

    8 de octubre de 2006 a las 10:57 am

    Sí, sí, si no lo digo por quitarle méritos, pero creo que hay que verlo también con una cierta perspectiva. Y desde luego, puestos a elegir, ya me gustaría que ahora se jugase tan al ataque como entonces. Sin duda, los aficionados disfrutaríamos mucho más.

  8. robben

    8 de octubre de 2006 a las 1:06 pm

    He dejado de leer el articulo a la mitad porque tenia que decir una cosa que me parece clara, es un jugador de otra epoca, aquella en la que se metian goles a mansalva porque los equipos defendian con cuatro o cinco y no con todo el equipo.