Tres años consecutivos en Primera división, tras haber sobrevivido diez duros y penosos años en el infierno de la Segunda, dan como para poder empezar a hablar de cierta estabilidad. En Gijón han conseguido dar el paso, tras un año de novatos y un segundo con algo más de tranquilidad, la tercera temporada entre los grandes se pretende vivir ya desde la serenidad. Sin ir de novatos, sin pasar apuros.
El equipo apenas ha sufrido pérdidas notables con respecto al final de la pasada campaña. El bloque se mantiene, siempre al mando de Manolo Preciado, y además, para alegría de la parroquia de El Molinón, la plantilla se ha visto notablemente reforzada en posiciones clave. A la orilla del Piles han llegado futbolistas con cierto caché, como el uruguayo, ex del Villarreal, Sebastián Eguren, fundamental para dar solidez a un centro del campo quizá demasiado endeble, o el delantero gallego Nacho Novo, tras una fructífera etapa reventándose la cabeza contra las rocosas defensas de la Scottish Premier League. Son tal vez las dos incorporaciones más sonadas de los sportinguistas, que, como de costumbre, seguirán nutriendo al primer equipo con la siempre prolífica cantera de Mareo.




En el último lustro el Calcio siempre ha tenido un favorito, una escuadra sobre la que volver la mirada a inicio de temporada y contar que tenía que equivocarse mucho para no sonreír en mayo. En la liga del Calciopoli, la Juventus de Capello ostentaba ese rótulo, vigente campeón y poseedor de los mejores jugadores. Ibrahimovic, Del Piero, Trezeguet y Patrick Vieira, que huyó del norte de Londres para continuar siendo invencible en Turín. La Vecchia Signora, como se auguraba, se llevó ese Scudetto. El problema fue que no sólo era la favorita del público, sino también la de Luciano Moggi. Una preferencia que le costó el título y un descenso de categoría. En la siguiente campaña, con el Milan en descomposición gradual y la Juventus en la Serie B, el Inter recogió la vitola de candidato principal. Era el mismo Inter de los despropósitos, talonarios perplejos y dirección inane, pero había convertido al negriazul a Ibrahimovic y Vieira. Sin que el conjunto interista pisara el césped, todos los analistas coincidieron en su superioridad. Ganó, y lo hizo con -o pese a-, Roberto Mancini en el banquillo.
La desilusión de la Supercopa y el fracaso europeo en manos de un sorprendente Sporting de Braga se han sosegado tras el exitoso estreno liguero en Levante. La eliminación en la previa de Champions League fue un varapalo enorme, que dejó muy tocada la credibilidad de Antonio Álvarez y que institucionalmente ha perjudicado el plan económico de la entidad para la presente temporada. Aunque salvo sorpresa de última hora, el Sevilla ha logrado mantener al grueso de sus jugadores importantes en plantilla. La marcha de Luis Fabiano volvió a parecer este verano más cerca de lo que estuvo,
Parece que han pasado diez años desde que el Racing de Santander consiguiera
Cada semana y de la mano de 


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