Aún hoy me ruborizo recordando la importancia que para mí tenían los partidos con la UDSM.
Los veía todos desde el banquillo, casi siempre sentado, al contrario de mis compañeros, que lo hacían de pie, jaleando a los que jugaban, profiriendo unos gritos que de mi garganta nunca salían, debido a mi carácter tímido, casi cobarde. Desde ahí, entre las espaldas de los suplentes, veía a mi equipo jugar y desde ahí, desde el banquillo de un equipo infantil de barrio, mi mente comenzó a soñar con los grandes momentos que algún día viviría como futbolista. Para poder hacerlo, para que mis sueños no se tornaran dolorosamente imposibles, debía comenzar por justificar mi suplencia en la UDSM. Así, me imaginaba que era un jugador recién llegado de otro equipo, una figura internacional, pero que necesitaba “tiempo de adaptación”, como había leído que decían los comentaristas deportivos en la tele. Cuando me adaptara al nuevo entorno, a la nueva ciudad –no me costaba imaginar esto, aunque llevaba toda la vida viviendo allí-, sin duda, comenzaría a marcar goles y callaría las bocas de los que dudaban de mí.
En ese mundo mío, cada hecho real tenía una justificación fantástica. Por ejemplo, una tarde que no podía acudir a un entrenamiento por tener deberes acumulados, se convertía en mi mente, en una ausencia debida a una lesión menor, una contractura, por ejemplo –aunque no sabía el significado exacto de esta palabra-. Así, mezclando realidad y sueño, poco a poco, los partidos de la UDSM se fueron apoderando de mí.
Desde que terminaba un partido, pasaba toda la semana pensando en el choque del siguiente fin de semana, convenciéndome de que en el próximo choque todo cambiaría. Seguro que el próximo partido jugaría, y marcaría el gol de la victoria. Ese era mi sueño, que dominaba todo lo que hacía durante la semana. Pasaba las horas de clase pensando en ello, en lo que debía y no debía hacer. Dibujaba en los cuadernos de deberes alineaciones en las que aparecía junto a mis compañeros, llevando el número ocho, y tácticas que acompañaba con un dibujo de la camiseta blaugrana de la UDSM.
- “4-4-2 conmigo y Azibar en punta. No puede fallar”, me decía, y miraba al techo de clase, pensando en el golazo que el sábado o domingo seguro que marcaría.
El siguiente partido, sin embargo, volvía a estar en el banquillo.
Poco a poco, de modo casi imperceptible, lo soñado comenzó a imponerse a lo real. Era difícil imaginarse un futuro de gran estrella del fútbol si estaba todo el día en el banquillo, y yo necesitaba de partidos memorables en mi haber, para mantener mis sueños de futuro intactos. Comencé, así, a jugar a imaginarme más partidos para la UDSM. Cuando veía en la tele los resúmenes de primera división con mi padre, me decía: “el próximo equipo que juegue en casa somos nosotros, y el otro, los rivales del sábado”. El resultado que saldría sería el que el que ante ellos conseguiríamos, y si marcaba el número ocho, sería yo el que marcara en ese partido.
Así, cuando el resumen daba una goleada para el equipo local, desbordaba de alegría, pero cuando, por el contrario, era un 1-4 encajado por los de casa, entonces, la tristeza se apoderaba de mí hasta el punto de casi hacerme derramar lágrimas. En esos momentos, mi padre me miraba con gesto extrañado, y me decía en un reproche: “¿pero qué te importará a ti que pierda el Cádiz?”.
Podía ver cualquier partido, fuera el que fuera, soñando que era la UDSM la que estaba en el campo, y yo uno de sus jugadores. Siempre recordaré, por el ejemplo, la final de la Recopa de Europa de 1985, que enfrentó al Everton con el Rapid de Viena. Puse la televisión sin saber siquiera que había partido, ni, obviamente, quiénes eran los equipos que jugaban. Pero ví que daban una final, y eso me bastaba para poder imaginar que yo jugaba allí y que defendía los colores de la USDM. Como la camiseta de ninguno de los dos equipos coincidía con la nuestra, elegí de los dos el que llevaba la más bonita. De este modo, decidí que seríamos el Rapid de Viena, con ese precioso uniforme de rayas verticales verdes y blancas, pantalón blanco y medias de rayas horizontales. Sólo me faltaba elegir quién de los jugadores del Rapid encarnaría mi papel en el próximo partido. Después de quince minutos, ya tenía la decisión: sería Hans Krankl.
Yo entonces no sabía que Krankl apuraba sus últimos años de magnífico fútbol en el equipo vienés, después de haber sustituido con éxito a Johan Cruyff en el Barcelona –es decir, con todo el éxito con el que se puede sustituir al mayor símbolo de la historia culé-. Sin embargo, me decidí por él ya que me impresionaba su porte, y porque, por su bigote, podía distinguir mejor quién iba a ser yo en el partido de mi imaginación. El partido real fue tenso y aburrido como la mayoría de las finales, pero yo, a mis diez años, botaba en el sillón de casa cada vez que el Rapid se acercaba con peligro a la portería inglesa, y agarraba con tensa fuerza un cojín cuando eran los toffees los que estaban a punto de marcar.
En el minuto 57 Andy Gray adelantó al Everton, y en el 72 Trevor Steven sentenciaba el partido tras un corner. Yo estaba demolido, casi a punto de llorar en el sofá cuando entró mi madre en el salón. Se sentó a mi lado, miró con desdén durante un rato la televisión, después a mí, después de nuevo a la pantalla y me dijo:
- Pero cariño, ¿tanto te gusta el fútbol?
En ese momento me sentí mal. Era aún un niño, pero ya había comprendido que había lágrimas de las que uno se podía sentir orgulloso y otras que, por no tener sentido o por que hablaban mal de uno, eran vergonzantes. Sentía que aquellas que estaban a punto de partir de mis ojos harían que mi madre, a la que el fútbol le era totalmente indiferente, me viera como un tonto que se apenaba de algo en lo que nada le iba, de algo en lo que nada se jugaba. Si al menos fuera el Athletic, el equipo de mi ciudad, el que disputaba el partido, mi tristeza sería compartida por otros, y así, disuelta en el grupo, acompañada por la de los demás, parecería menos absurda. Pero no, eran dos equipos extranjeros los que juzgaban, dos equipos, que además, yo hasta el momento de poner la televisión ni siquiera sabía que existían. Efectivamente, ¿qué me importaba a mí este partido?
Y, sin embargo, me importaba.
Intenté no mostrarme triste, pero me era imposible. Seguía viendo el partido, ahora acompañado de mi madre, con una tensión que rozaba la locura. Aún creía que el Rapid podría hacer algo, y aunque me afanaba por mostrar la misma indiferencia de mi madre, no pude. Menos aún cuando, a siete minutos para el final, Krankl, yo, batió al portero inglés, Southall, y dio esperanzas a los hinchas austriacos y a mí, de que aún se podía hacer algo.
Salté del sofá de un brinco y me puse a gritar como un poseso. Mi madre se reía ahora, y yo con ella. Poco a poco, parece que mi tristeza fue un argumento que hizo que ella también fuera con el Rapid. Le di un abrazo enorme, y le dije que yo me había pedido ese jugador, que era el mejor y que yo de mayor jugaría como él. No terminé, sin embargo, de explicarle que aún podíamos ganar, cuando un tal Sheedy lanzó un disparo tremendo desde veinticinco metros ante el que Konsel nada pudo hacer. Ver el balón alojado de nuevo en la portería del Rapid hundió definitivamente mis esperanzas, las de toda Austria y las mi madre.
Cuando el partido terminó, mi madre me dijo que no pasaba nada, que era un partido cualquiera y que el sábado habría otro en la tele, y que seguro que en ese ganaría el equipo que yo eligiera. Me explicó que, de todas maneras, el fútbol se había inventado para disfrutar, jugándolo o viéndolo, pero nunca para pasarlo mal.
A pesar de que sabía que mi madre tenía razón, aquella noche casi no dormí. Creo que fue la primera noche que pasé medio en vela en toda mi vida. Daba vueltas en mi cabeza a todas las jugadas que recordaba del partido, y me empeñaba en imaginar qué habría sido si tal balón hubiera entrado, qué habría pasado si Konsel hubiera despejado el tiro de Sheedy…

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#1 Jose dijo,
4 Octubre 2006 4:20 pm
Soberbio!!! que pedazo de post! aun recuerdo mis lagrimas cuando el compostela descendio, y cuando ya en 2ºB soñaba con poder ver en San Lazaro, con la gente que seguia apoyando al equipo un gran partido.
#2 BoVeS dijo,
4 Octubre 2006 4:42 pm
Fantástico, espero que haya muchos más capítulos de la serie y más si son a este nivel.
#3 BoVeS dijo,
4 Octubre 2006 4:54 pm
Yo recuerdo que uno de mis primeros partidos en la tele fue con unos 4 o 5 años un Uruguay-Paraguay o al revés, que retransmitían una noche en la tele. También me acuerdo de saltar en el sofá imitando la parada que un portero le había hecho al delantero del Valencia Viola.
Pero sin duda, mi principal recuerdo de la infancia en el fútbol es Alfonso. Fue una de las principales causas para que, desde que tengo 5 o 6 años y a pesar de ser de Zaragoza, sea un forofo del Betis. Me acuerdo de la temporada 96/97 (aunque solo tuviera 6 o 7 años) en que el Betis quedó 4º en Liga tras el Deportivo, y que Alfonso marcó unos 25 goles. Tengo delante una figura suya del año 97 y recuerdo un poster suyo, que daban con los chicles, colgado en mi pared. Que crack Alfonso!
#4 Sebask dijo,
4 Octubre 2006 5:57 pm
Qué bonito!
Felicitaciones.
Lejos de la calidad de tu pluma, me atrevo a compartir mis primeras experiencias de derrotas propias/ajenas en la tv.
Mis primeras frustraciones vinieron en el mundial del 86, con las caídas de marruecos y dinamarca. de los primeros no recuerdo bien el motivo de su simpatía, los daneses me gustaban porque a mis oídos un futbolista se llamaba “El Caer Larson”… me hacía mucha gracia.
Luego el 87 se disputó en el Estadio Nacional de Santiago el tercer partido de la final de la Libertadores, entre América de Cali y Peñarol. El empate favorecía al David caleño. Extrañamente, el partido fue transmitido en “diferecto” por un canal chileno, con un desfase de media hora. Cuando comenzaba el alargue y ya sentía propio el empate-triunfo de los colombianos, un tío (familiar) que seguía el partido en directo por la redio anunciaba el triunfo Peñarol con gol en el último segundo de su goleador Diego Aguirre. Era demasiado obvio para ser verdad, así que nadie dio fe a la historia. 30 minutos después, llegaba el gol, la frustración, la garra charrúa y bla…
Para rematar, dos meses después mi querida U se iba a segunda división del fútbol chileno.
#5 Davor dijo,
4 Octubre 2006 8:03 pm
Me he quedado sin palabras.
Tan solo acierto a decir enhorabuena Dadan, me ha emocionado, un cuento precioso.
#6 Toni dijo,
4 Octubre 2006 8:34 pm
Enhorabuena Dadan… espectacular. Por un instante creí que era ese niño y me apenaba por lo que estaba sucediendo.
#7 Psicoanalista dijo,
4 Octubre 2006 9:25 pm
Soberbio.
Yo no recuerdo mi primer partido completamente… solo me veo en el sillón de mi casa, sin que los pies ni tan siquiera rozen el suelo, viendo como un hombre rubio con el pelo medio a lo afro conducia la pelota por el centro del campo..creo que fue en un Mundial… quizá el de EEUU… no sé, algún dia creo que lo recordaré.
Por cierto, creo que el jugador este era Valderrama, y tengo asociado ese pensamiento en algo a EEUU, no sé si porque era el rival, o el que organizaba algo.. ni idea.
Quiero un psicoanalista YA! (o alguien que me haga una regresión extraña de esas xDD)
#8 patricio dijo,
5 Octubre 2006 12:09 am
Aquí hay un comentario donde os ponen a caldo, de un tal chumini.
#9 Martín de Lucenay dijo,
5 Octubre 2006 4:51 am
Maravilloso artículo.
Me acabo de acordar del partido de España contra Yugoslavia del mundial de Italia 90, y ese golazo de falta de Stojkovic en la prórroga. Tenía 8 años, lo vi en casa de mi vecino -Eusebio- un señor de setenta y muchos años que era como mi abuelo. Recuerdo mis primeras lágrimas futboleras.
Y al igual que Dadan, y aun a día de hoy -con más de veinte palos a mis hombros- mi madre se sigue asombrando de mis cabreos, mis lloros, mis caras de felicidad, mis sábados resacosos de Premiership, Bundesliga, Championat… y siempre me dice lo mismo: “Estás completamente loco”.
Pues sí. Es cierto. Estoy como un cencerro y esa cosa tan grande llamada fútbol es una de pocas cosas en esta vida que consigue hacerme volver a casa de Eusebio, y también reir y llorar como un microbio de 8 años
#10 Álvaro dijo,
5 Octubre 2006 9:28 am
Hola a todos.
En primer lugar, felicitarte, Dadan, por el magnífico artículo. En segundo, comentar que al igual que Martín de Lucenay, mis primeros recuerdos “serios” de fútbol son de Italia’90. Recuerdo los 3 goles de Michel (sobre todo el de falta), recuerdo las carreras de Chendo detrás de Rubén Sosa (alias “El Príncipe”) en el Uruguay-España. Recuerdo perfectamente estar tirado en el suelo junto a mi hermano y mi primo, con mi padre, mi tio y sus amigos viendo el España-Yugoslavia. Recuerdo la profunda decepción que sentí al ser eliminados, recuerdo perfectamente la imagen de la repetición desde detrás de la portería (con su R amarilla bien grande en la esuiqna superior izquierda), el gesto de Michel por el que muchos le crucificaron (lo de girar la cabeza en la barrera), la impotencia de saber que el mundial se habia terminado para nosotros…
Irónicamente, también recuerdo que fue la primera “porra” que gané en mi vida: a los niños nos dejaron elegir resultado los últimos y, como estaba todo cogido, alguien me asignó el maldito 2-1.
#11 miguel dijo,
5 Octubre 2006 2:36 pm
¿Qué edad tienes? Lo digo porque si en el 85 llorabas por eso…
#12 juni dijo,
7 Octubre 2006 5:16 pm
La primera vez q lloré en un partido de fútbol fue en el mítico partido de copa del rey entre barcelona y atlético d emadrid. Ese partido en el que Pantic logró 4 goles pero q de nada le sirvieron.
De todas formas el primer recuerdo claro que tengo de un partido del atleti es el Ateltico de Madrid Barcelona. Aquella remontada épica ante el dream team de romario y cruyff es el primer partido q se m ha quedado completamente grabado en mi memoria.
Otros partidos q provocaron una sensación especial Fueron: Liverpool Milán…todavía m acuerdo de com boté cn los 3 goles en 15 minutos de aquella final. Para el recuerdo de todos quedará tb la del Manchester bayern de Munich, y para los aficionados atleticos seguro q los q siguieron al atleti x su andadura en segunda recordarán un 2-3 contra el compostela q supuso un punto de inflexión, ya que después de ir perdiendo 2-0 el atleti parecía q volvía a las andadas en segunda después de una primera vuelta desastrosa.
Tb el 9-0 a Austria con Raúl cuando era Raúl, el Valencia-Lazio….con Gerard en plan estelar…cosas del futbol q nos hace sentir y vibrar con partidos y remontadas épicas…Ah y ese Alavés…
#13 Un_culé dijo,
7 Octubre 2006 5:35 pm
La primera vez que lloré de alegría con un partido de fútbol fue en Ávila, cuando el Oviedo ganó 1-5 y dejó resuelta la eliminatoria y el ascenso a 2ªB. Se me ponían los pelos de punta viendo a 5000 personas animando sin parar y cómo caía un gol tras otro … apoteósico.
La segunda vez, con la final de París del año pasado. Cuando ví a Belletti echarse las manos a la cara para celebrar el segundo gol me derrumbé. Llevaba mucho tiempo esperándolo.
De tristeza lloré más veces jejeje, sobre todo cuando era pequeño (final de Atenas) y no tan pequeño (descenso del Oviedo a 2ª).
Partidos históricos que recuerde … el Barça 5-4 Atleti de Copa, el 5-0 al Madrid, la victoria del Oviedo 0-1 en el Camp Nou, el 9-0 de España a Austria, la final de la UEFA del Alavés o la manita del Oviedo al Bilbao en el Nuevo Tartiere. O noches de Champions del Barça …
#14 mohamed najib dijo,
8 Octubre 2006 7:30 pm
Que maravilla,un articulo de arte , un cuento de gran calidad.. Espero gue sigue al mismo ritmo hasta el final. Me gusta tanto que pienso traducir este texto al arabe ,pero eperare hasta al final pra hacerlo. Enhorabuena gran Dadan.
M.Njib.
#15 Carmelo dijo,
21 Octubre 2006 12:05 pm
Tú somos todos
Una muy bonita experiencia…
Yo, entre otras muchas cosas, he recordado mi enorme colección de cromos, lo que me convertía en el entrenador más importante del universo
#16 rodrigo dijo,
1 Marzo 2007 1:33 am
hola !!
soi rodrigo de lanus juego en argentinos ,,,,,,cuando jugaba en futbol infantil juge en adila en el club 12 de octubre ,….con el cual la cat.92 salimos 6tuple campeon ……
#17 rodrigo dijo,
1 Marzo 2007 1:35 am
la fuente no existis ……deja de pajarle a los pibes….
talleres “ “` ……no exitis
villegas HDP ….
CHAU
#18 tufi dijo,
2 Junio 2007 12:36 am
hola:
soy mariano de lanus,y juego en el club monte chingolo cat.94.tenemos gran equipo(bamos 6)a 6 puntos de progreso pu…bue.
lo que destaco,es que siempre sufrimos y el arbrito nos ca…bue.
chau.
lafuente deja de pagarle a los pibes
progreso anda a bañarte
#19 Grandes en la UEFA » Diarios de Futbol dijo,
5 Octubre 2007 11:47 pm
[...] europea. El Anderlecht tiene titulos europeos, y el Rapid ha jugado dos finales de la Recopa. Y en una de ellas fue incluso capaz de hacer llorar a nuestro querido Gerardo . Viendo algunas imagenes del partido, el ambiente no tenía nada que envidiar a la opulenta Liga [...]
#20 Futgol » Blog Archive » Grandes en la UEFA dijo,
15 Octubre 2007 9:01 am
[...] Quizás nunca hayan sido la élite del fútbol europeo, pero siempre han tenido ese aura de elegante clase media europea. El Anderlecht tiene titulos europeos, y el Rapid ha jugado dos finales de la Recopa. Y en una de ellas fue incluso capaz de hacer llorar a nuestro querido Gerardo . [...]
#21 Futgol » Blog Archive » Grandes en la UEFA dijo,
15 Octubre 2007 9:01 am
[...] Ayer entre la maraña de resultados de la UEFA hubo uno que me llamó la atención. Fue el Rapid de Viena contra el Anderlecht. Finalmente los belgas se clasificaron para la siguiente ronda, pero había algo extraño. Que estos dos equipos, que han sido grandes en Europa, se enfrentasen en una primera ronda de UEFA, me parecia casi cruel. Quizás nunca hayan sido la élite del fútbol europeo, pero siempre han tenido ese aura de elegante clase media europea. El Anderlecht tiene titulos europeos, y el Rapid ha jugado dos finales de la Recopa. Y en una de ellas fue incluso capaz de hacer llorar a nuestro querido Gerardo . [...]